Anticapitalistas (y 2)

Estos nuevos, o viejos, visionarios no provienen de otras sociedades más adelantadas o de otras culturas económicas, más bien son, en cambio, algunos de los cachorros bien alimentados de la misma sociedad capitalista que pretenden defenestrar; tipos empecinados en una fe salvadora que les impide reconocer la diversidad de la sociedad en la que viven, en la que han crecido y se han educado y a la vez les ha permitido y les permite la posibilidad de pensar y actuar en contra. Su razón se resiste a admitir la lamentable evidencia de que una gran mayoría de sus contemporáneos prefiera -sí, desgraciadamente- una tutela político-económica que les permita abandonarse a sus inclinaciones más básicas y acomodaticias antes que esforzarse tras otro ideal sin un desenlace claro o posible, o simplemente inalcanzable, que probablemente se llevará sus vidas por delante sin el ansiado y prometido premio -sin olvidar que para eso ya existe la religión.

Si cada día cuesta más mantener en pie esta precaria democracia que tenemos, debe ser de lo más atractivo pretender darla de baja y emprenderla con un vaporoso anticapitalismo que probablemente carece de propuestas comunes y lugar para hacer ¿qué? ¿Cuál es el programa común de un anticapitalista? Visto lo que se cuece hoy día, se me antoja complicado un programa político en el que todos tengan cabida, ¿u obligarán a autoparcelarse por edades, aficiones, odios, rencores, envidias y decretos? ¿hasta dónde llevarían su tabula rasa? Desmontar un sistema político-económico que recluta a sus valedores durante los primeros meses de su vida convirtiéndolos en siervos a perpetuidad se antoja demasiado o muy complicado, sobre todo teniendo en cuenta la voluntaria ignorancia y docilidad de sus integrantes.

Sólo se me ocurren preguntas porque tampoco a mí me gustan muchas o la mayoría de las cosas que suceden a mi alrededor, pero creo que siempre es y ha sido más interesante lo que suma que lo que resta, y siempre será más inteligente sentarse enfrente del que piensa distinto e intentar llegar a acuerdos cuanto más amplios e inclusivos mejor -supuesto vivimos y pretendemos seguir viviendo en el mismo lugar. Todos aquellos que no quieran subirse al carro e incluso -¡oh!- les gusta o no les parece mal la sociedad en la que viven no van a desaparecer de un plumazo; ni son formas ni es momento de expulsarlos o eliminarlos. Deberían pensar que si se preguntara a cualquier persona de a pie razonablemente informada, que no se dedique exclusivamente a su codicia o a practicar la envidia, por lo que este país necesita -capitalismo incluido- para que medianamente funcione y mejore política, social y -¡horror!- económicamente, probablemente coincidiría con otros muchos que aún piensan que la mejor forma de hacer política es asaltar la política con políticas posibles, hoy y ahora, que beneficien a una gran mayoría de la población… y estoy convencido de que funcionarían.

El resto siguen siendo los mismos sueños universalistas, y en algunos casos totalitarios, de tantos y tantos que han crecido y han sido educados en el seno de una civilización judeo-católica experta en introducir subrepticiamente en los cerebros de sus vástagos ilusiones, ideales y paraísos ecuménicos que nunca fueron de este mundo; ficciones en muchos casos recicladas y repintadas con un barniz laico-ecológico pero apoyadas en idénticas fe y esperanza que han impedido a tantas generaciones ser dueñas de sus presentes a cambio de hipotecarse en futuros imposibles. Es más inteligente y viable usar los ámbitos de libertad existentes en la actualidad -antes de que los vientos que corren se los lleven o los hagan desaparecer- para, desde dentro del sistema, dar los pasos reales necesarios e ir asentando transformaciones concretas; sin vender futuros, ni verdades, ni quimeras o espejismos que tienen más que ver con los cielos de los creyentes que con la vida en esta tierra.

Publicado en Sociedad | Deja un comentario

Esos hijos tan bien criados

La niña despotricaba, muy segura y convencida de sí misma y sus razones, contra ese Centro de Salud en el que siempre toca esperar un motón de tiempo antes de que el médico te atienda. Y no es que le pareciera fastidioso o simplemente mal, sino que no estaba dispuesta a aceptar, ni siquiera a tomar en consideración, la mera posibilidad de tener que acudir a aquel lugar si la enfermedad empeoraba. Era tal el convencimiento y el desprecio hacia esa sanidad -pública, como ya habrán imaginado- tan poblada de mayores y esperas que ella, en sus definitivos trece años, no había nacido para perder el tiempo de semejante modo; luego… en sus padres quedaba. Allá ellos si tenían que buscarle un médico a la hora y de qué medios disponían, o no, para hacerlo.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Anticapitalistas (1)

Intenten recordar desde cuando no veían u oían hablar de anticapitalistas, al menos con la relativa frecuencia con la que hoy sucede en la política nacional. Creo que muchos de nosotros, más atentos a la situación política y social del país que tenemos, nos habíamos olvidado de ellos; no porque no siguieran o pudieran seguir existiendo y con ellos el derecho a cuestionar la forma de gobierno del lugar en el que uno vive, sino porque por aquí no era muy corriente que aparecieran en las primeras páginas de la prensa y en el resto de los medios de comunicación. Asumida como propia la realidad política y social en la que nos desenvolvemos -no nos queda más remedio puesto que seguimos viviendo aquí- y la gran diversidad de opiniones y puntos de vista que pueden darse, y de hecho se dan, en ella -como en cualquier otro lugar de este mundo-, deberíamos saber de las dificultades para congeniar opiniones y propuestas a veces tan dispares a la hora de concebir y hacer viables proyectos de vida en común, tarea enorme que añadir a la necesidad de sacar adelante la realidad diaria con la que cada cual se tropieza cada mañana. Pues bien, si no teníamos bastante ahora toca aceptar y entender -eso sí es realmente difícil- el asunto de los anticapitalistas y su presunta pureza económico/ideológica, que no política, cuestión que más bien parecen de otro planeta o de otras sociedades en periodo de construcción o con sistemas aún no completamente establecidos o asumidos por la población; o con reticencias importantes por parte de una mayoría de ciudadanos. El anticapitalismo como propuesta política en sociedades como la nuestra parece, más bien, una opción algo rudimentaria, o quizás se trata de que hasta ahora hemos estado viviendo sin saber, ni dónde ni cómo, y por ello estos tipos consideran que lo mejor es volver a empezar; ignoro hasta a qué principio o revolución… o tal vez volviendo al trueque… o creando infinidad de comunidades autosuficientes completamente cerradas al exterior. Vistos los tiempos que corren, quién sabe.

Pero no es lo más importante que todavía haya gente a la que no le parece bien cómo pintan las cosas -como tampoco me parece a mí-, la cuestión es que, después de más de cuarenta años desde la muerte del dictador y varias generaciones de peninsulares de a pie que han trabajado para que esta sociedad sea como hoy es -casi medio siglo, que se dice pronto-, aquellos piensen, más bien crean, que la política económica nacional aún no está definida; cuestiones tribales al margen, o no. Los anticapitalistas han vuelto a la política y nadie sabe cómo ha sido, y qué pretenden o qué piensan hacer con esa gran mayoría de ciudadanos apegados a otras preocupaciones para ellos mucho más importantes que la disyuntiva de capitalismo si o capitalismo no es una incógnita. Probablemente suponen que, ya con la dictadura aproximándose al peligroso terreno del olvido -no tienen más que echar un vistazo a cualquier concurso televisivo-, la población actual en el fondo sigue sin tener claro cómo desea vivir, circunstancia que, más que necesitar responderse con un sí o un no de viva voz, viene reivindicándose por cada ciudadano año tras año simplemente haciendo, o viviendo, que viene a ser lo mismo.

Publicado en Sociedad | Deja un comentario

El lado del que se está

Dos sucesos de los que pululan por los noticiarios nacionales en la sección miscelánea, esa parte de las noticias que rellena el tiempo antes de los deportes, son bastante significativos respecto de la sociedad en la que tanto nos gusta vivir y que consideramos nuestra. El primero es, supongo, un gesto simbólico con un trágico final fruto de una mala elección por parte del protagonista. Porque el gesto inútil del joven africano que acabó ahogado en Venecia no tiene nada que ver con, por ejemplo, el de la señora Bescansa cuando se presentó en el Congreso de los Diputados con un bebé enganchado a su pecho; este gesto simbólico intencionado convocó a toda la prensa gráfica aburrida de no tener imágenes que llevarse a la cámara; al fin podían aspirar a una primera página. Como gesto simbólico fue el de aquel cateto chovinista catalán que, en su primario subconsciente de bemoles sin azúcar, quemaba públicamente una orden judicial mostrando un penoso alarde de incultura democrática ante numerosas cámaras que, más pronto que tarde, le concedieron la primicia que pretendía su gilipollez. Y este tercer caso, el más reciente, el del joven africano, se trata en cambio de un grueso error de cálculo. El pobre tipo intentaba un gesto simbólico lanzándose al agua en un concurrido canal veneciano sin saber nadar; pero en este caso la cámara solo era una y no profesional, y estaba demasiado alejada, más bien parecía casual, hasta tal punto que no existe reacción gráfica del numeroso público asistente, ni grabada ni desgraciadamente real. Así que el pobre hombre se acaba ahogando ante la indiferencia y molestia del público por tener que presenciar semejante espectáculo durante sus vacaciones. Qué falta de gusto por parte del muerto, aunque igual más de uno pensó que se trataba de una cámara oculta de algún programa cómico de entretenimiento.

El otro caso es el de un malcriado catalán que dio galletas rellenas de pasta dentífrica a un indigente -una broma para partirse el culo de risa. Un cretino tan joven ya no tiene remedio, después su cabecita pareció sentir una especie de remordimiento que le llevó a disculparse públicamente en su página web, porque la criatura es un youtuber al que siguen millones de descerebrados -¿se imaginan?-; aunque sus públicas disculpas no parecieron muy sinceras, tal y como decimos por aquí, como el que tiene tos y se rasca los pies. ¡Bah! tampoco es para tanto, dirán algunos, el tipo objeto de la broma solo tuvo unas molestas náuseas y la expectación que levantó el caso mínima; otros se quejarían levantando los brazos al cielo y gritando que esta sociedad nuestra ha perdido los valores -¡qué problemón! O sonreirán conciliadoramente por lo que solo consideran una tontería de críos. Algunos hasta se enfadarían con un ¿¡qué pasa!? ¿¡acaso ustedes no se han equivocado nunca!? O se tirarían de los pelos ante esta juventud imposible y casi descarriada. Los organismos competentes se moverán vía judicial por aquello de que en nuestra sociedad todos somos iguales y la moral ha de ser ejemplarizante, indemnizaran de forma testimonial, si cabe, al indigente y exonerarán al crio y a su familia con una leve reconvención que acabará en la papelera a los pocos minutos… y a youtubear de nuevo. Claro, era un mendigo, y esa gente no tiene colegas que busquen al niñato en cuestión y, tal y como sucede en ese cine de venganzas que tanto nos gusta ver, le propinen… pero a eso no hay derecho, era solo un broma y nadie puede tomarse la justicia por su mano… y a saber porque estaba aquel tipo pidiendo… y es que los indigentes fomentan la mala imagen y provocan e incitan a nuestros jóvenes hacia los malos comportamientos porque se sienten incómodos con su sucia presencia etc.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Invierno

Con más o menos años y según la memoria de cada cual todos hemos pasado por algún que otro invierno que recordamos especialmente por un frío más riguroso de lo que solemos considerar normal o porque lo sufrimos con especial intensidad. Como también todos hemos hecho la consabida comparación con el invierno anterior, si fue más o menos frío, si comenzó a helar en Octubre o Noviembre o solo heló un día durante todo el invierno; o aquella semana especialmente, la única en la que sentimos que estábamos en invierno -siempre y cuando tengamos en cuenta la zona donde uno reside-, etc.

Otra cosa son las temibles y amenazadoras campañas con las que nos atemorizan los medios de comunicación desde mucho antes de que llegue el invierno de turno, que más bien parecen malévolas confabulaciones de cualquier organización terrorista nacional o internacional con la intención de amedrentarnos sin tregua y dejarnos en casa durante unos días mientras ellos hacen y deshacen a sus anchas. Y si hablamos de las famosas edades o situaciones de riesgo solo queda maldecir al creador por, si es el caso, habernos puesto en tal tesitura; porque parece que no vayamos a tener salud, fuerza, vigor o valor para soportar la que se nos viene encima. Casi hay que ponerse a pensar en encargar el féretro porque de esta no salimos.

Al margen de indigentes, situaciones y hechos puntuales -que siempre aparecerán en primera página como ejemplo de lo que puede sucedernos, incluso aunque no tengan nada que ver con nuestras circunstancias geográficas particulares- los inviernos suelen ser como los que hemos venido sufriendo un año tras otro, circunstancia que cualquier persona normal afronta como acostumbra, mejor y peor; el año que crees estar preparado te constipas y el que te sientes más débil lo pasas sin problemas. Cosas de la vida. Pero eso no significa que, sin olvidar accidentes, situaciones extremas y faltas de previsión a las que algunos parecen habituados, hallamos olvidado que estamos en invierno, en invierno hace frío y vivimos donde vivimos.

Por eso me parece excesivo que se intimide, porque de eso se trata, a la población de ese modo; y si no fuera de mal gusto todo lo que rodea durante los días previos a hombres y mujeres del tiempo dedicados sistemáticamente a alarmarnos, porque les da la gana o porque se lo ordenan, diría que existen otras intenciones, y no buenas, en el origen de tales escenarios o campañas. En cualquier caso, solo nos debería preocupar la temperatura que marcarán los termómetros en nuestro lugar de residencia o en aquel otro, u otros, a los que tenemos pensado viajar, por lo que nos proveeremos de la ropa adecuada para ello. Nada más.

El resto tiene pinta de una maniobra malintencionada e inútil que nada aporta y mucho menos informa; o quizás sea una forma de justificar la poca o ninguna inversión que se dedica a disponer de los medios para que la población pueda moverse con comodidad y pasar los inviernos de la forma más confortable posible. Ya se lo advertimos, haría tanto frío que ni siquiera con los medios disponibles podríamos hacer algo; con esto quedamos justificados para lo que resta, porque cuando haya oportunidad de proveernos y facilitarlos ya no nos acordaremos o no nos interesará, total, la gente tiene una memoria muy corta y para el año que viene les cantaremos la misma canción si con ello volvemos a evitar sus justificadas protestas por la inoperancia de turno.

Si el tiempo suele ser un socorrido tema de conversación con extraños y conocidos cuando no hay mucho que decir, también el tiempo sirve para cuando no hay noticias, no interesa airearlas o es necesario desviar el centro de atención de la población hacia temas más prosaicos.

 

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Belleza

Tal vez no tenga importancia, o sí; tal vez alguien más ya se haya ocupado de ello en alguna ocasión, o no. Es muy probable que otros muchos jamás lo hayan pensado o consideren que es una estupidez supina, que esas cosas nunca se piensan y que no tienen importancia. De acuerdo en todo, pero… ¿por qué no ir un paso más allá? ¿por qué no pensar en ello como una posibilidad o un privilegio que, al igual que yo, muchísima gente nunca ha tenido la oportunidad de disfrutar?

Me explico, casualmente tropecé con un tipo con el que estuve conviviendo bastantes horas durante varios días, situación que da para hablar y contar lo que nadie sabe, o más; incluida la consiguiente ración de fotografías de allegados y gente más o menos cercana, familiares o no; imágenes en las que aparecían bastantes más mujeres que hombres. Y uno de esos días, a continuación de otro de sus comentarios o coletillas más repetida -esa de “mira que mujer más guapa”-, puntualización que venía reproduciéndose con más que relativa frecuencia a partir de una mayoría de las fotografías, caí en la cuenta de que era cierto; y ese ser cierto no era una conveniencia o mera formalidad por mi parte, o simple indiferencia. En realidad, una gran parte de las mujeres que poblaban las fotografías del tipo aquel, daba igual si se trataba de familiares directos o de imágenes obtenidas de alguna red social al uso, mayores y más jóvenes, eran bastante o muy guapas, pero no del guapo que se nos suele caer a las primeras de cambio cuando vemos a alguien que no es horroroso o alarmantemente feo, sino simplemente normal, como la mayoría de nosotros; en este caso eran mujeres hermosas y bellas, tanto en apariencia como físicamente.

Y entonces me formulé la pregunta del millón ¿cómo sería la vida -o imagino que puede ser en el caso que les cuento- rodeado de gente hermosa, de caras hermosas en las que no tienes más remedio que detenerte porque el adjetivo normal no cuadra ni es suficiente; porque es imposible o no puedes dejarlas pasar desapercibidas? Y no me refiero a esas bellezas espirituales que, dicen, subyugan voluntades, tampoco a las miradas más cautivadoras, sino a la belleza de carne y hueso; no les cuento si es posible hallar todo en el mismo lote. Imagino que habrá alguien más disfrutando de tal placer -y espero que sepa apreciarlo como se merece-, lo que, como tipo normal tirando a vulgar que soy, me hace volver a la misma pregunta, ¿cómo será ver, mirar y disfrutar, un día sí y otro también, rostros bellos y hermosos? ¿cómo afecta un placer tal, y en qué modo, al estado de ánimo propio? ¿y al espíritu? A la idea o experiencia que solemos tener de la especie humana, de nosotros mismos, como especímenes normales y sin relevancia entre normales igual de poco relevantes ¿cómo la condiciona o modifica estar rodeado veinticuatro horas al día de gente hermosa?

Supuesto somos una mayoría de feos en el mundo -también llamados con ese otro adjetivo tan exquisito, corrientes, por aquello de la educación y las buenas formas-, andamos prestos a la hora de advertir y admirar a algún semejante bello o hermoso, pero ¿y vivir entre gente hermosa como el que anda por su casa? Los hay verdaderamente afortunados, y me gusta imaginar que una vida rodeada de la alegría de tales placeres para la vista no debe ser igual al resto. No sé cómo o en qué cambiará pero, a poco que seamos humanamente observadores, no puede ser, por ejemplo, igual que la mía, entre rostros tan convencionales como anodinos… no sé.

Quienes están rodeados de personas guapas tienen que disfrutar más de la vida que los rodeados por feos o normales. Debe ser cierto.

 

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Fin de Año

Últimamente vienen proliferando lugares y celebraciones “alternativas” respecto de la última noche del año, localidades y gente con un plus de entusiasmo o sin mucho que hacer o en qué pensar que, de buenas a primeras, deciden organizar un fin de año particular y comerse las uvas en cualquier jueves y doce porque sí; tal vez por aquello de apuntarse un dudoso tanto o simplemente para sobresalir de un resto apresado en una rutina plana que al parecer tan poco aporta a la imaginación.

Y como es de rigor siempre hay un representante o ejemplar de la prensa gráfica o escrita para tomar nota y dar fe del evento mencionándolo en el órgano local o nacional correspondiente; aunque siempre es mejor aparecer en la pantalla que en los papeles, sobre todo porque en el caso de las imágenes los reunidos pueden lucir alborotados y armando jaleo y con ello ofrecer a cualquier televidente un ejemplo de su capacidad para divertirse por encima de aburridas y manoseadas costumbres y horarios homologados y/o repetidos. Un buen ejemplo para mostrar al mundo la inventiva de los protagonistas, un mundo que, por cierto, tampoco tiene o muestra mucho interés en ello; otra versión, en este caso algo más folklórica, del derecho a decidir, un descubrimiento que, por lo visto, no parece tener freno, el caso es dar la nota a costa de lo que sea. Probablemente ya habrá alguien por ahí maquinando rizar aún más el rizo y proponer, por ejemplo, cambiar el horario local en un sentido u en otro con tal de facilitar las horas necesarias para el negocio o más diversión, el caso es no ir en la misma corriente que los demás ¡qué vulgaridad!

Y el resto del personal no parece tomárselo de ningún modo, ni a favor ni en contra, a lo sumo con el esbozo de una pequeña sonrisa que suele quedarse en eso porque cualquier crítica en contra o la simple duda de la cordura de los protagonistas generaría una violenta reacción de los aludidos y la consiguiente reivindicación de su santo derecho a hacer lo que les venga en gana junto a la nula potestad del opinante para inmiscuirse en las vidas de los demás y sus propuestas más imaginativas y transgresoras, ¡uf!

Vista la ligereza e inoperancia, y cierta estupidez, de tales hallazgos con los que pretende hacerse notar un personal visiblemente aburrido y cansado de preocuparse por lo que nadie más que ellos debería hacer, queda vaciar la despensa de logros, proyectos o labores comunes y dedicarse a llamar la atención sin con ello todos nos olvidamos un poco de nosotros mismos; total, nos declaramos públicamente incompetentes para las cuestiones adultas y nos dedicamos a pedir más circo, hasta que el cuerpo aguante; porque ¿para qué lo queremos? Así que, venga, alegría y buen rollito y no me jodas con que mañana tengo que volver al trabajo, ¡agorero!

 

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Explicándome

Del poco aprecio que parezco mostrar en mis escritos hacia el país del cual soy originario y las conclusiones respecto a mi persona que cualquiera pudiera obtener a partir de ellos me obligan, en cierto modo, a intentar explicarme, si no lo hacen ya las propias palabras.

Somos nuestros actos, esa sería, en caso de buscar una causa o justificación para nosotros mismos -yo, en este caso-, nuestra primera y casi única, digamos, patria. Y cuando uno actúa, que vendría a ser lo mismo que decir cuando vive, unas veces se acierta y otras erramos, o simplemente nos equivocamos, lo que necesariamente obliga a pedir disculpas o tener que dar explicaciones por nuestros errores, ofensas o despropósitos a quién pueda pedírnoslas.

Las consignas que en primer lugar rigen nuestros/mis actos son, o creo que deberían ser, la educación y el respeto hacia los demás; sin ellas no podremos demandar nada o casi nada a nadie.

El resto -o casi todo lo demás- es, digamos, negociable. Puede hablarse de todo, eso sí, ofreciendo, llegado el caso, aclaraciones o explicaciones y dispuesto a escuchar críticas o diferencias de pareceres u opiniones. Por supuesto, también todo es juzgable y criticable -empezando por uno mismo- y la costumbre u obligación de intentar explicar o justificarse a partir de los actos propios mediante argumentos, a ser posible, clarificadores y razonables impone a todo aquel que pretenda hacer lo mismo respecto, en este caso, a mí, idéntica tarea, tratar de mostrar esos mismos argumentos y/o explicaciones para apoyar sus juicios u opiniones; otra cuestión es que a la otra parte le apetezca o le interese.

Creo que familia y lugar de nacimiento son cuestiones más bien secundarias que dan forma e imprimen carácter y/o peculiaridades al original. Por otra parte, nunca me he puesto a averiguar -no sabría definir con precisión ni creo que sea estrictamente necesario- en qué porcentaje familia y tierra, o tierra y familia, atribuyen a cada cual aquello que no terminan de explicar los propios actos.

De lo dicho se desprende que las personas son lo más importante de lo que sucede a nuestro alrededor, y de las que me rodean o del lugar o país en el que vivo me disgustan los sobreentendidos que implican comportamientos, prejuicios e ideas preconcebidas por simple rutina, el nefasto y destructivo “qué más da”; la desidia diaria, la falta de aprecio por lo común o compartido que muestran los gestos y acciones más cotidianas, las acostumbradas y terribles comparaciones a la baja por pereza o por simple y pura ignorancia, el peso empobrecedor de las tradiciones, la cerrazón mental que fomenta la religión más supersticiosa; la codicia como norma de conducta y la mentira sistemática como forma de ganarse o mejorar en la vida, el egoísmo más infantil, la indiferencia y el odio -que no deja de ser temor- hacia quién uno considera igual o inferior que se convierte en rastrera envidia hacia el resto…

¿Hay algo bueno por aquí? Por supuesto, lo que sucede es que me gusta disfrutarlo y cuando lo hago no pienso en otra cosa, lo que puede que sea un error porque entonces sólo me dedico a mostrar una cara de la moneda, la peor; no se me ocurre contarlo tal vez por modestia o por exceso de prudencia -aún no tengo muy claro si debe decirse o pregonarse. Las buenas personas y los buenos actos procuran beneficios propios y comunes inmediatos que nunca hay que desaprovechar, y casi ningún remordimiento; los malos -equivocaciones y errores- daños nunca deseados que provocan fastidio y malestar, quizás sea por eso que me fijo más en ellos y su reconocimiento en voz alta -mediante la escritura, creo- ayuda o debería ayudar a corregirlos y eliminarlos si con ello tenemos otra posibilidad de ser o vivir más felices.

Conclusión: Esto puede que no sirva para nada porque la única imagen válida de nosotros mismos la tienen los demás, luego…

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Repitiéndonos

Como buenas repeticiones, en cuanto seres vivos y en cuanto personas, no sabemos desenvolvernos si no regresamos a unas rutinas tan básicas como el mismo alimentarse; rutinas o necesidades, tanto da, sin las cuales no podremos contarnos ni como pasado o nos hallaremos sin futuro donde situarlas y situarnos; desde que nos levantamos hasta que volvemos a la cama o dondequiera que acepten a nuestro cuerpo, apenas oscurecido o ya bien entrada la noche. Y ahora que tocan fiestas volveremos a tomarlas según nos pille, más felices que las propias fiestas o con la recámara cargada dispuestos a disparar a todo aquel que nos recuerde que estamos en fiestas, ya sea El Corte Inglés o el pesado de turno, siempre buscando un tema de conversación por aquello de no pasar inadvertido. O nos dará por ponernos a contar años que ya parecen repetidos, o sacar a relucir algún que otro recuerdo no del todo agradable que nos predisponga ante la que se avecina: años, ganas, mucha gente o ninguna, aquellos problemas que nunca se van o el dinero. Y si toca alegría y consumo, porque lo dice la Iglesia y lo publicita cada uno de los escaparates con los que nos encontramos a nuestro paso, tendremos que adaptarnos, aún a nuestro pesar, y puede que hasta se nos escape alguna sonrisa de la que no arrepentirse. Hemos vuelto a despotricar contra las luces por defecto o por exceso, por repetidas o por cutres, sin que nos importe o queramos saber si el ahorro prevaleció ante la imaginación o había que seguir rentabilizando las últimas compras, ya que las finanzas del Ayuntamiento no están para echar las campanas al vuelo; todo antes que darnos por muertos o aburridos.

Por eso, el que más y el que menos también saldrá a comer o cenar con buena o peor gana, con el grupo de costumbre o con aquellos que hace tanto que no ve y todavía no sabe si quiere volver a ver; dudando si siguen llevándose las felicitaciones, sobre todo en su grupo de siempre, que nunca fueron de los normales y criticaban sin piedad las vulgares costumbres de la gente corriente de todos los días, esos que viven sin pensar y llenan las calles por las que uno suele obligando a las repeticiones por el simple hecho de que ellos no saben ni pueden sustraerse a ellas, y hasta les gustan; los mismos de siempre haciendo las mismas cosas de siempre, principalmente porque seguimos siendo los mismos de siempre, como cada año, y como ya nos conocemos acabaremos como siempre, con copa o sin copa de más, repetidos; aunque últimamente los médicos se pasen tres pueblos en cuanto a las recomendaciones que, dicen, son por nuestro bien.

Y como buenas repeticiones dedicaremos algo de nuestro tiempo a echar un vistazo por el patio de los agoreros, otros repetidos, también, esos del permanente espíritu crítico que afirman odiar estas fiestas por los cuatro costados, por la alegría forzada, por la Lotería o por la bacanal de consumo que en realidad son; o porque toca dimitir o discutir con el inaguantable de todos los años y bajar los brazos ante las mismas tonterías e idénticos bordes redomados. Incluso seremos capaces de deambular hasta Fin de Año sin perder el honor y la compostura, participando, más o menos como de costumbre, o hartos ya de formalidades que de nuevo repetiremos, porque ¿qué sentido tiene que volvamos a quedarnos en casa si los demás ya lo saben y ni siquiera les afecta, la misma nota exótica de cada año protagonizada por el mismo crítico consecuente al que ya nadie hace ni caso? como el árbol o el cotillón.

Y qué entrañables son los bordes de siempre, los agoreros, los que presumen de conservar la llama auténtica de la realidad y juzgan al resto como borregos incapaces de salirse del rebaño y pastar por otros prados aún sin hollar; como esas inevitables eminencias, medios o grupos, entre satíricos y progresistas, encargados, por estas mismas fechas ¡qué casualidad! de meter el dedo en el ojo del personal con la excusa de que ellos sí que están alerta y su esfuerzo, tiempo y dedicación les cuesta mantenernos despiertos; nuestra conciencia más pura obligada, nunca sabremos si por las circunstancias o porque realmente les gusta el papel, a convertirse en el pepito grillo toca pelotas que volverá a recordarnos que este año tampoco han dejado de suceder más guerras y/o catástrofes en el mundo. Hasta para preservar la inteligencia hace falta repetirse, no sea que entonces la gente no sepa de nosotros, por eso de las fiestas, o no nos eche de menos y entonces nuestro papel de histrión oficial lo gane algún desaprensivo con ganas de hacerse un hueco en la conciencia común de todos los años.

Cómo nos vamos repitiendo.

 

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Loterías

En este país y después de casi 40 años sigue siendo más importante para la población el día de la Purísima que la fecha que conmemora el aniversario de la Constitución que regula nuestra convivencia, la que algunos ya consideran obsoleta o superada -igual estos últimos entienden que lo mejor sería hacer coincidir el día de la Constitución con la Purísima para que el santo se coma definitivamente al profano, como Dios manda.

Y en este país tan tradicionalista y socarrón siempre es un valor seguro apelar al corazón del personal, a las esencias de un paisanaje que cuando les mientan los sentimientos más rancios, por ejemplo, la socorrida madre, esa que, dicen, no hay más que una, es capaz de soltar alguna lagrimita y detener el puño siempre a punto de caer, ese que nunca se cansa de repetir que las cosas son así y punto. Por eso es del todo acertado que para la pringosa publicidad del mejor recaudador de impuestos del Estado, la Lotería Nacional, hayan echado mano de una socorrida anciana que en circunstancias normales y a la vista de sus confusiones temporales -las que se muestran en el anuncio en cuestión, por otra parte, tan proclives a esa edad-, habría acabado en una residencia de la tercera edad el mismo día del conocimiento público y familiar de su desbarajuste mental y temporal.

Porque, qué mejor que apelar a ese corazón casi enyesado por un día a día que no da para muchas alegrías -quizás más lágrimas, pero de las otras- si con ello se consigue enternecer el bolsillo de tanto sacrificado sin apenas tiempo para detenerse y ayudar a quién en la calle necesita una ayuda más directa y efectiva. Ese mismo tipo serio y ajetreado, pillado a traición entre prisas y calendarios, aflojará la cartera embelesado con otra esperanza, que siempre viene a ser la misma, y colaborará voluntaria y gustosamente con la hacienda pública gastando más de lo que puede vía esos sabrosos impuestos indirectos que son para las arcas públicas los benditos sorteos.

A fin de cuentas, en un país de curas dedicados durante siglos a pregonar y vender el paraíso como forma de mentira piadosa, amén de adiestrar al personal haciéndole confundir la caridad con la justicia y, ya de paso, fomentar y bendecir la santa resignación terrenal, tiene todo el sentido del mundo vender humo mediante una mentirijilla que, seamos serios, sólo es buen corazón… ¿y quién no lo tiene en estas fechas tan especiales?

 

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario