Olimpiadas

Ante un evento tan peculiar como generalizado la tentación de escribir algo al respecto es casi irresistible, porque la celebración, pues de eso se trata, tiene de todo, es cierto que según los ojos con los que se mire y aunque sea mucho más fácil sacar a relucir los trapos sucios que se mueven alrededor que detenerse en las virtudes y reverencias a tanto joven con ganas de pasar a una historia que envejece muy deprisa, casi más deprisa que cumplen años los propios protagonistas y pasan a engrosar un ejército de adultos que, ya sin público que los jalee, tienen que valerse en una sociedad muy alejada de aquellos lugares de éxito; jóvenes muy pronto olvidados y casi despreciados por humanos a los que el inapelable tiempo obligará a fracasar y diluirse entre iguales frente a los cuales ya no es posible sobresalir porque las virtudes físicas pasaron a convertirse en rémoras con las que discutir cada día hasta que finalmente se diluyan en al páramo del olvido.

Son fáciles de entender y alabar esas glorias imbuidas por familiares, amigos, admiradores y comerciantes en tantos y tantos jóvenes que por los más diversos motivos acabarán en una zona de combate listos a dejarse la piel por cuestiones ajenas a sus capacidades físicas personales. Es menos comprensible -o más, visto el mundo en el que nos movemos- el ejército de adultos venidos a menos que a falta de algo útil que hacer se dedican a negociar con pares y arribistas a costa de tanto muchacho y muchacha todavía sin un lugar en el mundo y tejer una red de orgullos patrios que alientan viejas y rudimentarias rivalidades ya desfasadas; unos tipos calculadores sin fuerza ni interés para empuñar las armas pero con la capacidad para tramar engaños y simular valores y enfrentamientos a los que sumar millones de almas necesitadas de una ilusión que amueble tantos aburridos hogares.

Para los aficionados a tales manifestaciones deportivas debe ser una gozada disfrutar de campos y zonas de juego sin esa publicidad que ensucia cualquier espectáculo con pretensiones de nobleza. Aunque sea inevitable pensar que el negocio que sustenta el acontecimiento ya se ha cerrado y los negociantes están disfrutando de sus piratas beneficios lejos de los focos del espectáculo y las preguntas de la prensa -esa antigua profesión ahogada para siempre en el exclusivo mar de los beneficios.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Capado

El término se lo oí a un programador hablando de su creación, no recuerdo si se trataba de un juego de ordenador o videoconsola o de una aplicación para móvil o tableta, y venía a decir que cualquier jugador o usuario de un juego o entretenimiento informático, en cualquier tipo de soporte, asume el papel de un autómata dirigido a capricho por el inventor; no hay ni existe papel protagonista porque cada una de las reacciones del jugador están previstas en la concepción del propio juego. Quizás sea por eso que cada vez que entretengo el tiempo con un juego informático tengo la impresión de estar siendo manipulado desde la distancia; un conejillo de indias del cual alguien ha previsto con antelación sus reacciones y movimientos a partir de una constitución y forma de pensar básicas a las que incorporar la opción premio/castigo para manejar, disuadir, perturbar, sostener y en última instancia fijar y fidelizar de manera continua frente la pantalla. Esto que digo no es una apreciación personal, con poco que uno haya jugado puede llegar a constatar la evidencia de que si hoy no he conseguido avanzar o pasar de nivel mañana o pasado lo conseguiré, el juego mismo te irá ofreciendo las posibles soluciones adecuadas a tu nivel de torpeza; sería absurdo y contraproducente que el mismo juego te expulsara por inútil, perdería un consumidor.

Sucede con todos los juegos informáticos, en ellos el azar es una variable finita y codificada que sólo admite una seria de opciones o probabilidades -por eso se dice del juego que está capado- introducidas por el programador para crear la sensación de control por parte del jugador. Si en cualquier juego en la vida real el azar interviene como variable incontrolada sólo advertida y calculada a posteriori y después de un detallado estudio estadístico, en las creaciones informáticas el jugador nunca es creador o dominador porque no deja de ser una variable añadida a una serie de condicionantes que el inventor introdujo para darle la apariencia de verosimilitud o realidad a su creación.

Es probable que a mucha gente no le importe su catalogación como mecanismo previsible y manipulable que obedece y sigue las consignas de un programa que adivina tus pensamientos y dirige tus movimientos, se anticipa a tus intuiciones y condiciona tus emociones monopolizando por completo tu actividad cerebral, atrapada en un bucle interminable de saltos eléctricos y obsesivos. Las satisfacciones y recompensas son tan breves que la inmensidad del mundo y la enorme potencia del pensamiento acaban encerradas en una pantalla de catorce pulgadas. Aunque siempre llega el momento, ese efímero instante de lucidez, en el que el jugador alza la vista y dice basta a convertirse en un objeto manipulable que desperdicia su propio tiempo libre en un gusto o afición previamente concebida e inventada con objetivos puramente económicos. ¿O no?

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Frustración

Veinte años sólo se tienen una vez y lo mejor es hacer todo lo posible por disfrutarlos y pasártelo bien. Fin de la conversación.

No encuentro mucho más que decir y he de reconocer que tras la pequeña charla no me queda una buena impresión, lo que en cierto modo explica esa intuición o presagio inicial de casi saber que el esfuerzo de sentarse frente a mí para intercambiar ese par de frases más allá de las intrascendencias corrientes era todo lo que podía conseguir; una breve interrupción del ajetreado ir y venir que promueve la edad. Queda el gesto compartido, el resto, la hipotética o imposible conversación, las opiniones, las coincidencias y las diferencias -mayores o menores- son circunstancias que surgen y se evaporan pero que no significan mucho más; los puntos de partida, el mío incluido, obedecen a formas de pensar y estereotipos obligados provenientes de mundos distintos. Él y yo habitamos en esferas independientes, luego no hay otra posibilidad de entendimiento que la simple constatación de la imposibilidad de coincidir en otra cosa que no sea en la distancia que nos separa. Se ritualiza una conversación joven/adulto, se lleva a buen puerto mediante un diálogo de sordos, sin una voz más alta que otra ni salidas de tono, y después cada cual sigue por su lado, cada uno en su razón -la que obligan las cuestiones generacionales- pero al parecer insensibles al mutuo reconocimiento como individuos pertenecientes a una misma sociedad.

El mundo a los veinte años es disfrutar y divertirse. El implacable y falsamente vitalista giro de tuerca de que veinte años sólo se tienen una vez en la vida y hay que disfrutarlos es lo bueno y tremendamente malo del caso. Porque mi joven interlocutor está completamente convencido de que lo demás no merece la pena; el futuro es tan oscuro que es preferible no pensar en él, ni siquiera para situar proyectos a corto o largo plazo; durante la inexistente conversación asentirá dando a entender que sabe de lo que estás hablando y lo que quieres decir pero en el fondo sigue convencido de lo que no deja de ser otro sermón de un adulto que viene de otro mundo. También dice saber que hay quienes aún piensan que la posibilidad del esfuerzo y el estudio son viables, sirven para algo más que para malgastar el tiempo, pero son los menos.

Moralmente no puedo hablarle de otro futuro que no sea el que él tiene delante, así que mi discurso, perorata o como sea que lo califique nace muerto, lo que me procura la frustrante impresión de haber perdido la capacidad de convencer, sobre todo a quien día tras día está viendo lo contrario de lo que le voy a decir.

La manipulación por parte de esta sociedad de la gente joven es voraz e inagotable, la diversión y el consumo se imponen por encima del resto como únicas y exclusivas formas de ser. Convencidos de partida de la imposibilidad e inutilidad de acceder a unos estudios o un aprendizaje largo y tedioso que amargará la vida y consumirá de mala manera los años sin la esperanza de un final reparador o que merezca la pena es mejor rendirse e intentar disfrutar.

No vale decir que si esta situación fuera real pondría los pelos de punta porque es real.

 

Publicado en Sociedad | Deja un comentario

Ideales

Los ideales sólo existen en el pensamiento, son una especie de intangibles muy personales que en bastantes casos suelen exhibirse o exigir como condición principal a la hora de establecer una conversación o hablar de un proyecto personal o político, lo que es bueno y malo al mismo tiempo, bueno para esas esperanzadoras y necesarias aspiraciones que van más allá del día a día más duro, haciéndolo llevadero y menos doloroso, y malo cuando, como cáscaras, sólo sirven para envolver o sostener alguna parafernalia imposible habitualmente usada para lustrar algún que otro proyecto, también político, sin mucho fondo o simplemente ilusorio. Tampoco son del todo convenientes cuando se tratan de imponer como única condición para un posible entendimiento -error monumental-, puesto que en cualquier acto de entendimiento o acercamiento entre dos o más personas debería primar el interés por hacerse entender, colaborar y/o compartir, en lugar de la mera pretensión de acomodarse uno mismo en el centro con el único objetivo de martirizar y hacer huir al otro u otros hastiados ante otra avalancha de caprichos, manías y arbitrariedades imposible de detener. Se nos olvida con demasiada frecuencia que todo ese arsenal de esperanzas, ideales, creencias, prejuicios, odios, resentimientos y también frustraciones es algo bastante personal y difícilmente transferible, por lo que deberíamos tener un poco de cuidado, si es que nos interesa convivir con el vecino, y dejarlo a un lado muchas más veces de las que solemos hacerlo.

Y digo esto porque no hay nada más frustrante que intentar hablar con gente que antepone los ideales -tal que particulares altarcitos abarrotados de sutiles o groseras soluciones para todo que cada cual reverencia en muchos casos sin preguntarse por qué- a la mera razón o los simples entendimiento y colaboración -de esos otros a los que el reloj se les detuvo en la rudimentaria prehistoria de la familia y los amigos como lo único fiable prefiero no hablar en este momento. Y cuando la conversación deriva, como suele ser habitual, hacia el terreno de la política aquello ya es un problema serio; entonces, lo que podía ser una plática razonable y civilizada se transforma en una serie de imposiciones afectivas, sentimentales, malévolas o simplemente irracionales que hacen imposible cualquier discernimiento o cooperación, para finalmente dar por concluido lo que nunca existió con el consabido y limitado cada cual a lo suyo. Desgraciadamente la única forma de resolver los asuntos públicos en cualquier parte de este mundo es mediante la política, algo que mucha gente se resiste a aceptar y permitir por ignorancia o simple estupidez. Y como para muestra basta un botón ¿imaginan cuáles son los ideales de una población y una clase política, las de este país, capaces de permitir que siga gobernando un partido político del que todo el mundo sabe que se ha enriquecido y financiado -es un decir- mediante la corrupción?

 

Publicado en Política | Deja un comentario

Izquierda

Estas letras deberían empezar con una pregunta, por ejemplo, si aún existe o si todavía sabemos lo que es, pero no voy a hacerlo porque da la casualidad que muchos de los que hablan de izquierda -como imaginaran, políticamente- no saben dónde tienen la mano correspondiente a ese lado del cuerpo puesto que siguen pensando que las cosas siempre hay que hacerlas a derechas; toda una declaración de principios.

Por eso todavía quedan izquierdistas de toda la vida que no han avanzado siglo, siguen llegando tarde, a la victoria final de los trabajadores, a la revolución total y a la derrota del capitalismo contenida en su propia constitución. Ya no habrá triunfo definitivo con un único partido presidiendo una nueva era de la humanidad, tampoco interesan quién o quiénes serían los elegidos para estar en la cúspide dirigiendo esa sociedad ideal; este mundo capitalista, que de buen o mal grado aceptamos, parece no tener fin.

También dicen saber los que aseguran que hoy ya no existen ni derechas ni izquierdas, sino el sentido común y las cosas bien hechas, todo muy natural, muy como Dios manda; porque en la sociedad que tenemos los extremos y radicalismos sólo conducen a la pérdida de referencias válidas (?) y a la violencia. Se trata de gobernar en armonía, porque todos queremos más o menos lo mismo y no hay mejor consejera que la paciencia, y que cada cual colabore a la estabilidad general dentro de sus posibilidades; todos somos necesarios y a todos nos llegará nuestra correspondiente ración de felicidad -lo que no aclaran es en qué vida. Dejen que los que entienden se pongan manos a la obra, el día menos pensado usted también podrá viajar a París para saludar al pato Donald.

Muy necesarios en cuanto al fomento de esta ignorancia general son los radicales, como denuncia el conservadurismo más rancio y apostólico, todos esos hijos malcriados sin interés por algo constructivo y sin que les preocupe saber qué es lo que quieren o de qué lado están; se les llena la boca de libertad -esa blanca, infinita, cegadora y particular pradera en la que no existe cerca ni lejos, ni arriba ni abajo-, amantes del disfrute puro y duro, la acción directa y la destrucción como elemento disuasorio, una tribu acomodada a la negación subvencionada. Peleles de quita y pon bastante útiles a la hora de engordar esos cuentos de viejas que aún funcionan para atemorizar a la gente corriente, esa buena gente a la que tan poco le preocupa las diferencias entre derecha e izquierda, total, todos son iguales.

Y está el grueso de la población, que identifica a la izquierda con la mano en el bolsillo agarrada a un puñado de billetes, lo demás es historia y ganas de marear la perdiz.

Izquierda ya no puede ser un nombre para tan dilatada lista de fracasos y decepciones, para tantas siglas malgastadas, un pasado echado a perder y decenas de futuros a los que siempre llegaron tarde, más preocupados por registrar la pureza de su ombligo que de limpiarlo de errores de parvulario. Una izquierda definitivamente asesinada por una globalización que también les pilla por sorpresa y para la que nunca ha estado preparada. Se aceptan propuestas.

Publicado en Sociedad | Deja un comentario

De lenguas (Navarra)

El camarero, no sé si también dueño o encargado, tanto da, nos había llamado la atención por su amabilidad, una amabilidad fácil y elegante a años luz del servilismo más zalamero que impera en infinidad de establecimientos en los que uno no sabe si le están atendiendo o tomándole el pelo. Daba igual si el tipo era de allí o no, lo que permanecería sería su esmerada y tranquila educación en aquel pequeño pueblo navarro, camino a Roncesvalles, donde comimos tan estupendamente. Es más, cuando llegó el momento de decirles el importe a unos moteros alemanes, sentados en la mesa de al lado y de aspecto imponente, tuvo el detalle de excusarse en el escaso alemán que sabía por haberles atendido en inglés. De alguien así no te olvidas, ni de su cara ni del lugar.

La pareja con la que hablamos es simpática y atenta, poco a poco la conversación acaba derivando hacia los niños, también los suyos, que a poco aparecen por una esquina; los chavales se nos quedan mirando y la madre se siente en la necesidad u obligación de explicarles quienes somos, pero lo hace en eusquera, por lo que no nos enteramos de lo que les dice. La pequeña charla termina y nos despedimos. De regreso al coche voy pensando si es de buena educación hablarles a los niños sin que nos enteremos de lo que les están diciendo, puesto que la conversación sin ellos se estaba dando en castellano… o es que -pienso de pronto- los niños no saben castellano… pero ¿cómo se puede educar a unos niños en este siglo exclusivamente en eusquera -por muy idioma local que sea- y negarles la posibilidad del castellano, otra lengua que no tendrían ninguna dificultad en aprender y con la que podrán moverse por medio mundo sin problemas, amén de conocer y saber directamente de lugares y millares de personas? Probablemente me equivocara y sólo se tratara de un mal gesto intrascendente de los padres hacia nosotros antes que de la lamentable ignorancia de unos niños.

Una joven pareja reglamentariamente vestida de vascos de película, cortes de pelo incluidos, pregunta en eusquera a una mujer mayor asomada a un balcón por la plaza del pueblo y la mujer les indica en un castellano de excelente pronunciación por dónde ir. Bien por la señora; quien pudiera tener esa versatilidad a la hora de los idiomas.

El último. Deambulando entre una niebla que literalmente te empapa a los cinco minutos y unas vacas que pacen ajenas a una frontera físicamente inexistente e innecesaria, ora en Francia, ora en España, nos detenemos ante una placa recién plantada en el suelo. En ella se homenajea a unos señores que durante la Segunda Guerra Mundial se dedicaron a poner a salvo de los nazis a bastantes ciudadanos que, de lo contrario, habrían dado con sus huesos en un campo de concentración. Pero la inscripción de la placa que informa de los sucesos está escrita en francés y en eusquera, por lo que inevitablemente me pregunto por qué no hacerlo en más idiomas, entre ellos el español, puesto que se trata de una frontera española. Con esa información añadida o multiplicada muchas más personas sabrían de las hazañas de tan meritorios y casi desconocidos ciudadanos que arriesgaron sus vidas para poner a salvo a algunos de sus semejantes, a los que probablemente no preguntaron qué idioma hablaban para concederles el beneficio de su ayuda.

 

Publicado en Viajes | Deja un comentario

Pamplona (y San Fermín)

Exceptuando la cuesta, la calle Estafeta y los alrededores de la plaza de toros -y en todos estos lugares nunca de forma estrafalaria o abusiva-, además del extenso despliegue de medidas disuasorias y de prevención dispuestas alrededor de todas las zonas verdes cercanas o no a los lugares antes mencionados, Pamplona no deja de seguir siendo en las fechas previas a “su fiesta” una ciudad tranquila, ordenada, luminosa y monocorde obligada en cierto modo a cargar cada año, cuando llega Julio, con una tradición y fama debida en parte a la presencia antaño durante estas celebraciones de ciertos tipos famosos y a la voraz propaganda internacional deseosa de clavetear puntos en el mapa a los que embarcar a desocupados con una buena chequera o sin un duro en el bolsillo pero muchas ganas pasarlo bien gratis; hechos y circunstancias que han convertido a la ciudad en un objetivo indispensable de la juerga mundial, cruz que parece llevarse entre la población local con más resignación que entusiasmo. Unas fiestas que si en tiempos pudieron pasar por exclusivamente locales, hoy y en los días previos dan la impresión de soportarse entre muchos de los naturales con más inercia que alegría. La fiesta en Pamplona está ahí, a la vuelta de la esquina, no hay como ojear la prensa nacional e internacional para toparse con una excitación impostada de la que probablemente reniega más de un pamplonica, más apegado a su cómoda cotidianidad que a la fama que pueda traerle su supuesto internacionalismo de agencia de viajes. Porque Pamplona no se siente como una ciudad de fiestas multitudinarias, no es una ciudad cosmopolita, ni le interesa, no es una ciudad de moda, tampoco, ni internacional, ni que se preocupe por estar en los medios de comunicación por cualquier causa, todo lo contrario; Pamplona, la Pamplona que uno pisa y ve horas antes de su fiesta principal, es una ciudad para vivir, con todo lo que ello significa, un vivir de esfuerzo diario, para eso la trabajan y lustran sus habitantes; de fácil acceso, utilitaria, con infinidad de zonas verdes, un tráfico fluido y organizado y un casi anodino trajín que se dispone, inevitablemente y otro año más, a hacer un alto y pasar por el aro de los festejos multitudinarios de fama mundial, circunstancia para la que se prepara en algunos casos como si se tratara del último día de su existencia.

Sin grandes tiendas, sin grandes espectáculos, cotidiana, amable hasta la indiferencia, dedicada a sus problemas, que los tendrá pero no se ven, fácil de caminar y de descansar, práctica y recelosa de su intimidad; y precavida ante las consecuencias no deseadas –que, como muy bien saben, siempre las hay-, para lo que se prepara a conciencia.

Cuando San Fermín se haya ido, para los de fuera y para los de dentro, Pamplona volverá a ser lo que es, una aburrida ciudad dedicada a sí misma y a sus habitantes en la que la vida de cada día es la fiesta más importante.

 

Publicado en Viajes | Deja un comentario

Spexit

Spexit. Término que al igual que el original británico viene a certificar cómo en las elecciones que hoy se celebran los españoles se autoexpulsarán de la política democrática y los intereses ciudadanos comunes votando, no como ciudadanos responsables e informados, sino como enajenados envenenados por el rudimentario polvo de las patrias, los prejuicios y el resentimiento inducido, volviéndose a hundir un poco más como pueblo en el tribal, dogmático, conflictivo, violento y permanentemente manipulado pozo de su azarosa historia.

 

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Convivencia

Hablábamos de espaldas a la plaza cuando uno de aquellos tipos se acercó donde nos sentábamos y nos pidió un cigarrillo. Lo siento, no fumamos; le respondí. El hombre aceptó de buena gana mi respuesta y regresó al banco a tiempo para echar un trago de la nueva cerveza que acababan de abrir sus amigos, compañeros o quienes quiera que fueran los integrantes del pequeño grupo que ocupaba el banco frente al “24 horas”. Algunos de ellos fueron a sentarse con la botella en la puerta de entrada de una gestoría que ocupaba la fachada del mismo edificio, tal y como hacía un rato nos había dicho con cara de resignación que solían hacer uno de los copropietarios de la misma, un hombre joven y bien parecido que llevaba con más paciencia que fastidio la circunstancia de que junto a su negocio se hubiera instalado aquel establecimiento de apertura permanente que últimamente servía como centro de reunión para gente sin ocupación fija, de paso o de costumbres entre alternativas y disolutas. El joven nos había explicado que era imposible conseguir que el Ayuntamiento hiciera algo con aquello, ni siquiera lograr que el acceso a su negocio apareciera limpio y diáfano, tanto en lo referente a la suciedad y los vertidos de todo tipo en el suelo como a cualquier clase de objetos -propiedades o no- que acababan invadiendo la fachada del edificio y sus accesos. No era posible, la calle es un espacio público que puede ser ocupado por cualquiera, cosa que él mismo entendía y aceptaba, el problema era que, como ahora, los habituales o de paso del aquel grupo de desocupados habían hecho de ese espacio el salón de su casa e iban del banco a la puerta sin orden ni concierto y, en ocasiones y según el grado de alcohol, importunando a clientes y visitantes del negocio.

Sentados en la terraza y desde nuestra perspectiva la cosa, como nos dijo, no era fácil, entraban en juego el derecho general a detenerse y conversar dónde a cada cual le apetezca y la necesaria, salubre y cívica obviedad de disponer de un acceso limpio y aseado a un pequeño negocio que en este caso era el único medio de ganarse la vida de nuestro conocido.

Mirábamos y no decíamos nada, pero probablemente todos pensábamos parecido y no queríamos pecar de intransigentes o intolerantes. En cualquier caso la solución se antojaba difícil, aún más si había que conformar a todas las partes. El “24 horas” hacía negocio con aquel grupo variable instalado en el banco frente a su puerta, el Ayuntamiento se excusaba con lo que podía argumentando, en última instancia, que le resultaba imposible mantener permanentemente limpio el lugar, los empleados y clientes de la gestoría podían rezar porque no surgieran problemas y el resto, como no nos afectaba directamente, nos dedicábamos a mirar entre curiosos y ajenos una situación que se reproduce más de lo que nos permitimos reconocer sin que nadie quiera pringarse sentando a las partes y haciéndoles entender que la convivencia es algo común que no a todos puede satisfacer al cien por cien. Esto también es política, no todo van a ser elecciones, y quién es capaz de sentarse e intentar solucionar estas en apariencia pequeñas nimiedades será alguien en quien confiar en aquellas.

Publicado en Sociedad | Deja un comentario

Más de lo mismo

Que una ciudad como Barcelona tenga que sufrir situaciones como la de las mujeres agredidas por apoyar a la selección española de fútbol -por un grupo de cachorros descerebrados que todavía no han salido del cascarón y ya destilan odio y resentimiento hacia quienes no hacen lo que ellos; pensar les viene grande- mientras unos dirigentes locales y autonómicos, de miras bastante cortas y más bien provincianas, hacen la vista gorda al tiempo que siguen en su empecinamiento de manipular a una población a primera vista democráticamente semianalfabeta e intentan vender en medio mundo un rudimentario y tribal derecho a decidir que ellos mismos son incapaces de respetar con quienes no piensan según el horizonte de sus anteojeras, es para preocuparse. Más, también es preocupante que ante unas nuevas elecciones generales los grupos que se dicen de izquierdas sean incapaces de ofrecer a los ciudadanos un programa de convivencia común y prefieran, de forma rastrera y zalamera, arrodillarse ante los nacionalismos intolerantes y xenófobos que parasitan el precario sistema democrático de este país -o lo que es lo mismo, ofrecerles bajo cuerda un cheque en blanco-, más preocupados de sus propias cuotas de poder que de las posibles mejoras sociales para la totalidad de la población; lo que significa que por aquí las cosas siguen como siempre, estamos en España y Europa todavía queda lejísimos.

Podría seguir diciendo más pero sería repetirme; por eso voy a echar mano de un párrafo de Tzvetan Todorov, de su estupendo y recomendable libro El miedo a los bárbaros:

En consecuencia, los europeos de mañana serán no aquellos que compartan la misma memoria, sino aquellos que sepan reconocer en el “silencio de las pasiones”, como decía Diderot, y por lo tanto con fervor, que la memoria del vecino es tan legítima como la suya. Confrontando su versión del pasado con la de sus antiguos enemigos descubrirán que su pueblo no siempre ha representado los cómodos papeles de héroe o de víctima, y así escaparán de la tentación maniquea de ver bien y mal repartidos a ambos lados de una frontera, el primero identificado con “nosotros”, y el segundo con los otros; y también de la más general de reducir el pasado a categorías morales muy amplias, como “bien” y “mal”, como si fuera posible encerrar la experiencia múltiple y compleja de millones de hombre durante siglos.

No tiene el menor mérito preferir el bien al mal cuando es uno mismo quien define el sentido de ambos términos.

Publicado en Sociedad | Deja un comentario