Noche

Hay lugares públicos en los que el acceso está restringido por cuestiones de dirección o por dedicarse a ciertas actividades no a todos permitidas, o no por todos igual de apreciadas; en cambio, hay otros lugares a los que el visitante no volverá a acceder porque la última vez que lo hizo notó algo extraño en el ambiente, circunstancia que no pudo saber con certeza, fue una sensación que le hizo ver que era él quien estaba de más allí, por lo que, tal y como entró, sin darse importancia ni maldecir a nadie en particular, decidió que no habría de volver; no existía imposibilidad física, impedimento o prohibición, sino que tal vez su cabeza o sus años le delataban e incomodaban tanto como las manchas de humedad en las paredes. Sin embargo, hay otras personas que no sienten ningún pudor cuando, por gusto o capricho, deciden que precisamente aquel, o lo que es lo mismo, cualquiera, es un buen lugar para pasar un rato o, si viene al caso, horas que parecerán a los demás interminables. Entonces puede decirse que ocupan todo el local, no sólo la parte del mismo que aguanta sus posaderas, sino hasta el aire que de pronto comienza a herir los oídos de los muchos más que están allí. Suelen hablar en voz alta o muy alta y reírse por cualquier cosa, sobre todo de lo que ellos mismos dicen, y no descansan hasta que el reloj o el cansancio les tiran de la manga haciéndoles ver que desgraciadamente ha llegado la hora; arman tal revuelo con su simple estar que no pasa mucho tiempo para que comiencen a volverse cabezas ajenas, primero con cierta prudencia o disimulo, luego más descaradamente, cosa que no afecta a, en este caso, la risueña señora de pronunciadas curvas inversas que, ya puestos, cuenta como aderezo, entre otros, con un circunspecto compañero capaz de poner una nota de color con la que salpicar tanta y extrovertida alegría, sobre todo cuando, con cara de palo y remarcando las palabras hasta la pedantería y sin dejar de mirar fijamente a los ojos del camarero le espeta, tal que le estuviera leyendo su sentencia de muerte: quiero un Brugal con Coca Cola y tres cubitos, no dos ni cuatro, tres, con una rajita de limón y una rajita de naranja; a lo que el camarero, en posesión de una buena dosis de paciencia y profesionalidad, asiente sin inmutarse alejándose a continuación de la mesa con su parecer bien escondido. Curiosa situación que inevitablemente no ha pasado desapercibida provocando unos obligados puntos suspensivos en algunas de las mesas que rodean al grupo, la totalidad, que ya observan sin pudor peña tan particular, especialmente en la mesa más próxima, donde una acaramelada pareja detiene su íntimo ronroneo para mirar al curioso peticionario, no sé con qué intención, que ahora, tan campante, cambia la jeta y se pone a reírle las gracias a su estridente y, repito, pasada en curvas compañera. Breve interrupción que no impide a la amorosa pareja la vuelta a su melosa práctica, un continuo engarce de miradas, besos y arrumacos que acaban derivando hacia el género melódico cuando ella, sin dejar de mirar fijamente a “su machote”, comienza a cantarle tiernas melodías que el otro aguanta sin parpadear ni intimidarse, manteniendo firme una mirada de puro amor hacia su amada y sin dejar de ajustarse la gorra negra que adorna su pelado cráneo; mientras, ella va enlazando una música tras otra y vocalizando una cadena de besos que impactan certeros contra su embelesado apolo a pesar de un infernal ruido de fondo en el que vuelven a sobresalir las nuevas risas de la señora de las curvas, que sigue a lo suyo, entreteniendo voluntaria e involuntariamente a una concurrencia multidisciplinar que aguanta estoica hasta que se vayan o directamente los echen. Pero la mimosa pareja decide irse primero; nosotros detrás.

 

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Tópicos

Todo lo que viene sucediendo últimamente en los aledaños de la política sin ser todavía política y las innumerables opiniones que está provocando, como suele, más en contra que a favor, más en contra por lo que significa oponerse por principio -que no juzgar, cuestionar o enfrentarse con razones- entre quienes supuestamente ven amenazado su puesto y privilegios porque los nuevos vientos parecen traer bajo del brazo un asomo de cambio de una política y una economía que simplemente parece que funcionaban porque ya estaban aquí, es completamente revitalizador. Este trajín, decía, viene siendo durante estos meses lo que comúnmente llamamos nuestro día a día, algo semejante a una gran sala de espera que muchos vienen sufriendo con recelo, o temor. Mientras, aguardamos unas órdenes, leyes y plazos estipulados -entre ellos las elecciones- mediante los cuales el propio sistema se autoreproduce, lo que no quiere decir regenerarse, esto último no sucede porque muchos están convencidos de las dificultades o imposibilidad de vencer la cansina inercia del desgobierno actual, se sienten cansados e impotentes, o viejos, o más temerosos que el resto, vencidos por principio, sin, a día de hoy, ni siquiera un hueco para la esperanza. Porque eso es lo que traen los nuevos vientos, una simple esperanza -todavía sin planes u objetivos definidos-, una esperanza en la que parece caber de todo y que, sin embargo, es sentida por gobernantes y fieles como una auténtica amenaza con demasiados rostros, conocidos o hasta ahora desconocidos, provocando un más que evidente nerviosismo e incertidumbre general que, ya sólo por eso, son más que beneficiosos. Porque, aunque no lo creamos, las cosas son muy fáciles, si estamos viviendo un presente que no nos gusta o no creemos nuestro ¿qué mejor que preguntarnos por él? y ¿si uno no es feliz en él porque no le acaba de gustar qué mejor solución que intentar cambiarlo?

Este revuelo entre los sirvientes, parásitos y mantenidos del poder ante unas preguntas tan básicas y elementales es importante. Para muchos no deja de ser una sorpresa que la simple tentativa de cuestionar lo que hasta ahora se había dado por hecho arme tanto alboroto, tantas reticencias y risas flojas entre unos politicastros habituados a nuestra dócil obediencia, tipos que decían gobernar sin preguntas ni aspiraciones comunes, una continua y fatídica rutina que ellos solían llamar actualidad o presente, sin principio ni fin, bastante alejada, por ejemplo, de esos movimientos, cambios y revoluciones que pueblan la historia, esa asignatura que alguna vez estudiamos de pequeños y algunos todavía estudian y que suele hablar de épocas pasadas pobladas de personas muertas a las que es imposible preguntar y que cargan con el inconveniente de otros tiempos que, desde aquí, parece que nunca hubieran sido presente; es como si en los libros de historia se hablara de marcianos, de pueblos, guerras y revoluciones como metáforas inventadas por eruditos o manipuladores para mantenernos entretenidos o quietos a la vez que ajenos o indiferentes a nuestro propio presente, porque, curiosamente, nosotros somos incapaces de vernos como sujetos de la historia, nos resulta hasta extraño, constreñidos en nuestras pequeñas vidas individuales y enfrentados a un sin fin de carencias y dudas que nos ocultan la realidad común, aunque realidad y presente sea lo que pasa ante nuestras narices, nos califica y, sin embargo, nos estamos negando a vivir, y en estas se nos pasa el tiempo, en creer qué sin saber cómo.

Sueños y esperanzas, denuncias, realidades y presentes posibles quedan abandonados o pendientes en un limbo del que no nos atrevemos a sacarlos porque el mismo temor al cambio nos paraliza, la posibilidad de que mañana amanezca diferente es todo un incordio cuando nos hemos habituado y obligatoriamente necesitamos que mañana sea igual a hoy con tal de irnos a la cama tranquilos; y esa tranquilidad que creemos necesitar para dormir es la que desgraciadamente nos está matando cada día un poco más.

Así pues, obedientes, rezaremos para que todo permanezca tal y como hasta ahora, nos convenceremos de que, después de todo, lo poco que tenemos no está tan mal, nos consolaremos mientras llegan las elecciones y entonces, ese día, dudaremos y tal vez nos retractemos antes que ser sinceros con nosotros mismos y atrevernos de una vez por todas con nuestro presente. Tratar de no enfrentarse al presente es otra forma más de hacer presente, pero en este caso por abandono, es un vivir fingiendo que no se está del que nos gusta culpar a otros, por impotencia, miedo o indiferencia. Mañana, los libros de historia o las páginas web que muestren cómo eran los hombres a principios del siglo XXI puede que no digan nada honroso de nosotros, pero ¿a quién le importa eso hoy? mañana no estaremos aquí para responder. O tal vez seremos vistos como valientes porque fuimos capaces de cuestionar e intentar dar la vuelta a nuestro propio presente, protagonistas de él, con todo el derecho del  mundo puesto que era, es, el nuestro…

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Cloacas

Llama la atención que a un señor, independientemente de su dedicación, afinidades políticas y/o mayor o menor aparición en los permanentemente manipulados medios de comunicación nacionales, le puedan ser aireadas sin ningún pudor sus posesiones económicas -hasta el último euro- sin que ningún ciudadano decente reclame contra semejante atropello de los derechos individuales, será que ya no quedan de aquellos. Que hoy todo el mundo tenga a mano los dineros del señor Monedero, gracias al consentimiento y la corrupción imperante en los ministerios correspondientes -como si no supiéramos de ella-, y a tanto y codicioso estómago agradecido vendido a las cloacas de un poder que no tiene reparo en saltarse a la torera todas las normas con tal de desnudar a sus hipotéticos enemigos, es más que suficiente para formalizar una denuncia en toda regla y pedir la dimisión de los directamente responsables; y si el señor Monedero no lo ha hecho supongo que es porque no merece la pena hacerse la víctima y objeto de tanta calumnia o, en cambio y como suele sentenciar la simple sabiduría popular -esa pseudociencia de catetos perezosos que juzgan con los pies y critican con el estómago-, es que algo raro hay.

No me importan ni el dinero ni las formas de conseguirlo del señor Monedero, e imagino que ya supondría él de antemano con quién se jugaba los cuartos cuando inició el asalto al poder que significa Podemos, lo que no acepto es que el país se haya acostumbrado a tanta mierda sin escandalizarse, que se grite, acuse y discuta sobre cuestiones menores o secundarias y se cierre la no discusión con un perentorio y vergonzante más de lo mismo. Si todavía no hemos entendido de qué va esto mejor lo dejamos y volvemos a la puerta de la iglesia a besarle la mano al cura y al corral a cuidar las gallinas, ya llegará de fuera la caridad de quién nos necesite como consumidores. Tal y como está el patio, tirarnos piedras unos a otros por cuestiones de calderilla ajena no es muy instructivo, necesitamos otros políticos que sepan hacer política, no estos mamarrachos capaces de vender a su propia madre por un sillón.

 

Publicado en Política | Deja un comentario

Otro invierno

Como es Enero estamos en invierno, y como es invierno hace frío, y si el invierno es invierno, invierno, hace un frío de mil demonios, y viento, y lluvia, y hiela y nieva, como en cualquier invierno que se precie. Hasta ahí todo parece fácil de entender, como también lo es que los excesos meteorológicos hagan más difícil el día a día del país y en ocasiones incluso lo interrumpan de manera drástica, o sencillamente lo detengan sin fecha.

También sabemos, o suponemos, o al menos lo imaginamos,  que hoy mucha gente de lo más normal suele ir armada con dispositivos electrónicos muy sofisticados que, comparados con los que existían, por ejemplo, hace tan solo diez o quince años, son un portento en cuanto a tecnología y comunicabilidad, y  esos dispositivos hiperconectados ofrecen o pueden ofrecer todo tipo de información al instante, lo que significa que sus felices poseedores pueden presumir de saber de lo que quieran cuando quieran.

Estamos en invierno y nos aterroriza una ola de frío amenazando con poner al país patas arriba, pues bien, todavía hay personas que, gustosamente o no, es imposible apreciarlo, se avienen con unas palabras a los requerimientos de unos medios de comunicación que dedican minutos y minutos a entretenernos, que no a informar, con lo que todos sabemos y sufrimos, que hace mucho frío, emitiendo sin descanso una y mil opiniones iguales, la mayoría banales, sobre lo que significa y cómo afecta el frío a cada cual. Y exceptuando los que asumen el invierno como lo que es o debería ser, una estación imprevisible que puede rompernos por donde menos lo esperamos, suelen repetirse esos ciudadanos cabreadísimos que sistemáticamente se quejan, enfadan, protestan, deploran o insultan a quienes, según su santa palabra, deberían estar más atentos y preocupados porque ellos sigan haciendo su vida normal, cuando y como quieran y a pesar del invierno. Los mismos que exigen con altanería y soberbia medidas de protección y seguridad más que inmediatas, personales, medios infinitos que los traten y cuiden como a niños, a capricho; unos servicios de protección civil de choque instantáneos y cariñosos, dispensadores de sal en todas las carreteras como grifos de agua corriente, un quitanieves por persona, máquinas expendedoras de sacos de arena en cada esquina por si toca inundación, helicópteros de salvamento en cada rotonda o, ya puestos, fuerzas de intervención inmediata de la ONU, a saber; sobre todo para que ellos, bien cómodos en el interior de sus seguros vehículos, no tengan que despeinarse. Pero todavía no he oído a nadie decirle a tanto ciudadano espabilado, por ejemplo, por qué no utilizó la televisión, la radio o su teléfono móvil de última generación para informarse de si la carretera, la estación, la zona o el camino de cabras por el que le apetecía circular o al que tenía intención de acceder podía ser utilizado con total normalidad; estamos en invierno.

