Escribo este blog desde Alcázar de San Juan, un pueblo grande que siempre ha pretendido ser ciudad y siempre se ha quedado en las ganas, suele suceder por estos lares porque no es el único, lo da la zona, además, en cuanto el alcalde de turno dispone de dinero se cree dueño del mundo y capaz de dar el paso que faltaba, pero luego, cuando las cosas vuelven a su cauce, romerías y procesiones. Como en todo pueblo con aspiraciones -de pueblo- sus habitantes son dados a los alardes y al todo gratis, o sea, pagado por el Ayuntamiento, pero el Consistorio no está actualmente para muchos trotes, cosa normal en los tiempos que corren. La antigua Corporación Municipal gastó y gastó por hacer que existiéramos en el mapa, y sí, había más visitantes, más hoteles, más restaurantes, más congresos, más celebraciones, en fin, más de todo, pero ahora no. El actual Ayuntamiento ha recortado sin medida, lo que podía, lo que debía y más, se han recortado hasta las ideas propias -si es que alguna vez las tuvieron-; pero no se podía dejar a la población sin nada gratis, y a alguna mente preclara se le ocurrió la brillante idea de organizar catas de vino a tutiplén -con alpiste ¿he dicho gratis?-. Cuando menos te lo esperas, toma, cata de vino al canto. Recuerdo que de pequeño solía beber vino en las comidas, eso sí, con sifón, entonces se consumía más vino que ahora, hoy al personal le ha dado por la cerveza, Mahous, similares y menos, de esas que vienen en grandes paquetes, sólo burbujas sin grado ni sabor, la cuestión es que sea barata y refresque. En las comidas se bebe cerveza -pone menos, dicen-, en los bares y restaurantes se bebe más cerveza, y las cervezas baratas -de las de al peso- llenan las neveras de la mayoría de los hogares. Si al personal, que ahora sale mucho menos a comer fuera, le piden en un restaurante seis euros por una botella de vino, se pone hecho un basilisco y llama a la policía municipal por intento de atraco. En fin, ese es el panorama. Pero ¿qué ocurre cuando el Ayuntamiento organiza una cata GRATUITA de vino? -¿se lo imaginan?- pues que hay tortas por apuntarse, y si alguno de los que aspiran se queda fuera se lía el consiguiente cirio del tipo ¿y ese qué se ha creído? Así que, ahora todo el mundo sabe de vino, todos entienden de vino, pero GRATIS ¡eh! Si usted siempre que ha salido a comer ha pedido vino y no se sienta en una mesa común con expertos de pacotilla, pues no sabe de vinos; si lleva desde no sabe cuando comiendo y cenando en su casa con vino embotellado pero no se deja ver en ninguna cata municipal, ya lo sabe, no tiene ni idea de vinos; si usted gasta en su casa los sacacorchos de tanto usarlos en abrir botellas pero no ha aparecido fotografiado en el periódico local cuando la última cata, como Dios manda, ¡bah! pues más de lo mismo. Después de la cata -GRATIS-, ya rellenitos y satisfechos, todo el mundo volverá a la cerveza, pero eso, y repito, que apenas tenga grado ni sepa mucho.
Cosas de este mundo.