Un nuevo año

“Existe entre nosotros -le dije- una asociación de hombres instruidos desde su juventud en el arte de demostrar con palabras multiplicadas para este fin que lo blanco es negro, y lo negro blanco, según sean pagados. El resto de la gente es esclava de esta asociación.

Por ejemplo, si mi vecino codicia mi vaca, paga a un abogado para que pruebe que debería pertenecerle a él. Debo, pues, contratar a otro abogado que defienda mis derechos, ya que va en contra de toda la perceptiva legal el permitir que uno hable por sí mismo. En este caso, yo, que soy el verdadero propietario, tengo una doble desventaja: en primer lugar, como mi abogado se ha entrenado casi desde su cuna a defender causas injustas, se encuentra muy desplazado al defender al defender una justa; es esta una ocupación antinatural de su talento, que siempre ejecutará con gran torpeza cuando no de mala gana. La segunda desventaja consiste en que mi abogado debe proceder cautelosamente, pues corre el riesgo de ser reprendido por los jueces y aborrecido por sus colegas por querer menguar la práctica de la ley. En consecuencia, solo tengo dos métodos para conservar mi vaca. El primero consiste en sobornar al abogado de mi adversario pagándole el doble que él; entonces traicionará a su cliente insinuando que la justicia está de su parte. El segundo método se basa en que mi abogado presente mi causa del modo más injusto posible concediendo que la vaca pertenece a mi oponente. Si eso se hace hábilmente, el resultado será favorable.

Ha de saber Su Excelencia que los jueces son las personas designadas para zanjar todos los litigios sobre la propiedad, así como también los procesos criminales. Se les selecciona de entre los abogados más expertos cuando estos se vuelven viejos o perezosos, y como han sido durante toda su vida enemigos de la verdad y la justicia, sienten tal necesidad de favorecer el fraude, el perjurio y la opresión que he visto a varios de ellos rechazar un cuantioso soborno de la parte a la que le asistía el derecho antes que insultar a su corporación haciendo algo en desacuerdo con la naturaleza de su misión.

Es una máxima entre estos abogados que todo lo que se ha hecho antes puede volverse a hacer legalmente. Así anotan con especial cuidado todas las decisiones precedentes que van contra la justicia natural y el sentido común universal.

He de observar que esta corporación posee una jerga o argot propio, que ningún otro mortal entiende, y en el que están escritas todas sus leyes, que ellos tienen especial cuidado en multiplicar de suerte que la misma esencia de lo que es la verdad, la mentira, la justicia y la injusticia se halla totalmente oscurecida.

Por toda respuesta a Su Excelencia, le aseguré que en todo lo que no hacía referencia a su oficio, formaban, por lo general, la raza más ignorante y estúpida entre nosotros, la más despreciable en la conversación normal, la enemiga declarada de todo conocimiento y saber, siempre dispuesta a pervertir el sentido común humano, tanto en cualquier tema de discusión como en su propia profesión.”

            Los viajes de Gulliver. Jonathan Swift (1726). Traducción de Pedro Guardia Massó; Mondadori, 2008. Pg. 277 y ss.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Fiestas

En el trajín del local a medio llenar, cada cual a lo suyo, en solitario o departiendo en grupo mientras se dan cuenta de cervezas, refrescos o combinados de todo tipo nadie se apercibió de su llegada, el móvil pegado a la oreja y cara de escucha entre atenta y preocupada. Se escurrió entre un tipo y una mujer dedicados a sus respectivos acompañantes y pidió una cerveza grande sin descuidar el teléfono, una conversación al parecer importante. El camarero se la sirvió sin demora y antes de que le diera tiempo a preguntar tapa y cuál ya había desaparecido en dirección a la única mesa que quedaba libre junto al ventanal frente al parque, a esas horas ya poco concurrido. No le apetecería, pensó el otro tras la barra.

Si, vale, pero… ¿cuántos seremos? No me apetece mucha gente porque luego se forman grupos y aquello se convierte en un guirigay sin nada en común. Prefiero menos gente para que sea más fácil intervenir y nadie se quede colgado, cada cual como lo considere oportuno, como siempre…

Quien quiera que hablara o escuchara al otro lado de la línea debía de hacerlo con atención porque por el gesto y tono de sus palabras el tipo no parecía muy dispuesto a dar su brazo a torcer. Lo estaría pensando… o no. Dejó de hablar -ahora prestaba atención con gesto circunspecto. No, no me parece bien. Sigue siendo demasiada gente… además, como decía no nos conocemos todos y será más fácil que se formen grupos. Si alguno de los presentes, sin nada mejor que hacer aparte de beber, se hubiera interesado en hacerle un hueco a la conversación no habría tenido problema para seguirla y curiosear donde no se debe.

Un breve intervalo sin palabras le proporcionó la ocasión para un trago largo que medió el vaso, refrescante y reparador, listo para interrumpir a la otra parte y zanjar sus posibles dudas o inconvenientes. ¿Lo entendéis? -luego al otro lado debía de haber un altavoz o manos libres que justificaba el plural de la conversación. ¿Qué pensáis? ¿Por qué os cuesta entender que menos gente es mejor, como lo hemos venido haciendo hasta ahora? Si hay nuevos… amantes, amistades o conocidos que susciten dudas respecto a la comida es buen momento para salir, buscar o formar otro grupo más afín o acogedor… Además, cómo sabemos sus gustos y si coinciden con los nuestros, que tampoco son muy comunes, que digamos…

Otro silencio, probablemente completado al otro lado de la línea, daba pie a un nuevo trago, esta vez más moderado; la posible sed inicial ya estaría más que calmada. ¡No jodáis! ¿Y eso? ¿Qué mosca os ha picado? Más atención sin palabras, esta vez sin cerveza. En ese momento el camarero dejaba sobre la mesa una plato con patatas y aceitunas sin que el cliente pareciera hacerse cargo, agradecerlo y mostrar algún signo de estar precisamente allí. ¡Eh! ¡eh! ¡vale! No es para tanto, si es tan importante para vosotros se hace así, pero entonces el que se lo piensa soy yo, no estoy para novedades ni me apetece aguantar las ocurrencias o sermones de iluminados, tampoco las frustraciones, fracasos y moñas de advenedizos necesitados desesperadamente de compresión, ya tengo suficiente con lo que hay, se trata de cenar no de firmar una fecha inolvidable… Bueno, en ese caso queda pendiente… ya os digo algo. Adiós.

Vació el vaso al mismo tiempo que cortaba la conversación, abandonaba el taburete y serpenteaba entre la clientela hacia la barra sin perder detalle del ambiente, dejando a continuación un billete de cinco euros entre dos espaldas y despidiéndose al tendido. Ya en la calle sonreía pensando que no había estado mal, convincente, pero tenía que remolonear algo más y prolongar la conversación, al menos para que el tiempo corriera a su favor y no tuviera que andar buscando otro bar en el que invertir la tarde fingiendo conversaciones en las que se prometía unas fiestas al menos iguales a las del resto del personal. Que llegado el momento volviera a estar solo era algo que a nadie le importaba.

Publicado en Relatos | Deja un comentario

Es más…

… que probable que no a todo el mundo le guste ir y venir porque toca y no hacerlo es como si renegara de ser o respirar cuestionando la siempre sospechosa necesidad de un movimiento continuo que obliga a viajar y trasladarse del mismo modo que también gusta pensar que hay que verlo todo o cuanto se pueda con la íntima y no por ello menos controvertida convicción de que allá donde uno vaya será bien recibido porque conviene y es cómodo y fácil pensar que quienes nos acogen y toleran actuarían igual si tuvieran la mínima oportunidad de hacer como nosotros además de apreciar y disfrutar del mismo modo también ajenos a la ineludible obligación de pasar por alto la escabrosa y siempre presente sospecha de no ser bien recibidos quizás porque no gustemos ni nos necesiten para vivir tal y como llegamos a sospechar en algún momento sin que por ello receláramos de esa moda autista de ir porque sí o porque simplemente queremos sin que nadie haya de impedírnoslo desde el mismo momento en el que lo soñamos o imaginamos además de haberlo oído cuando lo dijeron o nos lo contaron sin que tuviéramos idea de su misma existencia y que no impidió que de inmediato sintiéramos que algo debía moverse en nuestro interior actuando en consecuencia y forzándonos a marchar allá donde tocara o estuviera de moda sin importarnos sí nos apetecía o cabía la posibilidad de que no nos gustara o nos repateara convirtiendo tanto idílico destino en zoológicos de mansos y gregarios con derechos que ignoran o desprecian al nativo que por educación y buenas composturas ha de aceptar sin rechistar esa tan moderna y necesaria tendencia a acudir y andorrear allá por donde apetezca o más que probablemente por donde otros antes ya lo hicieron por los motivos o caprichos que fuera dejando a su paso pistas y señales rápidamente colgadas y compartidas como entrañables o exóticos recuerdos que sin venir a cuento pasaron a ser comunes sin que nadie se preguntara qué fue lo que vio u oyó que apeteciera tanto o importara y cuantas de esas supuestas novedades o maravillas impostadas serían del agrado del futuro viajero porque precisamente quedaban en la otra orilla de su forma de ser o pensar y tan solo por ello obligaban al menos a algunas dudas no por ello menores o despreciables y para nada desechables o prescindibles además de suficientes para cuestionar un interés y tiempo con el que muchos seguían sin poder porque literalmente se les escapaba de las manos incapaces de llegar a todos lados y mucho menos de disponer metálico para ello lo que significaba dejar a la luz la verdadera naturaleza de tantas vidas atribuladas y sin descanso ansiosas por no perder pie y quedarse con el culo al aire mostrando la realidad de un sinnúmero de existencias agobiadas y permanentemente con la lengua fuera anhelantes de una pequeña demora en la que respirar de forma consciente y en la que además cupiera ese pequeño momento de lucidez en el que cada cual asume que estar en este puto mundo que no da tregua no deja de ser una casualidad que no nos hace mejores ni nos obliga a nada que no tenga que ver con una tan agotada como maltratada voluntad sobre la que hace tiempo perdimos potestad convertidos en muñecos de quita y pon que un dios miserable y cruel se encarga de poner automáticamente en pie para disfrute de un gigantesco engendro civilizatorio que visto cara a cara no deja de ser una carrera contra reloj hacia ningún sitio tan estúpida como incomprensible.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Diálogo salvaje (9)

En su tarea diaria el portero celestial, San Pedro, acostumbra a tener controlada la cola de aspirantes a la contemplación divina que ininterrumpidamente ascienden buscando su oportunidad definitiva -el porqué de su vidas-, siempre a la espera de un juicio final que se antoja demasiado alejado en el tiempo, si es que el tiempo significa por aquí arriba lo mismo que allí abajo.

─ ¿Usted es…?

─ Isabela Rodríguez Antúnez.

─ Ya -prosigue el portero mirándola con paciencia y sin alterar el tono ni su sabia imperturbabilidad. Y bien, dígame ¿se le ocurre o tiene algo que decirme que yo no sepa y debiera conocer?

La mujer, fijos los ojos en el barbudo y santo varón, asume sin parpadear un inesperado desconcierto acompañado con un encogimiento de hombros que muestra su extrañeza e incomprensión, de pronto descolocada en aquel lugar que nunca había imaginado de ningún modo en particular. Permanece mirando confundida.

─ ¿Me ha escuchado? ¿No tiene nada que decirme? -el apóstol pregunta sin necesidad ni auxilio de una hipotética superficie o lugar donde aparecieran, tal vez escritos, anotados o de algún modo visibles vida y hechos de la aspirante. Veo que su estancia en la tierra ha sido más bien parca en sucesos y excesos, sin nada extraordinario o relevante, quiero decir para el devenir de su existencia allí abajo.

Del persistente encogimiento de hombros, incredulidad o asombro de la mujer surge una voz entrecortada, más bien un susurro emitido con evidente dificultad, como si no supiera qué decir, al tiempo que rebusca en su memoria qué es lo que exactamente pretende aquel tipo. ─ Siempre me porté bien, cristianamente, obedecí en todo, hice lo que me ordenaron y, así mismo, traté de inculcar los mismos comportamientos en mis propios hijos.

─ Ya, lo sé y lo estoy viendo, no hay nada raro o excepcional, ningún extravío ni salida de tono, ni siquiera pasajera, tampoco pensamiento desviado o sospechoso. ¿Nunca se sintió en la tentación de alterar sus costumbres, de apartarse un poco de lo establecido -más asombro, si cabe, en el rostro de la mujer-, aunque solo hubiera sido por simple y humana curiosidad?

La confusión de la aspirante va en aumento y sin saber qué decir, preocupada por algún gato encerrado, un motivo u error que no recuerda. Se trataba de ser una fiel y obediente creyente, único y principal norte de su vida en el que lucía con intensidad la postrera satisfacción de llegar limpia de toda mancha hasta aquí, hasta este preciso momento. ─ Siempre tuve fe, fui buena cristiana, obediente y actué y me comporté como Dios manda.

─ No me cabe duda. Pero ante personas tan correctas, comedidas y prudentes como usted siempre me gusta preguntar si por casualidad no hubo algún momento de debilidad, un deseo íntimo, un pequeño desafío, alguna duda… algún si yo pudiera. Aunque es cierto que podemos ver todo, que sabemos todo, tanto obra como pensamiento, siempre están esos conatos o intenciones que no llegan a concretarse en propósitos o deseos claros y discernibles que tal vez y de algún modo pudieran habérsenos escapado. Porque no me negará que vidas tan serias, devotas y exigentes como la suya, y en cierto modo aburridas, no dejan de llamar la atención por su imperturbable capacidad para dejar a un lado de forma taxativa ese algo que de algún modo caracteriza a los humanos, su innata curiosidad, su mente inquieta y la siempre presente tendencia a la desorientación, al desvío o incluso al descarrío, entre otras tentaciones posibles a lo largo de una vida tan prolongada como la suya.

La mujer seguía sin saber qué decir, esforzándose por repasarse hasta donde le alcanzaba la memoria.

─ Piense, piense, lo estoy viendo. Su feliz infancia, su respeto y obediencia incondicional para con sus padres y familiares más directos, la alegría de su pronta fe, sin preguntas, como debe ser; su aplicada y estudiosa adolescencia, cumpliendo escrupulosamente con todas las diligencias y sabios consejos de sus progenitores. Su casto y fiel noviazgo, su feliz matrimonio, el apoyo constante a su marido -es cierto que sin problemas económicos o crisis de importancia, casi perfecto-; su resignada y sincera fidelidad, el amor a sus hijos, educados en los mismos valores con los que usted avanzaba en su vida y en el mundo. Su constante preocupación y desvelo por ellos y el premio de su renovada felicidad al verlos abrirse camino sanos y responsables; sus sabías, condescendientes y confortables madurez y vejez y… en fin, toda una larga vida que vista desde aquí, es curioso, parece algo vacía. No es que trate de censurarla, en absoluto, pero, y repito ¿nunca tuvo alguna tentación, un asomarse a esos otros caminos junto a los que pasó con la mirada bien alta y sin detenerse, a pesar de que algunos amigos y conocidos suyos fueran asiduos ocasionales o habituales en ellos?

─ No, nunca tuve la tentación…

─ Lo sé. Ya lo sabríamos. Pero llama la atención el exclusivo y excesivo celo y dedicación a lo suyo frente a unas necesidades y peticiones ajenas con las que tropezó en numerosas ocasiones, y que en bastantes de ellas esa otra persona habría aceptado de buen grado su mano amiga, fundamentalmente porque la necesitaba. ¿No se le ocurrió pensar en algún momento que aquellas oportunidades de ayuda estaban allí para eso, para que usted hiciera algo más que preocuparse por su propia vida y que, como nuestro Señor dice, ese prójimo también somos nosotros y merece toda nuestra atención? Porque usted siempre presumió de saber en todo momento lo que el Sagrado Libro dice y prescribe, también con respecto a sus semejantes y, sin embargo, siempre pasó de puntillas por ello, como si no fuera con usted. Claro, también le gustaba decir que cada cual tiene lo que Dios le ha dado, sin faltarle razón, pero tampoco le habría afectado negativamente detenerse para echar una mano allí donde sí que la necesitaban. A veces creo que jamás entendieron la religión que tan fielmente se dedicaron a seguir, que no practicar, de forma tan personal y egoísta. Usted es otra alma en la que el prójimo solo existe como letra del Libro, no como realidad viva desgraciadamente menos afortunada; porque aunque aquí todo lo sepamos y cada cual tenga asignado su propio camino y circunstancias siempre hay situaciones que, aunque sabidas y previstas, mejorarían si en ellas el amor predicado se hubiera convertido en parte integrante compasiva y alegremente compartida.

La mujer, echa un manojo de nervios y abrumada por lo que entendía una enorme censura que costaba asumir atinaba a preguntarse a sí misma, ¿no se trataba de llevar una vida correcta en la fe y el amor a Dios? Intentaba hablar pero no podía ni sabía… Así que, después de todo no fue lo buena cristiana que siempre había pretendido. ¿Significaba eso que era tarde? ¿Que tendría que pagar por lo que no hizo porque simplemente no iba con ella? Miraba al portero dudando de su fe, casi sin argumentos, todo lo contrario a como había vivido, fiel, obediente y casta hasta sus últimos días ¿no fue eso lo que le inculcaron desde sus más tiernos años? ¿Por qué ahora aquellas preguntas? Tampoco es que sintiera una emoción especial por hallarse donde se hallaba, en sus sueños jamás pensó que aquello se desarrollaría en el modo en el que estaba sucediendo y no comprendía…

─ ¿Nunca se sintió frustrada o insatisfecha? ¿Jamás se preguntó por qué? ¿Si no hacer nada por los demás tal vez no fuera bueno? Que hay algo más que la vida propia o la propia salvación, y de algún modo esta última también está en los demás, quienes de una forma u otra darán medida de nuestros propios actos, tanto a favor como en nuestra contra…

Silencio.

─ Siento decepcionarla, pero de momento no puede entrar porque necesita reflexionar sobre sus actos, y el purgatorio es un buen lugar para que ustedes recapaciten y entiendan que en muchas ocasiones no obraron como se esperaba de unos buenos y fieles cristianos, que el cielo no se gana con solo pasar. El egoísmo en la tierra puede convertirse en una eternidad desoladora.

Publicado en Relatos | Deja un comentario

Otro poder

Era una tarde lluviosa, más bien noche puesto que el sol hacía rato que se habría puesto, allí donde hubieran podido disfrutarlo. Por aquí unos persistentes y húmedos grises venían marcando el tono a seguir durante toda la jornada, lo que no había impedido que, como víspera de festivo, una población habituada a las exigencias y rigores meteorológicos se hubiera movido y actuado en consonancia con el calendario e independientemente del tiempo, otra inclemencia más con la que lidiar intentando que no marque de forma categórica el transcurso de las horas.

Y como era de esperar en la misa de aquella lluviosa tarde la iglesia se mostraba bastante concurrida, circunstancia que nada tenía que ver con lo que había caído o estaba por caer -la alternancia se repetía de forma caprichosa. La presencia en el templo no era una opción más, nada más lejos, la asistencia significaba la obligación de acicalarse y salir para seguir haciendo y sintiéndose comunidad, abandonar por un tiempo la confortable y acogedora seguridad del hogar a cambio de cruzar unas frases con vecinos y conocidos, además de cumplir con el rito y prestar una tan rutinaria como enigmática atención a la correspondiente homilía -en esta ocasión ensalzadora de un Jesús vencedor- que en aquellos momentos el sacerdote desgranaba entre rendido y entusiasta, en pie ante una feligresía que asentía en silencio a sus palabras sin pedir nada a cambio, probablemente agradeciéndole ocupar aquel sólido lugar en sus vidas, dándoles qué hacer y de alguna manera obligándoles a convivir; lo mejor que podemos hacer cuando no sabemos qué hacer.

Finalizaba la misa y los feligreses salían ordenadamente a la ventosa humedad de la tarde-noche, demorándose en la puerta -a cubierto bajo el porche por si las moscas- o buscándose aunque solo fuera para decirse hasta mañana. Charlaban y se preguntaban animadamente por lo último vigilando con el rabillo del ojo a unos niños felices por poder correr o mojarse sin tener que dar explicaciones, ajenos al tiempo y las rutinas de unos adultos que gustan emperezarse si con ello restringen los esfuerzos y despejan momentáneamente su cabeza de deberes y obligaciones no siempre bienvenidas; porque hay ocasiones en las que uno no tiene ganas de bregar con el día a día, a fin de cuentas mañana era fiesta y hasta pasado había tiempo para ponerse en orden antes que apresurarse con tanto pendiente como suele, cuando no hay mucho más que hacer que pensar en qué hacer para no olvidar lo que preferiblemente y en el fondo estaría mejor olvidado.

La salida del templo y sus accesos iban quedando desiertos, dejados al amarillo nocturno de unas luces que lustraban un brillante suelo empapado de todo el día, dándole a la calle un aspecto tan acogedor y familiar como y sin embargo incómodo, inestable o incluso desabrido, aunque no hasta el punto de considerarse desamparo o abandono. Las luces de la iglesia se iban apagando en dirección a la salida, hasta la misma puerta en la que ya aparecía el cura -vestido de civil, o humano-, cerrando muy bien acompañado en animada charla por seis señoras decente, cómoda y respetablemente arregladas.

Aquellas siete personas eran los pilares del mundo, de aquel mundo, la población entera convergiendo en un intercambio de igual a igual -sí, seis y uno- sin decantarse por ninguno de los dos lados, ambos sabedores de su mutuo apoyo, necesidad y/o dependencia. Se reproducía entre los componentes de aquel dicharachero grupo una comunión que pintaba inmemorial en la que las piezas encajaban con exacta medida, el templo como centro y corazón de la comunidad. Santo y duro núcleo que se permitía el lujo de dejar a los hombres con sus cosas -en aquellos momentos jugando a las aficiones y los negocios en la acogedora calidez de la cafetería de siempre-, entre ellas hacer el mundo por sí mismos, tan ufanos y livianos como mimados, fingidores de una errónea autonomía pero bajo la vigilancia y consentimiento de aquellas siete personas que actuaban como su aliento vital. Aquellas seis devotas y sensatas mujeres que ahora acompañaban al sacerdote hasta su bendita residencia, dejándolo en la puerta entre una profusión de despedidas y sonrisas -un hombre que, sin embargo, nunca ejerce como hombre-, daban forma y sentido a un poder antiguo que gusta actuar en un segundo plano, habituado a conceder generosamente su plácet o a señalar acusadoramente con el dedo si las cosas no van como deben, siempre desde ese segundo plano o sombra que sostiene y da cobijo a toda la población.

Publicado en Relatos | Deja un comentario

Fútbol

No llevo la cuenta de los actos previos de disculpa oídos y leídos en los medios de comunicación con motivo del monstruoso, corrupto y podrido engendro económico en el que se ha convertido el actual campeonato mundial de fútbol, sospechosas y en el fondo inútiles confesiones de sincero pesar rápidamente arrojadas al cubo de la basura por consciente y deliberado incumplimiento; imagino que de ese modo más de uno habrá creído respirar aliviado, además de edulcorar y/o tranquilizar su conciencia por su coparticipación -como espectador, aficionado, seguidor o directamente hincha- anterior, presente y posterior en el evento. Políticos, periodistas, articulistas, famosos y otros ejemplares masculinos de toda ralea y condición han intentado sincerarse dándose golpes de pecho por al parecer tan conflictiva y perversa decisión, curiosa actitud que nadie les había pedido porque en el fondo a nadie le interesan esos conflictos morales de pacotilla.

Puede que a algunos -o muchos- todavía atentos, interesados e incluso preocupados por la política mundial, les resultara difícil asistir al espectáculo, comer de él e incluso disfrutarlo sin antes sincerarse con un público que para otras cuestiones, igual o más personales, simplemente no existe. Como típicos y responsables ejemplares de esta sociedad tan, de cara a la galería, preocupada por las consecuencias de los propios actos y su contribución directa o indirecta a una galopante corrupción mundial a la que nadie es capaz de ponerle el cascabel -y en el fondo nadie quiere porque siempre hay alguna migaja que puede caer de nuestro lado- gustan de esa laxa y doble moral tan cristiana del no debería pero… -introduzca lo que desee: soy insignificante y mi influencia es mínima… mi comportamiento no va a modificar un ápice el desarrollo de un acontecimiento que me supera… no hago mal a nadie… que cada cual haga lo que crea conveniente, etc. ¿Entonces? ¿Dónde quedan esas palabras? ¿A quién van dirigidas sino a sí mismos? ¿Eran necesarias?

Y no vale aquello de que se trata del fútbol, ese arcaico juego que todavía hoy domina el subconsciente de una gran mayoría de hombres que lo sufren y sienten corriendo por sus venas desde que eran unos mocosos, además de seguir siendo causa de una violencia primaria, justificante de unos gregarismos cuasi ancestrales y detonante de los desvaríos más insospechados sin necesidad de otra justificación que la propia sangre, o la misma vida.

