El clima

Llevamos años oyendo y sabiendo del calentamiento global, una realidad sacada a la luz por gente que se dedica a ello en su trabajo diario y, creo, sabe mucho más que el resto sobre lo que está sucediendo con el clima a nivel global, y en función de ese trabajo de algún modo obligados a advertir a la población, así como de las posibles derivaciones y consecuencias que tendría un previsible empeoramiento con respecto a la viabilidad de la vida en la tierra; de interés para la especie humana, imagino que motivo principal.

También es cierto que una evidencia, en este caso científica, puede extrapolarse, modificarse, convertirse en un arma disuasoria o en un peligro real alterando los datos para atemorizar al personal y de algún modo redirigir los pasos a tomar y que el futuro se presente algo más halagüeño de lo que los datos vaticinan.

Evidencias y circunstancias que en principio no contienen ningún matiz político, afectando a todos los presentes y, mucho más, a los descendientes de estos últimos, a los que dejaríamos un mundo peor que el actual.

También es más que evidente que los perjudicados o, llevada la situación a tales extremos, hipotéticos perdedores derivados de los cambios que habría que implantar para revertir los modelos futuros que actualmente se contemplan, intentarán por todos los medios postergarlos e incluso impedirlos, pero no porque les importe la humanidad y su viabilidad, sino porque pretenden seguir enriqueciéndose, lo más importante para ellos. Lo que suceda en el futuro les da igual porque para entonces ya no estarán aquí y sus descendientes dispondrán de las rentas del dinero obtenido para buscarse un modo de vida seguro en función de las circunstancias ambientales. Es decir, mis padres estuvieron en contra del cambio climático para dejarme los medios económicos necesarios para que pueda disponer de un lugar seguro y protegido donde ese temido cambio me afecte lo menos posible. ¡Qué buenos y qué cabrones eran mis padres!

Hace poco el anciano malcriado de la gorra que gobierna el país más poderoso del mundo exigió a todos los países que se dejen de fuentes energéticas alternativas y medidas contra el deterioro del medio ambiente y le compren a los suyos más petróleo, que es a lo que se dedican y con lo que ganan muchísimo dinero. Al menos el tipo no fingía a la hora de sermonearnos que él y los de su calaña quieren ganar más y más dinero a costa de quien y lo que sea, además de que el futuro les importa una mierda. De qué, si no, organiza a capricho ataques y guerras con tal de proporcionar negocios a los fabricantes de armamento de su país.

Hasta aquí las posiciones son más o menos claras, denunciables e incluso despreciables, lo que cuesta más entender es el posicionamiento en contra del cambio climático, su silencio respecto al ambiente guerrero que hoy impera en todo el mundo es puro complejo de inferioridad, de gobiernos, derecha conservadora y extrema derecha de toda factura. Su falta de compromiso, concordia o solidaridad es sobrecogedora, porque solo alguien muy estúpido o, en cambio, aquellos que como decía más arriba pretenden seguir enriqueciéndose a costa de la desgracias ajenas puede mentir, acusar, despreciar y señalar a quienes hacen su trabajo preocupándose por los demás. Sin ofrecer nada a cambio, y esto último sí que es desolador.

Claro, más sorprendente aún es que estos parásitos tengan quien les crea y siga. Quizás se trate de gente sin descendencia y una situación económica holgada a quienes importa un pepino lo que venga después de ellos, en ese caso su posición tendría todo el sentido, es cierto que algo egoísta pero damos por hecho, y nos gusta hacerlo, que no somos todos iguales. Pues eso. Más difícil de entender es el apoyo de personas con descendientes y/o medios económicos justos, y ni siquiera eso; bueno, igual piensan que si lo del cambio climático es cierto al final nos afectará democráticamente a todos, como debe ser. Y si en la actualidad son incapaces de mover un dedo por ellos y los suyos qué puñetas les importa el futuro de la humanidad.

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