Ignorancia

Hojeando un libro sobre educación y machismo paso por encima de comentarios y tuits -que el propio autor incorpora al texto- enviados a través de las redes sociales contra su trabajo y persona, e independientemente del problema de fondo no deja de volverme a llamar la atención la falta de educación, de respeto y la catadura moral de los autores de los mismos -siempre escondidos-, además de su ignorancia supina al proferir semejantes baboserías, que ni siquiera llegan a infantiles -¡qué más quisieran!-, salivazos impregnados de la mugre que unta unos cerebros a los que no alcanza el aire; unos auténticos cafres a los que imagino incapaces de salir más allá del barrillo de sus propios ombligos. En otro lugar alguien que ejerce de “tiktoker“, y probablemente presume de miles, o millones, de seguidores, revela al fin al mundo -¡ojo!- el porqué de las bandejas de diferentes colores en las pescaderías de una conocida marca nacional de supermercados, algo por otra parte fácil de averiguar preguntando directamente al empleado que te pesa las sardinas. Y hay más, como puede ser sorprenderme, o tal vez admirarme, al ver en cualquiera de las cadenas generalistas televisivas a un famoso “influencer” -de los auténticos-, probablemente también con millones de fieles seguidores, gritando, como si se dirigiera a auténticos imbéciles, que él consume una determinada marca de leche, porque sí; de la que probablemente cobrará sus buenos duros -no obstante y aunque se trata de alguien muy auténtico hemos de reconocer que también necesita de la publicidad para salir adelante en este proceloso mundo.

Si ya en la política nacional la ignorancia campa por sus respetos, no importando las formas, lo que se dice, cómo se dice y si es cierto lo dicho, el caso es actuar como peones y obedecer fielmente las consignas de partido promulgadas por sus jerarcas, algo más listos que el resto y sabedores de lo que los sumisos afiliados han de hacer y decir, asusta lo extendida que está dicha ignorancia entre el resto de la población. Otro dato, hace un tiempo leí que una mayoría de la gente más joven, ante lo que supongo una clara imposibilidad funcional y/o intelectual de leer dos frases subordinadas consecutivas, prefiere enterarse de lo que sucede en el mundo vía “yutubers”, “influencers”, “tiktokers” y otras hierbas -individuos o también “bots“-, bien masticadito y además salpicado de simpáticos emoticonos que hacen mucho más fácil la ingesta de cualquiera que sea el problema, noticia o perogrullada capaces de regurgitar, que no entender, en justo el tiempo y el espacio de relleno que permite la obligada y necesaria publicidad.

En el fondo Marx llevaba razón, finalmente las masas de desheredados han tomado el poder, pero le falto un matiz, se trataba de los desheredados intelectuales, unas masas ignorantes que, eliminado de un plumazo el embarazoso inconveniente de reconocer y asumir que existe gente normal que sabe más de cualquier cosa -da igual si física cuántica o el proceso de cultivo, cosecha y correspondiente elaboración del aceite de oliva-, han llegado a la conclusión de que la ignorancia es el auténtico paraíso en la tierra, un confortable desierto -quizás en algunos una auténtica tabula rasa– en el que no existe el engorroso peñazo de la duda, un santo no saber, interesarse y ni mucho menos preocuparse de cualquier otra cosa que no sea seguir a quienes ellos consideran de su misma cuerda o nivel, pero algo más despabilados -sin llegar a ofender-, conocedores de las incapacidades casi congénitas de tanto desorientado y quienes no tienen ningún escrúpulo en aprovecharse de la situación -sin dejar de sobar el lomo de su estulticia, por la cuenta que les tiene- en beneficio propio.

Con todo ello quienes lo tienen fácil son las generaciones venideras, o que ya están aquí, quienes a poco que muestren un poco de interés y una inteligencia básica aplicada a cualquier cuestión, problema o proyecto no tendrán impedimento alguno en zamparse de un bocado a tanto ignorante como en la actualidad inunda redes sociales y de las otras. El triunfo de la ignorancia de la mayoría abre las puertas al triunfo a todo aquel que sepa que la adición es una operación aritmética.

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