Sensibilidades

Ha hecho buen tiempo y aunque fuera Octubre y según la costumbre y época del año las temperaturas deberían haber sido frescas con tendencia al frío sin embargo no había nada mejor que coger el coche y salir pitando a la playa como si fuera verano porque apetecía y aunque no les pareciera del todo bien a esa insistente caterva de expertos y agoreros empeñados en amargar la fiesta a los demás vía sus permanentes sermones con eso del calentamiento global del que pocos más que ellos saben y les resulta difícil demostrar debido a que casi nadie o precisamente nadie dispone de una estadística fiable de los posibles comportamientos y reacciones del planeta a lo que milenio tras milenio viene sucediendo en su siempre cambiante y golpeada corteza permanentemente ocupada por millares o millones de especies vegetales y animales que van y vienen sin cesar de reproducirse y mutar dando paso a otras nuevas también dedicadas a ocupar un espacio concreto o deambular de aquí para allá hoyando una antigua y siempre cambiante superficie que se transforma y en ocasiones colapsa indiferente a sus ocupantes que en nuestro caso suman el maravilloso progreso o descubrimiento de la consciencia de nuestra temporalidad y su sometimiento al poco tiempo disponible para sentirla y hacerla satisfactoria sin que en principio nos preocupe su predeterminado y animal fin que en cierto modo nos obliga a decidir sobre la marcha y disfrutar cuanto podamos o queramos sin que tampoco importen esos semejantes a los que les da por sentirse de algún modo responsables de lo que otros según ellos más alocados o inconscientes le están haciendo al planeta con su incesante y voraz consumo sin fin frente al cual no les queda más remedio que dedicarse a reprimir y censurar a todo aquel que puede divertirse y disfrutar afeándoles su irreflexivo comportamiento con su propia y temporal casa mientras amenazan con que el futuro del planeta depende precisamente de lo que cada cual haga con su existencia y los baños a destiempo en Octubre siempre ajenos a nuestra propia insignificancia y la palmaria evidencia de que el presente y futuro de este planeta ya lo predijo Dios dejándonos en él a nuestro albur algo preocupado por nuestra indolencia y nada por una intrascendencia como especie que poco o nada puede hacer respecto de sus designios a pesar y en contra de tanto purista soberbio que se considera y valora por encima del Creador atreviéndose a señalar a quienes según ellos no son lo suficientemente responsables y pesimistas y piensan y actúan según sus pasajeros caprichos de inmediato tachados de poco o nada solidarios también con el resto de los ocupantes de esta tierra además de hacerles responsables de la miseria de ese millonario porcentaje de habitantes con menos poder adquisitivo que probablemente haría si pudiera lo mismo que ellos y más pronto que tarde llegará el día en el que una gran mayoría pueda hacerlo aunque tengan que aguantar a otros congéneres concienciados igual de pesados calentándoles la cabeza con la misma o aún si cabe más apocalíptica insistencia porque no tienen nada mejor que hacer que entretener su aburrimiento y escasa imaginación fijándose y afeándole a sus semejantes que no piensen en el futuro de sus hijos y el planeta que les están dejando como si a cada cual le preocupara el mañana cuando lo que cuenta es lo que puedas vivir hoy y los que vengan detrás que arreen.

 

Publicado en Literatura | Deja un comentario

Sentimientos

“No se puede jugar con los sentimientos de la gente”, volvía a repetir; era la respuesta final cuando la conversación intentaba ir más allá del simple y cauto comentario buscando algo más que una aséptica opinión o el mero salir del paso. Respuesta o sentencia que, en última instancia, dejaba la impresión de ser otro modo de evitar cualquier juicio y con ello echar balones fuera repartiendo culpas entre unos y otros y eximiendo de toda a sus paisanos, víctimas finales de todo lo que estaba sucediendo últimamente en su ciudad, Barcelona. Afirmación que, dicha en un tono entre definitivo y solemne, parecía casi como mentar a la madre, un punto y aparte en el que detenerse porque no había nada más que decir, o, yendo más allá, porque no se sabía o quería, cerrando de ese modo el paso a una opinión más que, a partir de cualquier otro u otros supuestos, incluso más sensatos o razonables, pudiera dar al traste con la coartada de los sentimientos y demostrar que esa versión o punto de vista, como último intento de justificar o zanjar las relaciones entre personas de diferentes pareceres, quizás venga bien para asuntos amorosos, pero no para cuestiones políticas o sociales, necesitadas del buen juicio y el mejor uso de la razón. También puede ser que eso de los sentimientos, sin dejar de ser cierto, viene bien como excusa cuando no se tiene mucho más que decir, ni se quiere o interesa, sobre todo porque con ello se cierra la puerta a cualquier otro que puede opinar con justa imparcialidad; lo que también puede significar que no se quiere dar el brazo a torcer, evitando o despreciando de ese modo las muchas o pocas razones puestas sobre la mesa, incluidas la verdad o solución que en el fondo todos saben y la parte de los sentimientos no se atreve o no desea reconocer.

Después, todavía con su respuesta o evasiva rondándome en la cabeza, concluía que pretendiendo decirlo todo no decía nada. Sus palabras se parecían más a una cómoda lección aprendida y repetida con la intención de justificar lo injustificable, como es conceder el protagonismo a algo tan voluble y caprichoso como los sentimientos en cuestiones políticas; terreno en el que las pasiones suelen jugar malas pasadas. Si todos sabemos, entendemos, aceptamos y comprendemos los devaneos y problemas que puede provocar el corazón a la hora de enamorarse y cómo cuesta razonar ante ello, no digamos en cuestiones que sobrepasan el ámbito personal y tienen que ver con la vida en común.

Si en cuestiones de amor creo que es mejor seguir al corazón porque en juego hay mucho de uno mismo, en cambio, en el terreno político, donde ha de imperar el acuerdo y la colaboración como elementos fundamentales de convivencia al margen de las emociones estrictamente personales, los sentimientos no son buenos consejeros; pueden ser tan diferentes en cada uno de nosotros que si hubiera que tenerlos en cuenta uno a uno sería imposible la convivencia. En política siempre es bueno que prime la razón y la justeza a la hora de organizar una convivencia que inevitablemente nos obliga a dejar a un lado algo de nosotros mismos a cambio de un presente y un futuro más o menos felices o esperanzadores.

 

Publicado en Política | Deja un comentario

Un trenecito…

Un trenecito turístico al uso -del que no recuerdo si incorporaba música ambiente- con el que ocupar y recorrer lo que una persona normal puede hacer andando y sin apenas esfuerzo, dos japonesas disfrazadas de japonesas elegantes en vacaciones consumiendo frenéticamente su tiempo hasta el último rincón y una silla de ruedas eléctrica en la que una señora de mediana edad accede allí donde no podría rodeada de amigos o conocidos dispuestos a echarle una mano con ese plus de esfuerzo y/o maniobrabilidad que el artilugio no puede vencer. Un trenecito turístico inventado para, en este caso, interceptar las estrechas calles de una pequeña y estrecha localidad junto al mar, lo que significa la casi eliminación de los pocos espacios públicos libres que dejan las terrazas y la parafernalia expuesta en los accesos a locales comerciales de todo tipo; dos japonesas con algunos desarreglos de costura persiguiendo las inacabables sugerencias de sus respectivos dispositivos electrónicos sentadas ante una carta de la que eligen al azar por asociación, curiosidad o extrañeza, o tal vez por apetito, y una silla de ruedas eléctrica inventada para facilitar a personas con problemas de movilidad -en este caso no me refiero a las personas del trenecito- el acceso a lugares considerados como derechos y que sus circunstancias físicas particulares no les permiten.

Un trenecito en el que se apretujan parejas de todo tipo, mayormente con exceso de kilos, sin ningún sentido del ridículo y sin que esa especie de transporte les sirva siquiera como experiencia; dos japonesas que hacen como que malcomen sin hambre unos alimentos que se arrugan y enfrían en los platos mientras no dejan de manipular sus teléfonos móviles y una silla de ruedas eléctrica en la que simbólicamente cabemos todos puesto que nos hemos convencido, y como tal lo exigimos, de que merecemos llegar allí donde no necesitamos ni importamos.

Un trenecito turístico pintado de blanco como culminación del entretenimiento viajero, oferta sin demanda dirigida a erráticos turistas hastiados de caminar y mirar sin ver y con tendencia a refugiarse en cualquier artefacto o lugar en el que postergar un poco más el inevitable aburrimiento; dos japonesas que se maquillan, pintan y peinan en la misma mesa en la que sus platos entristecen picoteados al azar mientras piden la cuenta y una mujer en una silla de ruedas eléctrica que conversa animadamente con sus acompañantes tras haber solventado sin esfuerzo la cuesta que accede a otra casa, otro jardín u otro rincón, como tantísimos más, de los que se venden como encantadores.

Un trenecito con el que matar el fastidio que nos abruma cuando viajamos allí donde jamás nos interesó, dos japonesas que pagan la cuenta con billetes nuevos y abandonan el local en dirección a la tienda de souvenires en busca de ídem dejando los platos medio llenos y una silla de ruedas como epítome del triunfo de la técnica sobre la geografía y la imaginación; un triunfo que nos habilita como detentadores exclusivos de derechos y reconvierte una disfunción física o psicológica personal en éxito social.

Publicado en Viajes | Deja un comentario

Tom Petty

Estos días suena en casa la música de Tom Petty, homenaje obligado después de su muerte el pasado lunes día 2. He buscado entre los vinilos y el más antiguo que tengo suyo es del año 1982, aunque ya lo conocía con antelación, pero por entonces mi salud económica no era muy boyante, por no decir nula, no existía. Así que, puestos a contar, son más de treinta años acompañándome con su música, una música que siempre me dibujaba una sonrisa y mejoraba mi estado de ánimo, sobre todo en esos días en los que uno no sabe dónde poner el huevo.

Su fallecimiento también me ha traído a la memoria algunas discusiones con los amigos de entonces, antes de la famosa movida, discusiones en las que, todavía dominado el panorama musical por los socorridos cantautores -con los que nunca terminé de encajar- yo era más bien un bicho raro que escuchaba blues y rock mayormente cantado en inglés; para algunos de aquellos amigos y/o compañeros de noches y cervezas resultaba difícil de entender tales gustos o aficiones cuando por aquí había tantas cosas por reivindicar mediante la música; y yo colonizado e invadido por música hecha en otros lugares. Pero tal predilección por mi parte tiene otros motivos que ahora no vienen al caso, tal vez en otro momento.

Con uno de aquellos en particular recuerdo algún enfrentamiento, sin llegar a diatriba, más o menos intenso; él, por entonces, reivindicaba a su admirado Lluis Llach, un señor al que Tom Petty no le llegaba ni a la suela de los zapatos; pero la sangre nunca llegó al río, todavía seguimos hablándonos y los cantautores desaparecieron sin pena ni gloria. La tan manida música de los ochenta explotó y yo, además de disfrutarla como el que más, seguí, con los consiguientes altibajos, enganchado a Tom Petty, a sus canciones siempre honestas, sus melodías y sus inconfundibles guitarras que siempre tocaban el punto correcto. Por supuesto mis hijos también lo conocieron cuando llegó el momento, incluso recuerdo algunas vacaciones de verano con el mismo disco de Tom Petty sonando en el coche y discutiendo entre nosotros qué canción poníamos primero, cual repetíamos y si una vez acabado el disco, ahí el acuerdo era general, lo volvíamos a dejar sonar entero.

Tal vez sea una casualidad que precisamente ahora, con su desgraciada muerte haya recordado aquellas insustanciales polémicas de jóvenes. Por cierto, no deja de ser curioso cómo la lóbrega, pretenciosamente introspectiva y ampulosa música del señor Llach ha quedado relegada en el olvido y el tipo deambula hoy reconvertido en santón nacionalista a costa del erario público, amenazando incluso con la extradición a todo aquel que no piense como los suyos… dicen que el tiempo pone a cada cual en su lugar.

Tom Petty ha muerto haciendo lo que siempre hizo, música, con la misma energía e igual de bien, con esa sinceridad y cercanía que impregnaban sus canciones y que hasta hoy siempre me ha acompañado, y lo seguirá haciendo, sobre todo en esos momentos en los que uno necesita un buen amigo al lado o una compañía que te levante el ánimo en otro día gris.

 

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Esperpento

Esperpento (Acepciones… entre otras).

“Persona, cosa o situación grotescas o estrafalarias” (RAE; unas de las actuales definiciones).

19ª edición del Diccionario de la RAE (1970): “Género literario creado por Ramón del Valle-Inclán en el que se deforma sistemáticamente la realidad, recargando sus rasgos grotescos y absurdos… para ello se dignifica artísticamente un lenguaje coloquial y desgarrado en el que abundan expresiones cínicas y jergales.»

Otras: Lo grotesco como forma de expresión; la degradación de los personajes, su reificación o cosificación, reducidos a mero signo o a muñecos. El abuso del contraste; la mezcla de mundo real y de pesadilla o la distorsión de la escena exterior. La deformación sistemática de la realidad, la apariencia de burla y caricatura de la realidad.

Escenario: Cataluña el pasado día 1 de Octubre.

Personajes: Unos dirigentes autonómicos y locales caricaturescos y exagerados, una ciudadanía degradada y envilecida y un gobierno nacional formado por una panda de tipos políticamente inútiles. Además de una fauna política provinciana, miope e incompetente.

Nota. Quizás, a partir de estas notas que cualquiera puede recopilar, el mundo deje de asombrarse incrédulo por lo que sucede en España y, ya puestos, disfrute leyendo a Valle.

Publicado en Política | 1 comentario

Reconciliación (y 2)

Pero cometo el error de intentar imaginar algo parecido al caso francés en mi propio país, es decir, buscar un punto o momento en nuestra historia más o menos reciente en el que hubiera ocurrido algo similar, una especie de reconocimiento de errores o acto de reconciliación entre los contendientes del último y sangriento conflicto bélico entre españoles; un acto que hubiera permitido, dentro de lo posible, cerrar las heridas y reconstruir el país uniendo fuerzas ante un futuro común… eso es, supongan el fracaso y el país que, de hecho, no somos. Ese necesario pegamento emocional, ese reconocimiento público de aciertos y errores unido al deseo conjunto de comenzar a construir a partir de una esperanzadora reconciliación nunca ha existido por aquí, tampoco un proyecto compartido capaz de vencer tanto rencor enquistado.

El enfrentamiento que dio origen a nuestro último y tremendo conflicto, la Guerra Civil, sigue absurdamente sin cerrarse, no entre sus ya casi totalmente desaparecidos protagonistas, cuestión irrelevante además de imposible, sino tampoco entre sus supuestos descendientes, lo que es muchísimo peor; y sin ese compromiso sigue siendo difícil un proyecto único y colaborativo de país. Nunca ha habido declaración, ni pública ni privada, de los propios errores, todo lo contrario, y creo que en el fondo de todo ello subsiste una pertinaz cerrazón -tan característica, por otra parte, de las gentes de esta tierra- a la hora del entendimiento y la colaboración, cuando no simple estupidez de los implicados, calificativo que más veces de las deseadas podría ser aplicable a gran parte de una población conscientemente ausente que sigue prefiriendo dejarse llevar, habituada como está al patético sainete de las viejas pendencia y sus facciones irreconciliables. Abrevadero en el que siguen alimentándose tanto resentidos y rencorosos caudillos de provincias como intelectuales de círculo católico -igual o más biliosos aún en sus casposos sermones-, tipos incapaces de orientarse en el presente dedicados en cuerpo y alma a remover la mierda con tal de revivir odios, antiguos conflictos y provocaciones sin base real hoy.

Así estamos, una gran parte de la población amagada en un silencio egoísta y cobarde mientras otros se empeñan en buscar desesperadamente una identidad a la que agarrarse, y en ambos casos incluso en contra de sus propios intereses. Por eso seguimos siendo incapaces de ser dueños de nuestro presente, todavía, y eso dice mucho de nuestra ignorancia y nuestra inmadurez democrática, aficionados, aún, al palo, a los caudillajes y caciquismos de todo tipo y a los exaltados discursos de políticos de baratillo que todo lo resumen a que Villarriba se venda mejor que Villabajo; oportunistas sin oficio y ansiosos de beneficios habituados a ganarse la vida a costa de la desidia general.

