Cuba sigue apareciendo en las noticias como tema de relleno para esos segundos antes de un cambio de tercio, una breve cortinilla que tampoco da para publicidad, tan adulterada y fastidiosa que nunca acaba de irse del todo, sino que reaparece al hilo de una nueva tropelía u otro giro de tuerca en la permanente humillación de la que es objeto por parte del vecino del norte ante la desidia e indiferencia general. Y probablemente ha desaparecido de las agendas de política internacional de la mayoría de países, más preocupados por el estrecho de Ormuz, el precio del petróleo y los absurdos altibajos que produce en las bolsas de valores de todo el mundo o los megalómanos y fascistas proyectos de los dueños de la IA. Como si en la isla caribeña no hubiera ni viviera nadie y las imágenes que vemos fueran las mismas de cada año, un bucle repetido en el que aparece la misma gente con las mismas caras de impotencia y resignación, viviendo vidas que no merecen vivirse, pero ahí siguen.
Si cualquier país europeo de medio pelo, de esos que presumen de sociedades modernas y avanzadas, con unas economías que se pretenden independientes o se autodenominan autónomas y unos servicios públicos mínimos que fingen proveer a una población indiferente a cualquier otra cosa que no sean sus propios ombligos, viniera siendo vilmente acosado y bloqueado económicamente por su vecino del norte, durante tal cantidad de décadas, probablemente haría tiempo que habría desaparecido, convertido en un erial devastado por el dinero y regido por marionetas arrodilladas a sueldo del matón de más arriba.
Por qué Cuba sigue donde sigue y está como está, aún, nada tiene que ver con una revolución fracasada, ni con la emancipación y la desesperada lucha de una población revolucionaria, ni con un gobierno más o menos corrupto, ni con la defensa de cierto tipo de ideales o valores humanos. Hay decenas de países en el mundo gobernados por corruptos mucho más violentos con su propia población que tampoco importan, como tampoco son asediados y humillados por megalómanos vecinos que se pasan la justicia internacional por el arco del triunfo; sin duda merecedores de una mayor atención internacional que presione a sus gobernantes de forma directa para que libere a su propia población, o al menos le permita vivir de forma más o menos digna.
De Cuba no se sabe mucho más, y probablemente habrá dónde informarse de forma, sino minuciosa, sí al menos fidedigna. Algo más que esos mismos rostros abandonados, o esas ciudades, calles y escenarios por los que no ha pasado el tiempo, sin que sepamos qué tiempo impera allí, qué siglo, qué año y por qué. Si tanto asedio, desprecio e inoperancia internacional solo aguarda a que la isla se derrumbe por el peso de su miseria y entonces reconvertirla en lo que fue, la sede caribeña de las mafias yanquis e internacionales desertizando terrenos y transformando a sus habitantes de ciudadanos en siervos adictos a las propinas; esa otra forma de caridad. Un soleado y podrido solar en el que lavar los enormes beneficios de una cruel y depredadora economía al margen de la ley que probablemente mueve muchísimo más dinero que la, digamos, oficial.
Hasta entonces seguiremos viendo y oyendo cada cierto tiempo cómo la dictadura del norte recrudece la opresión e intenta hundir aún más a la población de la isla sin razones ni explicaciones, pura y violenta brutalidad. Y qué decir de soberanías nacionales y derechos de la población a tener los gobiernos que ellos mismos elijan. De qué estaré hablando. Nadie moverá un dedo, en parte por indiferencia y en parte por temor, no sea que cualquier pregunta o palabra más alta moleste al vecino del norte y entonces, como represalia, se meta conmigo, eso nunca.