Parece ser que el Congreso ha aprobado una nueva ley que considera a los animales como seres vivos (?) en lugar de cosas; con ello nos ponemos a la altura de los países civilizados de nuestro entorno que ya tienen en vigor leyes semejantes como signo evidente de modernidad. En esa ley también se tienen en cuenta los casos de separación -la noticia no especificaba si entre animales, personas o entre personas y animales-, entonces el señor juez dispondrá de un régimen de visitas y una tutela emocionalmente necesarios, supongo que para el animal ¿o no? Lo de las emociones me parece curioso, porque debe ser emocionalmente muy interesante que la misma persona que sufre porque no puede ver a su perrito -¿o el que sufría era el perrito?- pase olímpicamente de quienes no tienen para comer, viven en la calle o son apaleados por cuatro desalmados porque les apetece. Claro, en ese caso sería meterse nada respetuosamente donde no le llaman, o tal vez sea que ellos mismos se lo buscaron, ya son mayorcitos para elegir las amistades con las que se pasa el día. Además, en lo referente a las personas hablamos de adultos hechos y derechos, y en cuanto a los animales, pobres e indefensos, hablamos de seres vivos que viven sojuzgados por los caprichos de las personas. Llega un momento en el que el discurso se hace bastante oscuro, ridículo e incluso surrealista. Pero los animales son animales desde siempre, creo, y dentro de sus condiciones naturales ellos lo saben y como tal se comportan, luego deberían ser tratados como animales y no ser humanizados porque ellos jamás lo entenderían, ya que hacerlo sería ir contra su propia constitución animal. Qué follón.
No sé si la mencionada ley explica o justifica eso de llevar algo o a alguien -ya no sé cuál es el estatus del bicho- atado del cuello, constantemente tironeado e imposibilitado de hacer lo que, como animal, le apetece, además de obligado a seguir las rutinas y carencias humanas de un propietario al que le importan un pepino las necesidades animales de un cerebro animal. Pero, el caso es que este nuevo ser vivo pertenece a, luego su voluntad queda, de hecho, sometida a la de un humano -se supone que intelectualmente adulto- o simplemente no existe. Claro, este mismo humano, que humanamente sabe de comportamientos humanos de un animal que, por otra parte, no tiene ni idea, ni falta que le hace, de comportamientos humanos, puede traer y llevar a su antojo lo que antes era una cosa y ahora es un animal, antes objeto y ahora ser vivo, y éste, el nuevo ser vivo, debe humanamente entender, porque para eso es considerado un ser vivo, que su propietario, su dueño, quien manda en su voluntad, sabe más que él de sus necesidades y puede tenerlo encerrado el tiempo y en el lugar que le dé la gana o impedirle corretear a su antojo, circunstancias humanamente entendibles pero animalmente difíciles de aceptar; eso es lo que el cerebro animal precisamente tiene que reconocer y asimilar, porque siempre será por su bien, por eso debe comportarse dócilmente dentro de su nueva situación, es decir, aceptar como inevitables o normales las arbitrariedades y carencias, o los lujos, de un dueño que, como humano que se preocupa por los sentimientos humanos de un animal, conoce mejor que nadie sus propias urgencias -las del nuevo ser vivo. Por eso el ahora ser vivo debe hacer un esfuerzo de buena voluntad y aplicarse en las preocupaciones humanas. La cosa se confunde cada vez más.
En fin, ha costado lo suyo admitir lo que ya el señor Disney nos venía diciendo desde hace tiempo con su invento de humanizar a los animales de forma pastelera y cruel -para los propios animales-, reduciendo al hombre a unos caracteres simples e infantiles e imponiendo unos esquemas mentales tremendamente básicos en los que la inteligencia quedaba relegada al lado de los malos. Si la supuesta, maltratada y cada vez peor considerada inteligencia humana no da para ponerse a la altura de, por ejemplo, un perro que solo entiende de manadas, jerarquías y líderes y asume como natural su posición respecto de la misma, y se dedica a manipular los instintos más básicos del animal obligándole a comportarse y hacer cosas que nada tienen que ver con su naturaleza, no estamos tratando con un animal sino con una cosa a la que manejamos a nuestro capricho, sin que nos preocupe ni nos importe el respeto hacia su propia constitución.