Y qué mejor ejemplo para confirmar lo que estoy diciendo que el actual gobierno del país, un gobierno proveniente del partido formado por los mismos dirigentes de la dictadura, una auténtica corte que, frustrada entonces por no poder convencer a la población de que votara no a la reforma política que daría paso a esta especie de democracia que padecemos, probablemente porque veía en ello su fin, no tuvo más remedio que reciclarse a última hora para intentar a toda costa mantenerse en el poder y así conservar sus prerrogativas. El mismo partido que todavía hoy sigue sin reconocer públicamente una cosa que se enseña en cualquier clase de Historia Universal de cualquier centro escolar del mundo, que en 1936 en España hubo un golpe de estado contra la legalidad vigente que dio lugar a una guerra civil y a una dictadura fascista que duró cuarenta años. Poco más, los matices, particularidades, acusaciones y violencias por ambas partes deberían reconocerse, estudiarse incluso, reconducirse y valorarse en lo que fuere, pero siempre con el objetivo de un punto final en el que intervinientes y herederos cerraran por fin un desgraciado capítulo ya concluido y acordaran un nuevo país.

Esa es la piedra en el zapato de un país que no sabe ser tal. Ese posible escenario se presentó tras la muerte del dictador, pero los interpretes estaban demasiado ocupados en sus propios intereses, unos intentando reconvertirse en nuevos demócratas y perpetuarse en el poder y los otros empeñados en despachar y saldar cuentas de hacía cuarenta años, de obtener una remuneración a cambio de su permanente enfrentamiento en la sombra a la dictadura o de directamente volver atrás y continuar lo que ya no tenía sentido, sencillamente porque esos años de autocracia habían creado una población nueva que probablemente no estaba interesada en liquidar ninguna deuda, sino que le preocupaba mucho más seguir viviendo en paz. Así, unos y otros, consciente o inconscientemente olvidados de la población real -sujeto amedrentado y sin experiencia que solo supo responder con un silencioso acatamiento-, dejaron para nunca el cierre de la contienda y se dedicaron a reproducir e imponer la misma reyerta que había enfrentado a sus padres y abuelos. Los pactos firmados a partir de entonces no tuvieron nada de regeneradores ni que ver con una reconciliación y el proyecto de un país moderno, tareas que entonces sí podían acometerse puesto que era la totalidad de la población la que salía de una dictadura; todo lo contrario, más de lo mismo pero ahora con los protagonistas renovados. Y así seguimos hoy.

 

Publicado en Viajes | Deja un comentario

Reconciliación (1)

Cuando se visita el Memorial de Caen (levantado a partir de la memoria del desembarco de Normandía en Junio de 1944) la tristeza por la gigantesca destrucción provocada y la irritación contra quienes la fomentaron o la permitieron no cesa de aumentar a medida que se avanza en la visita, da igual que se vaya advertido o se conozca mucho o poco sobre la Segunda Guerra Mundial, porque uno no deja de sorprenderse por las imágenes originales y la magnitud de las cifras de aquel disparate. Franceses, británicos, alemanes, americanos o japoneses pasan, o pasamos, en respetuoso silencio ante los textos, las imágenes y las grabaciones de la época sobre el conflicto mundial, cada cual con su propia memoria o idea y deteniéndose en determinadas zonas más que el resto -resultaba tan curioso como intrigante ver detenidos a un pequeño grupo de japoneses ante las fotografías, grabaciones y documentos de la parte dedicada a la guerra del Pacífico, al verlos era inevitable preguntarse por lo qué pensarían de los padres y abuelos que intervinieron o sufrieron aquel despropósito.

Durante el recorrido por rampas y salas solo se oyen los comentarios y músicas de los documentales o las voces de las grabaciones de testigos directos entrevistados décadas después, niños de entonces a los que todavía hoy se les saltan las lágrimas cuando cuentan lo vivido y sufrido. Y si uno echa un vistazo alrededor tiene la sensación de que una gran mayoría de los visitantes que nos repartimos por las numerosas salas tienen o tenemos claro quiénes fueron los promotores o causantes principales de aquello y a quienes les toco defenderse o ayudar a quien lo necesitaba. Abstenciones, miradas hacia otro lado o puntualizaciones históricas o sociales al margen, que siempre existen y existirán, los bandos parecen bien definidos y los culpables primeros también, lo que en principio ha permitido a la propia Europa dar por cerrada, dentro de lo humanamente posible, una etapa de su atribulada historia y, a sabiendas de los errores cometidos, pasar página y ponerse a trabajar en común en una continuación que con los consiguientes altibajos nos ha traído hasta este presente.

Llega un momento en el que la visita cronológica por aquellos años nos lleva a un apartado dedicado a la ocupación de Francia por el ejército alemán y la firma del Armisticio que dio lugar a la Francia de Vichy. Tampoco aquí, sobre todo por parte francesa, existen dudas acerca de quién actuó correctamente y quiénes no; quiénes, a pesar de las apariencias, fueron los derrotados y quiénes hubieron de vivir escondidos y humillados hasta la victoria aliada final. La sensación ante los paneles y las imágenes es que, sin acusaciones directas ni veladas, se da por hecho y zanjado quiénes se equivocaron pactando y arrodillándose ante el enemigo y quiénes decidieron resistir con sus pocas fuerzas e incluso a costa de sus propias vidas hasta el fin de la guerra; y es a partir de ese reconocimiento mutuo y de la superación de los inevitables rencores, a partir de ese necesario acto de reconciliación, de la asunción de los propios actos, todos juntos, como se empieza a reconstruir un país, como una piña; eso es hoy Francia.

 

Publicado en Viajes | Deja un comentario

San Juan de Luz

San Juan de Luz es San Juan de Luz, con, imagino, el dolor que eso significa para la facción más pendenciera del nacionalismo vasco, que no tiene más remedio que aceptar la particular personalidad de una localidad que luce en este mundo antes que ellos y por el momento no parece estar dispuesta a dejar de ser lo que durante estos últimos siglos ha venido siendo, una población con prestigio real. San Juan de Luz también puede parecer al visitante poco dado a las peculiaridades un parque temático en el que, además de la propia reputación del lugar, se ofrece la propia tierra en cada esquina, sus manufacturas más elementales y sus productos primarios, todo ello envuelto en una refinada y orgullosa patina burguesa habituada a codearse con la aristocracia y la realeza; cuestiones tan curiosas como interesantes.

Porque San Juan de Luz es, o fue, al igual que San Sebastián, un destino de verano para los reyes de ambos países, y esa proximidad a la corona, por obligación, orígenes o intereses, ha dejado en la localidad un poso de elegancia que puede notarse en sus calles y casas, así como en sus interiores, en los que uno pude indiscretamente curiosear a través de los cristales de unas ventanas sin persianas ni cortinas mientras pasea por la noche. Elegancia que también se nota en las numerosas tiendas de ropa -tan feliz y vistosamente alejadas de ese feísmo cutre “oteguiano”- regentadas por amables y atentas señoras que entienden el mundo como un lugar correcto y casi perfecto en el que, precisamente, ellas ocupan el centro, no porque te lo impongan de forma abusiva o irrespetuosa sino porque te lo hacen sentir con el simple trato. Aunque una gran mayoría de visitantes, más de turismo de aluvión -la impresión es que allí siempre hay gente, curiosos o viajeros de paso atraídos por el lugar y su comercio-vayan y vengan ajenos a ese antiguo ascendiente que los originarios de allí, imagino, consideran natural y del que, de algún modo, se sienten orgullosos.

San Juan de Luz es comercio, como lo es la mayor parte de esta zona costera que ocupa el norte de España y el suroeste de Francia, el País Vasco -no hay más que recorrerlo-, comercio e intercambio asumido como una manera de ser, vivir y trabajar que, supongo, impide a los nativos permanecer quietos en el mismo sitio contemplándose el ombligo mientras el mundo se mueve alrededor; aunque en la parte española de esta zona un carlismo decimonónico y provinciano venga empeñándose en autocortarse las alas en un apostólico intento por impermeabilizarse frente al exterior y la realidad del tiempo en el que viven. Pero San Juan de Luz es también parte de Francia -le Pays Basque, como muestran numerosas tiendas al público-, y eso lo saben absolutamente todos, los de este y los del otro lado de la frontera, y poco más; ya se encarga la cartelería municipal de informar primero en francés y luego en vascuence.

Pero dejas San Juan de Luz y Francia dura ya poco, sobre todo porque inmediatamente después cruzas una hipotética frontera y el francés desaparece de paneles y carteles, ahora te informan del lugar al que acabas de entrar euskera e inglés (?); también se nota que ya no estás en Francia porque el tráfico comienza a ser tan caótico e irrespetuoso como en cualquier otra parte de España.

 

Publicado en Viajes | Deja un comentario

Deseos

La madre, arrobada por la criatura y ya casi sin piropos que lanzarle, cerró el breve interludio de éxtasis maternal con un “… al menos que sea feliz”; deseo lógico, fácil e intrascendente pero que me dejó con la mosca detrás de la oreja, quizás fuera porque no tenía nada mejor que hacer en aquellos momentos y la frase caía en terreno abonado.

Ese deseo de felicidad a toda costa podría significar que a la criatura, consecuentemente, no le faltaría de nada durante su vida, al menos durante el periodo que estuviera a cargo de sus padres, incluso hasta más allá de donde el sentido común aconseja, lo que es peor. O tal vez quisiera decir que su infancia fuera feliz, luego el mundo se encargaría de ponerlo en su lugar tal y como viene haciendo con cada uno de nosotros. Ese deseo de felicidad tan visceral también podría significar un exceso de protección, tan desgraciadamente común en muchos casos, obsesionado con evitar cualquier mala imagen o experiencia a la criatura, entendiendo por malo todo aquello que pueda contravenir la santa voluntad del infante, o cualquier escena real triste, dramática o directamente trágica que pudiera incidir de forma inconveniente, y hasta traumática, en ese cerebrito en formación; para evitar lo cual mamá estaría dispuesta a todo, a taparle ojos y oídos y, si fuera necesario, volverle la cabeza para no ver ni recibir impresiones que no provinieran directamente de la factoría Disney, no fuera que alma tan tierna llegará a sufrir intuyendo que el mundo de ahí fuera no está hecho para su exclusivo disfrute y felicidad personal. Entonces, aquel deseo se me antoja una auténtica maldición.

También podría referirse tan enternecedora madre al futuro más o menos lejano de su hijo, un futuro en el que lo imaginaba feliz como una persona sensata y responsable que sabría encontrar esa ansiada felicidad en el disfrute de su propia vida, llevando adelante, como todas las demás personas, una azarosa e incierta existencia en la que suele haber de todo, ni definitivamente mejor ni definitivamente peor, y que solo la buena educación de cada cual es capaz de ver, aceptar y entender como se merece. En este caso los deseos de felicidad son compartidos por muchos de nosotros y son lo más lejano a una maldición, todo lo contrario.

Aspiraciones, en fin, que no nos cansamos de desear y desearnos, aunque en el fondo sepamos que son solo eso, buenos deseos que, sin lugar a dudas, tienen la virtud de hacer una conversación más agradable; aunque, ahora que lo pienso, siempre empeñados como estamos en la búsqueda de la felicidad, tal vez se trate de eso la epidemia de pantalones cortos que ha infectado a adultos de toda edad y condición, siendo otro desesperado intento por recuperar la inconsciente felicidad de la infancia, lo que sucede es que ahora las rodillas aparecen menos lustrosas que entonces, algunas grimosas, y carentes de desolladuras y moratones por las interminables caídas infantiles.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Manipulación

Ignoro si todavía siguen las discusiones sobre autorías, medios, errores, acusaciones y ausencias en relación con los atentados en Cataluña de hace unos días; ahora toca que científicos, periodistas y expertos de toda ralea pontifiquen mediante hipótesis y teorías de peso y se multiplique una mala, falsa e inútil información convertida en una rastrera y general exhibición de cinismo que han de soportar en silencio los invitados de siempre, los ciudadanos, la carne de cañón que igual sirve como víctima que cómo imbécil al que nuevamente engañar con una política que cada vez se parece más a un juego de trileros.

Una de las pocas e irrebatibles verdades de todo esto, siempre después de los muertos, es la extrema juventud de los autores de los atentados -que cada cual los llame como le parezca-; jóvenes, según quienes les conocían, normales de los que en principio nadie podría sospechar. Nadie que no pensara que los jóvenes son precisamente eso, tipos con pocos años llenos de fuerza y cada vez con menos oportunidades y aspiraciones a los que manipular y redirigir para convertirlos en todo lo contrario a ciudadanos obedientes, instrumentos con los que golpear a quienes no piensan, viven o sienten igual, esos, despectivamente otros, a los que es difícil convencer -en muchos casos por carecer de razones- por los medios usuales de entendimiento entre las personas. Sin embargo, pocos se han dedicado a denunciar, además de la importancia de esas manipulaciones, los fallos de una sociedad que obliga a pasar por la escuela a sus pequeños y luego es capaz de dejarlos con el culo al aire, cuando más necesitados están de una orientación responsable e inteligente, a lo que añadir unas oportunidades para encauzar sus vidas de forma digna y personal y socialmente útiles. Todo lo contrario, estos jóvenes son literalmente abandonados a su ignorancia cuando finaliza la etapa escolar obligatoria; feo asunto si solo hemos sido capaces de mal organizar una educación tan corta, y hasta malintencionada, que no sirve para encandilar a unos chavales que lo tienen todo para aprender -que cada cual asuma sus culpas. Como sociedad es deplorable, además de inmoral. Lo que no impide que nos hayamos habituado a que muchos de nuestros propios hijos, a falta de algo mejor, se agrupen en tribus de todo tipo -urbanas, nos gusta decir- con tal de sentirse aceptados e integrados entre otros de edad y condiciones sociales similares, grupos que suelen ofrecer un sentido temporal y necesario a sus vidas; precisamente por eso no debería extrañarnos que indeseables, frustrados y resentidos de todo tipo vean en estos jóvenes de escasos argumentos y difícil futuro un mercado, con una fuerza y un potencial enorme, que manipular según sus intereses. Aunque eso también lo deberíamos saber.

Estos jóvenes en los que la educación no ha llegado a calar y, como todos los demás, deseosos de dar con un motivo que reorganice sus propias vidas, serán reconvertidos en víctimas capaces de llevar a cabo barbaridades contra los demás sin que ellos mismos sean conscientes de lo que están haciendo ni de sus repercusiones; lo que más o menos ya hizo por aquí el nacionalismo vasco a la hora de armar a ETA y tener amedrentado a todo el país, incluso con los más jóvenes, a los que también manipulaba y utilizaba para quemar autobuses y destrozar el mobiliario público con tal de tener también atemorizados a sus propios conciudadanos; por eso no parece un disparate afirmar que de aquello viene la felicidad económica que ahora disfrutan los vascos. Son los mismos jóvenes que en la actualidad usa el nacionalismo catalán para alborotar la calle y pintarrajear las paredes. Los mismos jóvenes que manipulará cualquier desaprensivo -cura, imán, anticapitalista o ateo progresista- dominado por sus miedos y su inadaptación al mundo que le ha tocado vivir, y algo estúpido a la hora de hacerse entender; permanentemente amagado en su escondite y obsesionado en reconvertir sus temores en un destilado de violencia, una violencia que cobardemente es incapaz de poner él mismo en práctica y para la que necesita de la manipulación de tanta joven cabeza desarraigada y con pocas o ninguna ilusión para sus pocos años.

Una cosa más, una diferencia apreciable entre los llamados terroristas musulmanes y los nacionalistas a la hora de reclutar sus peones es que los primeros pretenden destruir una sociedad que, al fin y al cabo, no es ni han llegado a sentir como suya, tampoco sus cachorros -las causas también las sabemos. En cambio, los nacionalistas no pueden hacer lo mismo porque en este caso la sociedad del enemigo es también la suya, lo que ocurre es que, en su precariedad intelectual reconvertida en odio, no han sabido ser convincentes por medios razonables ni encontrar ningún medio a través del cual hacerse oír en ella, su influencia es despreciable y únicamente les queda la violencia como forma de estar presentes, pero una violencia controlada que no destruya por completo lo que ellos pretenden heredar con sus malos modos. Falta preguntar qué pensarán mañana estos chavales, pero eso ahora a nadie le interesa.

Publicado en Sociedad | Deja un comentario