Deberíamos ser más respetuosos con unos servicios públicos devaluados y desprestigiados que una, no sé decir si mayoría o minoría, sistemáticamente denuesta porque no están ahí para auxiliarles o atenderles a la carta, unos servicios públicos que disponen cada vez de menos dinero y recursos y que a nadie le apetece potenciar porque nadie se acuerda de ellos cuando no interesan o no hacen falta; estaría bien que nos acordáramos de ellos a la hora de pagar impuestos, no únicamente cuando llega el invierno y se comporta como invierno haciendo que nuestras egoístas vidas deban reducir el ritmo y la velocidad.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

31 de Enero

El viernes había llovido, por la mañana, por la tarde y por la noche, un día desapacible de invierno que no invitaba a soñar con que la meteorología colaborara al día siguiente. Pero la mañana del sábado, aunque ventosa, amanecía limpia, dominada por un viento que, para algún que otro romántico, soplaba con fuerza para llevarse muy lejos tanta basura, tan lejos que no le fuera posible volver. De camino a Sol un par de músicos callejeros, enfrentados al frío y contra más viento que marea, adornaban la espera con una particular versión de La vie in rose que no animaba al personal a detenerse y escuchar pero, en cambio, se ofrecía como un buen presagio de lo que podía venir. Ya media hora antes, por las calles adyacentes a Sol, la gente se movía hacia el centro no precisamente de compras, y una vez en la plaza se arremolinaba en grupos o decidía descansar frente a un escenario vacío que, en un extremo de la misma, aguardaba, música en ristre, a algunos de los protagonistas de este último día de Enero. Decidimos hacer el trayecto a la inversa, es decir, en dirección a Cibeles, y a medida que abandonábamos la plaza por Alcalá la gente no cesaba de acudir charlando y mirando en derredor, probablemente intentando calcular un número que no parecía importante; un vistazo hacia atrás no dejaba muchas esperanzas en cuanto a espacio para los que venían de frente con intención de finalizar su recorrido precisamente allí. Caminando un poco más llegamos a la pequeña pendiente que media la calle, casi en Sevilla, hasta que pudimos ver a lo lejos la plaza de Cibeles, ni un centímetro de asfalto libre, sólo una ininterrumpida multitud cabezas de todas las edades que se prolongaba hasta donde alcanzaba la vista, igual que a nuestra espalda, muchísima gente moviéndose con exasperante lentitud; algunas pancartas a lo lejos servían de referencia, tal vez del principio de la marcha o de algún grupo especialmente importante, ya habían pasado las doce del mediodía y aquello no parecía avanzar, por algunos tramos era casi imposible moverse.

Como suele ser normal en este tipo de manifestaciones cada cual las aprovecha para salir a la calle a hablar de lo suyo, dando al conjunto una variedad para todos los gustos; se veían grupos procedentes de todos los puntos del país cantando y gritando consignas locales, agrupaciones y colectivos con su particular problema a cuestas, familias al completo, los habituales y desorientados portadores de banderas republicanas, preferentistas de Bankia o decimonónicos nacionalistas catalanes con bandera incluida. Repito que no deja de ser curioso que cada cual interprete la situación a su antojo, haciendo de ella la posible solución a su problema particular, lo que me deja algunas dudas a la hora de creer o imaginar qué es lo que se entiende con este tipo de manifestaciones, la de hoy sábado en particular, es decir, la urgente necesidad de exigir una autentica regeneración política que este país tanto necesita, por encima y más allá de particularismos y asuntos más o menos personales.

A medida que nos alejábamos los huecos eran mayores, pero la calle mostraba ese tono festivo que permite e invita a caminar por el centro de una calzada sin coches rodeados de gente siempre sonriente. Armonía que desaparecía de inmediato cuando, a la altura de Neptuno, uno alzaba la vista hacia un abandonado y más gris que nunca edificio del congreso, ese lugar que supuestamente ocupan nuestros representantes, y únicamente veía una calle vacía y enjaulada, un desierto rodeado de policías. Qué magnífico ejemplo para mostrar lo que significa democracia en este país. En cualquier caso los números de esta mañana no son lo más importante, eso lo sabíamos todos, lo importante era y es, todavía, la posibilidad de poder salir y verse las caras, detenerse a hablar con cualquiera y sentir que los problemas son comunes, que aún hay esperanza, más que temor, y te dices… ojalá esto no se olvide a la hora de votar.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Niños de cine

Entreteniendo el tiempo con un nuevo visionado de la película de S. Spielberg Super 8, me vuelvo a quedar parado y dudando sobre algunas cuestiones que llevan bastante tiempo llamándome la atención, y son las sobrecargadas, inextricables y de algún modo inexplicables, amén de superdesordenadas, habitaciones de los niños Spielberg, además de las particulares, estridentes y algo simples familias que aparecen en sus películas, tal y como me ha vuelto a suceder con la que ha motivado estas letras. Ignoro si la intención del director, ya desde los tiempos de E. T., fuera en principio llevar a la pantalla un retazo de su infancia -la desconozco- o, por otra parte, intentara con sus abigarrados y recargados espacios infantiles ofrecer una metáfora en carne y hueso de lo que, según su parecer, debería ser una infancia vivida y disfrutada a capricho y alejada de cualquier impedimento material o económico; porque cuesta creer que con ello intentara influenciar o vender, de la mano del éxito comercial, la generalización de un excitante desenfreno consumista infantil vía masiva invasión de todo tipo de objetos. Estas cuestiones, como otras muchas, son el pesado poso que la cultura norteamericana ha ido diseminando por todo el mundo, haciendo que infinidad de chavales vean en ellas el único sueño de sus propias vidas; cuestiones nada baladíes que hoy se siguen fomentando, publicitando y vendiendo como sinónimo de una infancia feliz y, cómo no, gustando y atrayendo a niños que, sintiéndose con derecho a desarrollar en toda su plenitud su libertad -faceta de la vida que ellos todavía no entienden y suelen confundir con egoísmo-, exigen según una asediada y adoctrinada imaginación que da por hecho disponer y hacer lo que les venga en gana, al margen de pasar olímpicamente de los adultos, torearlos a su antojo y estar alerta contra cualquier aviso, consejo, regañina o reconvención dirigida hacia ellos -contraria a sus intereses por sistema-; hipotético germen de una futura frustración en su inmaculado futuro de adultos.

El cine siempre ha ido un poco más allá mostrando y a la larga imponiendo formas y actitudes que, al margen de diferencias culturales -hoy en día cada vez menores-, son rápidamente aprehendidas por los directamente interesados e incorporadas como exigencias que a partir de entonces pasarán a ser consideradas como situaciones normales en unas vidas normales. Niños que deben disponer de todo lo posible e imposible, de ello ya se encarga una abusiva, agresiva y asfixiante publicidad que dificulta o impide que los más pequeños asuman como suyas las peculiaridades de su entorno, fundamentales para su futuro devenir, y prefieran reclamar directa e inmediatamente lo que ven en cualquier pantalla.

No me resulta fácil aceptar que existan en el mundo real padres tan permisivos, diligentes y atareados moviéndose con total normalidad en una mansión, a la que cuesta llamar casa u dulce hogar, repleta de cachivaches -algunos útiles o necesarios- e invadida por unos niños autistas y cuasi salvajes dedicados a perpetrar las cosas y situaciones más inverosímiles sin ningún sentido de la moderación -sentido que parece ejemplificar una terrible amenaza castradora hacia unas supuestas y puras imaginación y creatividad infantil, presuntamente incorporadas “de fábrica” por defecto, tan desgraciadamente mal vendidas y peor entendidas.

Prefiero no hablar de los ingresos necesarios para mantener y renovar semejante nivel de consumo infantil por estos pagos, las tiendas se quedan aún hoy pequeñas… antes, o durante los años en los que se desarrolla la película, ni les cuento.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Deporte

En estos días se está celebrando el Campeonato del Mundo de Balonmano en Qatar, un pequeño país árabe de apenas dos millones de habitantes -de los cuales aproximadamente el 85% son trabajadores extranjeros-, productor de petróleo y gas natural y extremadamente rico. Qatar, como país anfitrión, dispone de su correspondiente selección en el torneo y, por lo ocurrido hasta ahora, parece que habrá que contar con ella con vistas el resultado final. Curiosamente, la selección catarí está dirigida por un equipo técnico extranjero -más concretamente, español- y la mitad o más de los jugadores que forman el equipo proviene de otros países, nacionalizados específicamente para la ocasión; además, también han importado -a gastos pagados mientras dure el torneo- su propio público, que viste, grita y actúa como local a la hora de animar y apoyar a sus chicos, lo que parece algo más que un decir. Todo ello en un o unos modernísimos pabellones que generalmente lucen casi vacíos. ¿Por qué? ¿Para qué montar semejante pantomima? ¿Dónde están las rivalidades históricas, las banderas, las virtudes patrias, los enfrentamientos a cara de perro y toda esa parafernalia que tanto gusta pregonar a la prensa más cutre y casposa buscando enardecer a masas que, de pronto, han dejado de existir? ¿En qué han quedado las tan históricas y trascendentales guerras modernas organizadas alrededor del deporte? Negocios. Si les preguntaran a jugadores o técnicos del equipo anfitrión probablemente les contestarían que a ellos lo que realmente les gusta es el balonmano, el deporte, por eso precisamente están allí. ¿O es el dinero que reciben por defender una bandera que no deja de ser de conveniencia? Es lo que venían haciendo en las guerras de verdad los mercenarios de toda la vida, venderse al mejor postor.

En realidad, la cuestión no deja de ser anecdótica, pero es bueno que suceda, es el futuro, un mero espectáculo basado en la misma ambición y la misma codicia de siempre, o, si prefieren seguir sintiéndose románticos, imaginen que se trata de amor al deporte. ¡Ah! el deporte, pero ¿qué es el deporte? ¿hay que hablar de deporte o de competir? Demasiadas preguntas; no obstante, ya va siendo hora de que a las cosas se las llame por su nombre.

Los que se mueven alrededor del negocio callan o sonríen irónicamente cambiando de tema. Se trataba simplemente de una cuestión de dinero.

 

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Ilusiones

No es empeño en ser agorero o buscar lo peor de lo que sucede ante mis narices -eso no tiene ningún mérito porque es lo más fácil-, tal vez se trate de tendencias o actos reflejos, o un único empeño en no pasar por alto ni olvidar errores de bulto o malas y repetidas reincidencias que desgraciadamente acaban envenenando los días; un inconsciente ojo avizor ante las circunstancias y situaciones menos optimistas o claramente desafortunadas que al final acaba juzgando desfavorablemente una realidad que siempre suele dejar como última nota un poso agridulce. Creo que los momentos realmente felices son demasiado breves, a pesar de nuestro insaciable deseo por llevarlos más allá, se sienten como pequeñas e intensas punzadas que se evaporan justo después de haberlas disfrutado, si hemos sido capaces de hacerlo en su momento, aunque luego sigamos empeñados en prolongarlos más allá de lo que su propia naturaleza les permite. La felicidad como estado es otra cosa. Viene todo esto a que días atrás, paseando por Madrid como mejor puede hacerse, es decir, dejándose llevar sin prisas por calles, rincones y esquinas, me encontré con un sinfín de pequeños negocios de todo tipo y unos ilusionados propietarios de distintas procedencias, igual de esperanzados y que tras las primeras palabras se ofrecían a contarte, algunos con todo lujo de detalles, su llegada al gremio del comercio, cuándo y cómo se forjó aquella decisión, en algunos casos casi a la desesperada, sus deseos y expectativas de cara al futuro y su solicitud a la hora de poner a tu disposición su tiempo y posibilidades -también los había exquisita e inexplicablemente bordes-, preguntando y brindándote lo que estuviera en su mano por hacerte y hacerse con un cliente más merecedor de toda su atención. Es estos casos es mejor no hablar de posibles derivas o futuros, porque esa bonita y decidida voluntad, ese empeño en buscarse la vida mediante lo que cada cual considera que domina o conoce, o puede llegar a hacerlo si se empeña, en un intento por sacar el cuello a pesar de un duro presente que no regala nada, merece todo nuestro respeto. Y es emocionante alegrarse y sentirse bien por ello y ellos porque, a pesar de estos tiempos más bien negros, seguimos contando unos con otros; los demás pueden ser una solución o una alternativa válida, aunque ello implique aprender y desarrollar el arte y encantamientos del buen profesional a la hora de convencer al posible cliente, al margen del evidente interés por sí mismos. Pero ese ofrecerse para lo que vaya viniendo es una buena manera de obligarse a sonreír de partida, y creo que merece nuestra más sincera aceptación. Es su futuro y ¿por qué no va a sonreírles?

Publicado en Sociedad | Deja un comentario

Turing

Probablemente no haya mucho que la gente pueda decir sobre Alan Turing y huela a moda hacerlo ahora para quienes ya lo conocen por los caminos que fueron su especialidad. Y que el cine haya hecho un hueco para su historia porque toca puede resultar indiferente u ofensivo para la gente próxima a las matemáticas y teorías de la computación, tal vez recelosos de lo pasajero y de que profanos, en función de un interés oportunista por el personaje, vengan a contarles sus descubrimientos obtenidos a partir de una película basada en un texto escrito anterior, también de reciente publicación. Lo que está meridianamente claro es que ni el libro ni The Imitation Game resolverán nada ni harán justicia con su protagonista; como de costumbre es tarde, siempre es tarde cuando toca rectificar errores pasados, sobre todo para los que mueven los hilos del poder, y las excusas a destiempo no van a redimir a quién sufrió una vida de incomprensión y menosprecio por parte de quienes se decían normales, tan hipócritas que no tuvieron reparo en utilizar para sus intereses a quién de otro modo habrían escondido en el último rincón, incapaces de sentarse y escuchar a quien sólo pedía paciencia y tiempo para pensar, entender y ser entendido. Como más o menos viene a decir el protagonista de la película, si es muy difícil o casi imposible que quien habla diga exactamente lo que piensa, ¿qué significa pedirle a un ordenador que sea tan humano como una persona? Pero si usted no sabe nada de quién fue y qué significó el señor Turing y se acerca al cine para disfrutar de una película que, sin grandes despliegues cinematográficos ni efectos especiales, muestra de una forma serena y respetuosa parte del cómo y del porqué de este mundo en el que vive, sin duda ha merecido la pena el paseo. Sobria como la apariencia de su protagonista, tenaz, tensa, bien montada y curiosamente lineal como todo lo que aparentemente tiene que ver con la razón; fácil y difícil de entender, nada proclive a los golpes de efecto ni de última hora, ni por supuesto a los héroes o las grandes hazañas al uso, aunque en el fondo la vida y la historia contadas sean unas auténticas hazañas. Excelentemente interpretada por un buen reparto que consigue dar una sólida consistencia al resultado final, al fin y al cabo habla de marginados siempre necesarios, incluso puede que sea arrinconada, como sus protagonistas, o incomprendida, o quizás pueda moverse próxima a la mueca de desencanto; dramáticamente muy bien llevada, cautivadora por momentos, dolorosa incluso -siempre es tarde-, o cruel -no podía ser de otro modo. Y un protagonista que con brillante temple es capaz de  mostrar en la pantalla lo que significa la violenta concreción de una vida constreñida por un carácter y una situación que obligan a luchar no solo contra un mundo que le observa y juzga con violento recelo -siempre la violencia como medio-, sino contra sí mismo a la hora de intentar hacerse ver ante el resto sin dejar de ser uno mismo. Un protagonista que, como buen y solitario visionario, ha de enfrentar su fe en sus posibilidades a la exigente premura de una realidad que tiende a desconfiar por norma y requiere soluciones aquí y ahora -cuando nadie a la vista es capaz de obtenerlas. Cada situación merece su tiempo y el tiempo, su concepción, su tempo, no es igual para todos. El conjunto luce una sobria dirección de tonos casi sepias que traen y llevan sin dificultad al espectador de la mano de una ambientación austera pero efectiva. En definitiva, una muy buena e importante historia no tan extraña pero sí y al parecer demasiado tiempo escondida que, misteriosamente y por cuestiones de política que siempre nos costará entender, ha estado guardada demasiado tiempo para perjuicio de sus protagonistas y sorprendente descubrimiento nuestro.

Queda la inevitable pregunta, ¿por qué quienes menos lo merecen han de sufrir la venganza de nuestra perezosa incomprensión, nuestra exigente y violenta normalidad, nuestra mundanidad basada en recurrencias previsibles e incapaz de detenerse, observar y escuchar a quien, sin ser diferente, sino otro más, que afortunadamente piensa distinto, intenta decirnos que él también quiere estar en el mundo, que le gusta vivir, que ama la vida, que pide bien poco para ser feliz y no entiende nuestro empeño en negárselo por cuestiones estúpidas basadas en temores, recelos y diferencias que a la larga nos impiden entendernos a nosotros mismos? Al fin y al cabo ellos son como nosotros y sólo piden un hueco para darnos su genialidad, y para ello necesitamos paciencia, nada más, en cuanto fuéramos capaces de escuchar probablemente sabríamos mucho más del cielo.

Publicado en Cine | Deja un comentario

Polvorones

En este país la señora Rosalía Iglesias -la parienta del entrullado por “presunto” ladrón Luis Bárcenas- se permite ladrarles en su propia cara a los empleados que vigilan a su santo: “A los funcionarios quiero verlos colgados del cuello”; y esto después de incordiar vía supuestos derechos de clase adquiridos, vociferar en plan chulesco eso -tan de fachas- de que no sabían con quién estaban hablando e intentar saltarse a la torera las normas establecidas para tocarle el culo, como Dios manda, a su ilustrísimo. El mismo tipo al que el señor Rajoy daba todo su apoyo -vía e-mail- en estos tiempos tan duros.

La honorable señora Pujol miraba la dentadura, tal y como se hace con las caballerías, a cualquier bicho viviente a su servicio -léase apellidos y genealogía que demostraran sus raíces cien por cien catalanas-, y si el incauto de turno no podía exhibir una ejemplar limpieza de sangre y aparecía culpablemente manchado por algún ancestro degenerado proveniente de otra tierra que no fueran la catalana, era puesto inmediatamente de patitas en la calle. Hubiera tenido un serio conflicto consigo misma si se hubiera mirado la suya.

Un tal Ibarretxe, antiguo presidente de cortijo autonómico, presumía hace unas semanas en prensa de la diligencia, laboriosidad y honradez de los vascos en comparación con el resto de los españoles; pero lo que callaba este paniaguado y astuto señor es que sus impolutos vascos disponen para sus propios servicios públicos del doble de dinero que los desastrosos y perezosos españoles -y contribuyen muchísimo menos que el resto- gracias a unos suculentos y cicateros acuerdos económicos obtenidos a punta de pistola del gobierno de Madrid -para eso servía ETA durante el tiempo que tuvo amenazado al país reivindicando unas falsas exigencias decimonónicas por las que se dedicó a asesinar salvajemente a cualquiera que le viniera en gana.

El señor Fabra -ahora también en el trullo- se jactaba públicamente de que todas las familias de Castellón estaban en deuda con él porque había colocado -a dedo- a uno o varios miembros de cada una de ellas.

Cuando uno visita La Mezquita de Córdoba, que es el principal motivo por el que acuden a ella el cien por cien de sus visitantes, se encuentra con un folleto que únicamente habla de catedral; tal fraude lo fomenta y distribuye una poderosa, reaccionaria y antigua secta constituida por clérigos que se dicen practicantes de la religión católica, culpables del atraso histórico que sufre esta tierra, y que parasita a costa de los contribuyentes apropiándose de todo lo que puede con el consentimiento del gobierno de la nación. Estos mismos tipos que hablan de dignidad, tolerancia o vergüenza callan y/o permiten entre sus integrantes algunas de las más viles violaciones infantiles que uno pueda imaginar, la mayoría de las cuales nunca verán la luz; somos muchos los que conocemos a alguien que estuvo interno en un colegio de curas y que no quiere volver a verlos ni en pintura.

El presidente del cortijo gallego, ante unas fotografías en las que se le veía acompañando en su lancha particular, de vacaciones, dicen, a unos de los más importantes traficantes gallegos, afirma desconocer tan lucrativa faceta de su adinerado acompañante.

Hay mucho más, pero esto es solo una variada y curiosa muestra navideña de la natural chulería y el enorme desprecio que, exclusivamente para consumo propio, cultiva esta especie de jactancioso, tonto y atrasado país. Vaya donde uno vaya el tipo nativo es, en general, el mismo, parecidos los enfrentamientos e idénticas las baladronadas, da igual que hablemos de rivalidades catetas o desplantes gratuitos, entre pueblos miserables o entre ranchos autonómicos, el caso es hacerse valer a costa de despreciar al de al lado, en eso somos, todos, españoles de pura cepa. Pero sigo sin entender tanta mezquina impertinencia y folclórico rasgarse de vestiduras, porque lo primero que debería suceder es que se nos cayera la cara de vergüenza por supurar tanta bilis, por odiarnos y despreciarnos entre nosotros con semejante inquina para regocijo y cachondeo del resto del mundo. 2015 aguarda a la vuelta de la esquina aterrado.

 

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario