El pelo

No conozco referencias directas, ni momentos críticos o fechas cruciales, si el origen fue una reacción, una decisión, un capricho u otra nueva corriente -¡otra más!- iniciada vaya usted a saber dónde -quizás al comprobar que los almacenes estaban llenos de objetos inútiles que había que sacar a la venta como fuera-, como consecuencia o por qué algunos o muchos lo consideran una estupidez; tal vez se deba a la necesidad de marcar distancias entre antiguos y modernos, viejos frente a jóvenes, porque cuando uno alcanza cierta edad le da por reírse de las revistas pijas de los grandes diarios o de esas otras tan exclusivas de papel cuché donde, a falta de ideas, vuelven a reinventarse los mismos temas de siempre para atraer a la gente más joven, el nuevo sexo (?), ¿qué papel juega en el sexo el nuevo hombre (?)? la rabiosa actualidad del pelo corto, el futuro de la manga ranglan, el valor del fondo de armario, el paquete prieto o el tradicional nuevo estilo desenfadado (?); vender e inventar el súmmum de lo que usted quiera o el súmmum de la evolución, también humana.

Ahora está de moda, menuda tontería eso de estar de moda, bueno, a lo que iba, hoy lo guay es depilarse de arriba abajo, rasurarse hasta quedar como un bebe pero mucho más desarrollado -se lo imaginan-, quizás para verse bien ante el espejo, por delante y por detrás, por arriba y por abajo, sin molestias capilares. ¿Para qué? El por qué de la actual cruzada contra el cabello y vello humanos me deja un poco frio, o ignorante. La casi desaparición del pelo del cuerpo de los homínidos tuvo que ver en algún momento de la evolución con la vida en la sabana, un lugar demasiado cálido como para vivir envuelto en calurosas y agobiantes greñas; con el paso del tiempo el hombre desechó el pelo de casi todo su cuerpo, como aprendió a comer carne y fue poco a poco perdiendo la principal función de los molares, que hasta entonces se dedicaban a masticar hierbajos y otros especímenes verdes que crecían de la tierra. Pero eso fue entonces, lo de ahora es más difícil de concretar… la apariencia, la hermosura, la lisura, la tersura, la guapura… el desprecio. Quizás la pornografía haya tenido que ver más de lo que a primera vista pudiera parecer con eso de la depilación completa. Hoy el sexo peludo es sexo jurásico, videos o fotografías de pubis femeninos y masculinos vellosos lucen como los colores gastados de una fotografía de nuestros abuelos, solo interesan para sonreír ante ellos y comentar con aire de superioridad ¡qué viejos! En la actualidad “polvos” y “pajas” han de mostrarse en todo su esplendor, sin ninguna mata de revoltoso vello que desdore la nitidez de las imágenes, ensombrezca el pliegue más pequeño o impida la libre circulación de fluidos, no existen detalles ocultos ni puntos oscuros, en el momento de filmar ahora todo es más limpio, más transparente, más claro, más rosado, más blanco, más real. Si ese fuera el motivo de la depilación completa, una mejor imagen, probablemente no sería tan interesante, es un motivo como cualquier otro y no hay que concederle más importancia, atrás quedaron los tiempos en los que las decisiones humanas surgían de condiciones y circunstancias excepcionales, o trascendentales; en la sociedad actual cualquier tonto cree que puede hacer relojes y nadie se molesta en hacerle ver que no es cierto, cualquier idiota filma o muestra una idiotez y surgen millones de secuaces suspirando por ello, o quitándose la vida. Porque no se me ocurre otro motivo más atinado que justifique el rasuramiento general del nuevo narcisismo, o ¿es que somos tan extraordinariamente guapos que necesitamos como el aire revelarnos en todo nuestro esplendor?

Algunas historias futuristas mostraban unos humanos hiperdesarrollados con una enorme y pelada cabeza que contenía el fruto evolutivo de una inteligencia descomunal. Pero en el fondo me temo que no es la inteligencia la que ha pelado cráneo y cuerpo humanos para adaptarlos a un cerebro superinteligente, igual es que hay una parte del cerebro que, frente a la inteligencia y sus recompensas tan a largo plazo, prefiere disfrutar admirándose cada mañana ante el espejo, las cualidades ocultas -inmateriales o abstractas- no dan tanto lustre a primera vista. ¿O hay algo más?

Esta entrada fue publicada en Sociedad. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario