Eclipse

Hoy en la compra me han ofrecido unas gafas para el eclipse. También.

Que yo sepa, creo que hace más de un año que se viene hablando del próximo eclipse, un fenómeno astronómico muy interesante, mucho mejor si el cielo está despejado. Por otro lado, desconozco las intenciones últimas del exceso de información sobre el tema que viene ocupando páginas y lugares, casi cada día, aunque en realidad en muchos casos no sea tal, lo de informar, digo, salvo ocupar tiempo y rellenar huecos cuando no se tiene otra cosa mejor que hacer. Siempre es bueno tener a mano algo con lo que tener pendiente al personal, y la publicidad lo agradece infinito. Peor sería que ese mismo personal se nos despistara y comenzara a hacer y pensar cosas por sí mismo, mal asunto, porque de ello puede derivarse que llegue a creerse autosuficiente y entonces buscarse la vida por su cuenta sin andar pendiente de tanta y profusa información.

Y como en el fondo se trata de hacer negocio a costa de los demás, la imaginación a la hora de ofrecer y aconsejar no tiene límites. Porque siempre está bien sacarle a la gente unos eurillos, o miles, que probablemente dilapidarían en cualquier memez con tal de entretener el tiempo. Y surgen desde supergafas, validadas y autorizadas por las autoridades competentes (¿?), a habitaciones a mil euros en la zona cero del dichoso eclipse. Y no es que un eclipse no sea algo digno de verse, pero no como si fuera el fin del mundo, o peor. Ya, se trata de un acontecimiento único, como también son únicas nuestras vidas por poder vivirlas sin tener que dejárselas gratuitamente a otros con la única intención de engordar sus cuentas corrientes.

Como dudo que tanto interesado sepa exactamente de qué se está hablando cuando hablamos de un eclipse, o que le importe; lo de la curiosidad mejor no comentarlo. Y qué más da, con estar allí cuando oscurezca y poder grabarlo, el resto sobra. Porque se trata de un momento único, repito, tal y como nos vienen anunciando desde hace ya meses, y qué mejor que ser testigo de ese momento histórico, y hasta mítico; por prosopopeya que no quede. Un fenómeno que todos se aprestarán a grabar mientras ocurre, en muchos casos tal y como sucede cuando acudes a un concierto, que en lugar de disfrutar del concierto en directo te dedicas a grabarlo para decirles a los demás que tú sí estabas allí y ellos no, porque de eso se trata; nadie de la gente que graba un concierto vuelve a ver la grabación si no es para darle en los morros a quien convenga. Al minuto siguiente de haber finalizado el fenómeno astronómico las redes sociales se inundarán de imágenes del mismo, millones, en un sinsentido global que nace y muere en sí mismo, ya que quien no haya tenido la posibilidad de verlo en directo, por las causas que fuere, sabrá dónde acudir con las mínimas garantías para disfrutar en diferido de lo que no pudo hacer en directo. Todo lo demás sobra, morralla digital fagocitada por las redes a las pocas horas. Después nada.

Recuerdo algunos eclipses vistos hace años y hace muchos años, o cómo mi abuela me contaba que en el que ella tuvo la oportunidad de ver las gallinas se encaramaron a los palos del gallinero para dormir. Entonces éramos más pardillos, no como ahora que la información nos sale por las orejas, nos atrevíamos con el sol con tan solo un cristal ahumado con un mechero. De algún eclipse tengo grabaciones, imágenes y fotografías aún guardadas. Pero entonces no teníamos ni aguantábamos a tanto experto largando sentencias sobre los momentos únicos en nuestras vidas; puede que nos recordaran cuando fue el último -ni siquiera habíamos nacido- y cuando el siguiente -que probablemente ya no estaríamos aquí. Es lo que tienen los tiempos.

Así que para quienes puedan disfruten del eclipse en directo, a pelo -con la consiguiente protección-, seguro que se trata de un momento único en sus vidas.

Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario