Cambiar

Abandonar lo que hasta ese momento es el hogar, tu casa, tu refugio, el lugar de siempre, donde uno llega cansado o derrotado y descansa, se relaja y desordena cuanto quiere, peca contra las apariencias y sí mismo sin remordimiento ni escrúpulo y quizás donde la pereza o la desidia acaban finalmente gobernando. Dejar de recorrer itinerarios que de tan familiares los consideras propios y casi puedes hacerlos con los ojos cerrados, las mismas calles, esquinas, cruces y aceras; los mismos edificios, sus ventanas, los establecimientos públicos ante los que ya no te detendrás, ni pasarás, tampoco a tomarte un café o una cerveza mientras charlas con la clientela de siempre. Y ya no verás a las mismas personas, a las que saludas sin que en muchos casos sepas nada de ellas, ni te importe, en las que tal vez confías tan solo por la frecuencia con la que os cruzáis, aunque solo sea por eso.

El espacio donde convives diariamente con quienes en principio estas unido de múltiples formas, por lazos familiares, de compromiso, amistad o por simple imposición de otro, u otros, que también consideran aquel lugar su casa y por lo tanto entienden que tienen derechos adquiridos sobre ese ámbito común.

Para llegar y ocupar a otro lugar que en principio desconoces, por otros caminos, calles, pasos de peatones y edificios distintos, otros establecimientos que los primeros días atraerán tu curiosidad, tan diferentes y a la vez tan iguales a los que acabas de dejar. También entre otra gente de la que desconoces todo, como muchos de los que abandonaste en tu antiguo hogar y sobre los que dejaste de preguntarte hace tiempo, y sin embargo ahora te preguntarás por estos desconocidos, con curiosidad incluso, su apariencia, su prisa o los vehículos que ocupan. Deteniéndote en su aspecto y mirada para la siguiente ocasión en la que te cruces con ellos, y entonces sí los reconozcas; y quién sabe qué pensamientos o premoniciones se te ocurrirán, de quién desconfiarás tan solo por esa primera impresión y en quienes ni te fijarás porque son de los que pululan por todos sitios, idénticos en su anodina presencia, se repiten da igual el lugar hacia dónde dirijas pasos y ojos.

Un lugar en principio extraño y que en el mejor de los casos quizás sabías de él, habías visitado en alguna ocasión o incluso sueles visitar con relativa frecuencia, lo que te permite, a poco que intentes forzar memoria e imaginación, visualizarlo mentalmente para saber de qué dispones, sus dimensiones y cómo has de hacerlo para habilitar entre esas paredes tu estancia, hacerlo acogedor, tu nuevo refugio, algo que en principio se antoja difícil por lo que tiene de inconveniente todo cambio, más si eres alguien tendente a lo estático y poco dado a las alteraciones espaciales y/o temporales, de estrictas rutinas, con lo que tienen de malo y de bueno, de malo por los inconvenientes y problemas que supone su pérdida y la desorientación que procuran, y de bueno porque cuando consigas organizarte con las nuevas volverás a sentirte seguro y a gusto. Pero eso será luego, cuando lo consigas, así que mejor no pensar de momento en las tareas pendientes, sino que se trata de ir poco a poco enfrentándote a ellas.

Puede que hayas de rehacer tu vida como si de una nueva vida se tratara, adaptarte y reencontrarte, sortear dudas y eliminar temores, habituarte y comenzar a sentirte “en casa” otra vez, la tuya, o al menos así lo pretendes intentando que el tiempo que tienes por delante te sea lo menos lesivo posible.

Como también es probable que para ti los lugares no tengan importancia, tampoco tu casa, un espacio que obligatoriamente ocupar porque es lo que suele, no vas a vivir en la calle o debajo de un puente; difícil si no tienes ninguno a mano. Quizás eres capaz de estar y habitar cualquier sitio porque el lugar en sí no importa, no necesitas de sillones, rincones u objetos que hacer tuyos en el sentido más íntimo de la expresión, donde refugiarte cuando vengan mal dadas, descansar o los problemas te pidan ponerte a resguardo y reflexionar; también ocultarte hasta que no tengas más remedio que volver a enfrentarte a lo que dejaste a medias o abandonaste y a tu regreso compruebes que no ha desaparecido, sigue ahí, ¿qué haces entonces?

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