No es conveniente jugar a la ligera con el imperativo kantiano del debo, porque nadie nos lo exige y porque en esta sociedad ya hay un exceso de gestos, completamente vacíos, que no llevan a ningún sitio y tienen más que ver con un simple y capcioso postureo o, más benévolamente, con actos de falsa modestia. Hay infinidad de cosas mucho más importantes que el fútbol en las que podemos comprometer tanto nuestra imagen como nuestra voluntad, nuestro dinero y hasta nuestra vida, cada día y sin necesidad de publicidades más que sospechosas; tiene que ver con la discreción y la honestidad y directamente con la impagable y personal satisfacción de lo bien hecho. Así que vamos a dejarnos de galerías de personajes y golpes de pecho y a mirar a nuestro lado, probablemente habrá un montón de cosas en las que somos necesarios y podemos hacer lo correcto sin tontas dudas que nos asalten.

Publicado en Sociedad | Deja un comentario

Inglés

En una conversación sobre actualidad en la que inevitablemente aparecía el hipotético misil ruso que recientemente ha explosionado en Polonia, con los consiguientes efectos secundarios que significan la pérdida de dos vidas más que unir a las de la guerra, mi acompañante también mencionaba las fotografías que vienen apareciendo en la prensa sobre las reuniones del G 2o en Bali y la lógica incidencia y preocupación que ha provocado entre los reunidos el antedicho suceso. Mi interlocutor hacía hincapié en la presencia, tanto en la mesa de reunión como en los corros informales de los políticos asistentes, del presidente del gobierno español compartiendo negociaciones y tertulias con el resto de los presentes, resaltando la importancia del conocimiento y dominio del inglés en tales acontecimientos; circunstancia nada baladí por lo que significa estar al tanto de lo oficial como de lo extraoficial, de la toma directa de decisiones como de los comentarios y opiniones off the record que, como en toda reunión de varios días, suelen producirse en los sitios menos pensados. En definitiva, que hay que estar ahí, donde se cuecen las decisiones que de un modo u otro acabarán afectándonos también a nosotros y nuestras normales vidas de ciudadanos corrientes.

Al margen de la conveniencia, imposición y/o colonialismo de la lengua inglesa en cualquier reunión internacional -cuestión que en este momento no viene al caso-, es impepinable asumir que siempre es mejor estar allí sabiendo qué se dice y, si viene al caso, opinando sobre lo que se dice con ideas propias o intereses nacionales que asistir como un invitado de piedra porque se desconoce la lengua con la que se mueve el mundo. Cuesta imaginar al anterior jefe de gobierno, aquel MR de los papeles de Bárcenas, aburrido como una ostra porque el tipo no tenía ni pajolera idea de inglés, y lo que eso significa a la hora de que el propio país cuente -mucho o poco- en una política internacional que alcanza todos los rincones del planeta. Un tipo proveniente de otro mundo, un “señoro” detenido en su habitación o de la mano de un traductor que inevitablemente no puede estar en todos los sitios, tampoco en los corrillos más casuales y sin embargo tan importantes. De tal presencia es fácil deducir la importancia y repercusión política del propio país en la esfera internacional, casi como si no existiéramos. Y lo que es peor, por lo que he oído el nuevo cabecilla de la derecha local es otro “señoro” del mismo corte, es decir, de inglés ni idea, por lo que tal vez sería mejor que no accediera a la presidencia del gobierno, porque en ese caso volveríamos a ser el perrillo faldero de la política internacional, el cánido fiel que ladra cuando se lo piden y acepta las migajas de las mesas de negociaciones como si fuera el mejor negocio del mundo.

Las cosas son como son, no como nos gustaría que fueran, y siempre es mejor estar y directamente intervenir donde se toman las decisiones que tener acceso solo a las sobras.

Publicado en Política | Deja un comentario

Humor negro

Hay una escena en una de las películas de la serie Ice Age en la que unos pájaros muy simples, o tontos, o básicos, persiguen a la carrera un melón, y en un ejemplo típico de gregarismo se lanzan al unísono al vacío de un precipicio tras él, feneciendo en la caída y con ello casi haciendo desaparecer la especie.

No sé si la intención de la escena es dar idea de la simpleza de los bichos y de su innato instinto gregario, características que les llevan a su consiguiente e inevitable desaparición por incapacidad genética o intelectual, tanto da. Aunque también podría tomarse su extinción como una consecuencia de la escasez de alimentos y la inconsciente o vital desesperación de la especie por conseguirlos; a fin de cuentas el melón es comida en una época en la que las especies hambrientas eran más numerosas que los alimentos disponibles. En cualquier caso se trataba de mostrar en imágenes, creo, una cierta bobería, simpleza o insustancialidad a la hora de estar en el mundo, o vivir.

Tampoco sé exactamente por qué cuando tuve noticia del desgraciado accidente sucedido en Corea con motivo del pasado Halloween me acordé de aquellas aves tan humildes e insulsas. Sin obviar el inevitable e inconveniente humor negro que destila tal comparación -o impropia, desafortunada o simplemente mal intencionada, da igual, ese no es el tema y asumo por ello mis propios defectos o carencias por las que pido de antemano disculpas-, sí me gustaría que alguien se atreviera a explicar, sin peros, encogimiento de hombros, justificaciones pueriles ni excusas pretendidamente sociales que solo intentan lavar la cara de lo que simple y llanamente es una cruel, despreciativa, humillante y vil explotación de tus semejantes, a qué obedece que decenas de jóvenes -parte supuestamente importante del futuro de la humanidad, que hemos traído a este mundo sin su consentimiento y debemos educar para que no cometan nuestros errores y puedan ser más felices que nosotros, sus padres- perezcan de forma tan desoladoramente gregaria tras una enorme, infantil y estúpida majadería como es Halloween -que ni siquiera es comida, ahí los pájaros bobos de la película serían mejores que nosotros, hasta más inteligentes si cabe.

Cómo hemos llegado a admitir con toda normalidad que entidades, organismos, corporaciones, negocios “manos negras” -lo que ustedes quieran- inventen y fomenten actividades y comportamientos tan vanos como ridículos con el único fin de entretener, manipular y explotar de manera burda e insustancial tantas y tan valiosas vidas por hacer, conduciéndolas a la sinrazón de sus propias muertes en función de un hipotético tinglado /negocio tan infantil y precario como al parecer mortal.

Qué tipo de sociedad admite sin levantar la voz situaciones tales, sin denunciar, perseguir y expulsar a quienes se enriquecen y viven de semejantes banalidades; en función de qué libertad esa misma sociedad acepta que sus propios vástagos, llevados por su ingenua juventud, su propia inconsciencia y los instintos más gregarios se suiciden sin poder ni hacer nada por evitarlo, solo callar y asumir el dolor.

Luego no es de extrañar que una de las máximas aspirantes a la extinción también sea la especie humana, tan básica y gregaria como capaz de autoextinguirse mediante invenciones tan desérticas y absurdas como inexplicables.

Publicado en Sociedad | Deja un comentario

Diálogo salvaje (8)

Tras mucho pensarlo finalmente se decidía. Estaba harto de aguantar simplezas y gilipolleces de tanto imbécil que no sabe qué hacer con su tiempo y se dedica a importunar a los demás. Abrió la aplicación y escribió:

Esto va para los todos capullos que aún no han entendido que este grupo de wasap está dedicado únicamente para quedar y jugar al pádel, nada más. Así que, todo el que tenga necesidad de babear y hacerse pajas con tías en pelotas, se parta el culo con mariconadas supuestamente graciosas, pretenda aburrir al personal con sus viajes en moto, le diviertan los chistes y montajes para cretinos, tenga aspiraciones fascistas o solidarias o ande necesitado de colaboraciones moralistas o altruistas de cualquier tipo, por favor, desahogaos en otros grupos más permisivos o inútiles, pero no en este. Gracias. (Demasiado largo -pensó-… da igual, no puedo hacerlo en menos espacio). ¡Ah! para mañana a las 21,00, ¿quién puede?

Yo.

También.

Luis y yo. Ya somos cinco. Si se apunta más gente reservamos dos pistas.

El capullo lo serás tú. Si no te interesa lo que cuelga la gente no lo leas y punto, como hace todo el mundo. Has tenido que ser precisamente tú el que ha tenido que abrir la boca, el listo, si no te gusta vete a tomar por culo.

Yo pongo lo que me da la gana y tú no vas a decirme lo que tengo que hacer, ¡mamón!

Emoticonos violentos.

Más.

Aún peores.

Si tan necesitados estáis de mujeres y compañía por qué no mandáis a la mierda vuestra vida y os dedicáis a buscar quien os aguante u os quiera joder en lugar de importunar a los demás con vuestras carencias. Igual no tenéis a nadie, ni siquiera por caridad. Así les irá a vuestras mujeres. Pero esa es otra cuestión, a lo que iba, podíais ser más discretos.

También puedo.

Te estás pasando, Toni, la gente es como es y no es necesario faltar o meterse con ella como tú lo haces.

¿Eso qué quiere decir? ¿Qué te parece bien que la gente cuelgue sus mierdas en el grupo de pádel?

Pasa y punto.

O bórrate.

No me da la gana. Yo quiero jugar al pádel. N0 tengo porque aguantar tonterías y groserías que ni me importan o me parecen una solemne memez. Ni tragarme videos fascistas, bromas para subnormales o montajes cutres y de tarados que, francamente, me molestan bastante.

Se puede decir lo mismo pero con más educación y respeto. Con tus formas incurres en lo mismo que ellos.

Ya. Igual es mejor permanecer callado para que no se ofendan, ¡pobrecillos! En cuanto les llevas la contraria se enfadan. Hay que respetar su libertad, ¡no digas tonterías!

Ya vale ¡chicos! vamos a dejarlo o al final va a ser peor. Con no hacerle caso es suficiente. Y a los que colgáis esas cosas controlaos un poco, en cierto modo Toni tiene razón, esto es un grupo de pádel.

Vaya, ya habló el otro intelectual. Si no te interesa te largas tú también.

¡Eh! Tampoco os paséis. Solo intento poner un poco de paz.

Emoticones muy violentos y desagradables.

Más.

¿Por qué? Este grupo es para lo que es, no estoy diciendo nada que no sepamos. Que algunos se callen o prefieran ser prudentes no os da derecho a poner todo lo que os de la gana. Decid si podéis jugar y punto. A nadie nos interesa el resto.

No me interesa jugar con tanto listo y gilipollas. Me borro.

Me apunto para mañana a las 21,oo. Pero vamos a dejarlo estar, chicos.

Yo también me salgo. Idos a la mierda.

Venga, ¡hombre! ¿qué estáis haciendo?

A la mierda he dicho. Tengo un montón de gente con la que jugar sin que me toquen los cojones por lo que cuelgo o pongo. Como hace todo el mundo.

Que te vaya bien.

Bueno, al final ¿cuántos estábamos para mañana?

Creo que siete. Falta uno.

Dais pena, la gente es como es. Qué más os da.

Conmigo ya somos ocho -creo-; ¿reservamos dos pistas?

Me largo donde haya gente normal.

Nota. No he tenido más remedio que transcribir la conversación a un lenguaje legible y quizás con ello ha perdido encanto y autenticidad, de lo contrario y debido a los frecuentes errores, la económica mecánica de la aplicación, la traslación automática del lenguaje hablado -o mal hablado- al escrito y la desgraciada pero orgullosa ignorancia a la hora de preocuparse por una mínima corrección en el uso del propio idioma -cada uno escribe como le da la gana, siempre es el otro quien no quiere comprender- hubiera sido imposible entender nada.

Publicado en Relatos | Deja un comentario

Desinformación

Fue algo entre casualidad y curiosidad lo que me hizo detenerme en un documental sobre “terraplanistas”, es cierto que con más dudas y pesar que convencimiento, sugiriéndome para animarme que no era perder el tiempo si después de su visualización lograba algo en claro de semejante disparate, por ejemplo, las supuestas razones de estos tipos y su hipotética solidez. Pero, como habrán imaginado, la decepción fue la consabida, unida a la inevitable vergüenza ajena porque ciertos individuos, da igual el país del que provengan, puedan derivar hacia semejantes desatinos; porque tampoco sirvieron de mucho los expertos que sazonaban el documental pretendiendo razones y algo de consistencia psicológica y social a convicciones tan erráticas, además de recomendar encarecidamente no expulsarlos de la sociedad marginándolos como bichos raros. En conclusión, se trataba de personas de todas las edades perdidas entre convicciones disparatadas o directamente absurdas tras las que algunos expertos adivinaban vidas solitarias psicológica y/o socialmente traumáticas que devuelven a la sociedad individuos con problemas de integración necesitados de un redil con el que ser identificados y acogidos.

No hay nada como dejar hablar a estos personajes para cerciorarse de su patética simpleza, su ignorancia y su temor ancestral al mundo que les rodea, lo que también les impide aceptar y comprender cualquier prueba en contra o que incite a la mínima duda -eso significa caer en la red del enemigo-; pruebas y demostraciones a las que despojan de toda validez porque chocan de frente con su propia cerrazón mental, sus prejuicios y una estrechez intelectual que les impiden ir más allá de sus propias convicciones. Tipos y discursos similares a negacionistas del cambio climático y antivacunas -o esos otros incapaces de entender, y lo que es peor, aceptar, los miles de millones de años del universo o las millonésimas de segundo o milímetro con los que una ciencia manipulada por oscuros taumaturgos en el poder pretenden encandilarnos-; su insistencia y perseverancia es más bien una cuestión de fe, el obligado cumplimiento y obediencia de una especie de dogma grabado a fuego en su subconsciente que les mantiene permanentemente en guardia contra el demonio, es decir, todo aquel que no sea de los suyos y con quien ha de convivir por obligación, eso sí, permanentemente a la defensiva.

Su pretendida o supuesta información surge más bien de una desinformación generalizada en la que individuos y organizaciones de toda catadura e insolvencia -tanto moral como intelectual- medran buscando beneficios de cualquier tipo, obteniendo como resultando una infinidad de falsedades y confusiones formando una maleza casi impenetrable que enmaraña redes, foros y páginas para desgracia de aquellos a la búsqueda de algo fiable, eliminando de un plumazo o arrojando a un profundo pozo de basura las opiniones expertas o con un mínimo de conocimiento de lo que hablan y pretenden transmitir. Si los expertos que pretenden saber de un tema -cualquiera- por experiencia, trabajo o estudios solo intentan manipularme porque a su vez ellos ya lo están, entonces el diálogo es imposible. El temor y la desconfianza es el motor de estas cabecitas -si, por ejemplo, usted estuviera en Tarifa y en un día soleado pudiera ver perfectamente la costa de África eso significaría que la tierra es plana y no una esfera moviéndose en el espacio; y no intente convencerme porque no acepto sus pruebas, ya que lo que en el fondo pretende es manipularme y llevarme al redil de los crédulos y engañados. Fin de la historia.

Tanta pobreza o pereza intelectual da que pensar, porque no se trata de desconfiar por norma encerrándonos en ver el mundo desde nuestra propia noria y con nuestras propias anteojeras, exigiendo a todo aquel que se dirija a nosotros que previamente se ate a la misma rueda y limite su visión a nuestro estrecho horizonte. Si después de siglos de civilización y miles de pruebas científicas irrefutables va a resultar que no hemos aprendido nada, que seguimos como al principio y todavía creemos que rezar es lo mejor para que llueva o que dios creo el mal y al demonio para hacernos ver que no somos perfectos y debemos atarnos a él, apaga y vámonos.

Publicado en Sociedad | Deja un comentario