Probablemente debe haber tipos a los que les cuesta una barbaridad entender la realidad a partir de sucesos bien llamados reales, esos mismos que una cuerda mayoría acepta como tales; otros, en cambio, se empeñan en obviar esos mismos sucesos porque no coinciden con su particular realidad, o sea, como no les gusta lo que ven ni siquiera lo toman en consideración, prefiriendo hacer como si no existiese; luego vendrán los golpes, las iluminaciones o los descubrimientos repentinos. Si el PSOE no fuera un partido de este país con el que llevamos conviviendo, en ocasiones a nuestro pesar, durante tantos años, probablemente nos importaría un pimiento lo que les pudiera suceder; pero ocurre que estos señores alguna vez nos gobernaron y siguen insistiendo en ello, aunque en la actualidad de forma más bien desafortunada. Hace un par de años largaron de la dirección del partido al tipo que ellos mismos habían elegido, supuestamente, democráticamente -según dicen porque no hizo lo que los más viejos del partido, señores de mucho peso, tanto físico como económico, pensaban que había que hacer. Ahora están en las mismas, organizan otras elecciones, más democráticas si cabe, y pretenden con ellas poner en la silla a una señora de la que solo se sabe que ha aguardado, dócil y obedientemente, su turno durante el tiempo indispensable para que, por escalafón, le llegue el momento de ascender al mando. Pero el mismo tipo al que echaron hace un par de años ha vuelto a las andadas y con el apoyo de los que tienen menos peso en el partido -tanto físico como económico- ha plantado cara a la delfinesa reglamentaria del aparato del partido y de los denominados barones, mostrando una realidad que poco o nada tiene que ver con la soñada por los mismos que entonces rompieron la baraja. Es decir, como suele decirse, parece que no ha pasado el tiempo, o sea, un hazmerreir.
Penosa realidad que más bien parece un patético escarnio montado para divertimento general, un esperpéntico espectáculo que el personal ve como lo que es mientras los protagonistas siguen empeñados en darnos la tabarra con visiones y previsiones, discursos y realidades paralelas que los comunes mortales han de aceptar como si fuéramos imbéciles; o ante tal afrenta a la inteligencia pasar olímpicamente.
Claro, todo este circo le viene de maravilla a la gente del gobierno, y la prensa afín se divierte aireando cualquier cosa que ponga en evidencia la precariedad, tanto intelectual como real, de sus contrarios políticos, ¡si no saben ni escribir! ¿Han visto y leído la supuesta carta que el actual gerente del partido en cuestión le dirigió al señor Iglesias afeándole sus intenciones de censura? En un primer momento pensé que era una falsificación o un montaje de esos hackers rusos tan de moda, dicen que a sueldo del señor Putin, dedicados a tergiversar o reventar todo lo que a este le moleste. Luego dudé y me atreví a pensar que tal vez fuera cierta, es decir, que el tipo en cuestión o quien quiera que se la escribiera no tiene ni idea de cómo escribir una carta, entonces fue pavoroso. No es que para estar la política halla que ser un erudito, a los hechos me remito, como también es cierto que habiendo como hay tal cantidad de catetos e ignorantes dirigiendo las cuentas de este país el hecho de escribir mejor o peor una carta no es tan trascendente -además, existen los SMS y el WhatsApp-; pero siempre será mejor intentan escribir bien que tirarnos piedras porque tampoco sabemos hablar. Además, a todos nos enseñaron alguna vez de pequeños que las cosas parecen mejor si están bien hechas. Se trata únicamente de molestarse en ello… ¿o me estaré inventando otra realidad paralela?