El cielo mañana

Tal y como van las cosas puede que dentro de poco, en este caso sí es cuestión de tiempo, la IA o algunos algoritmos relacionados o dependientes directamente de aquella dirigirán, controlarán -y manipularán- la reproducción en la especie humana. ¡Se lo imaginan!

Al fin será posible erradicar enfermedades derivadas o de transmisión genética que impiden llevar una vida digna a los nuevos individuos que vengan a este mundo, dándoles otra vida mejor, tanto para ellos como para sus familiares. Como se podrán elegir, también seleccionar, los rasgos y características físicas del neonato, siempre a gusto, o capricho, de los progenitores, directos e indirectos. Sexo y reproducción convivirán separados más de lo que ya lo están en la actualidad, enorme pecado y desobediencia de la voluntad divina para religiosos de toda fe y procedencia, otra muestra más de que este mundo está completamente perdido, en manos del demonio; dándose todo tipo de enfrentamientos y acusaciones entre los nuevos “dioses humanos” y una siempre beligerante e intolerante oposición religiosa -da igual la fe que practiquen- en posesión de la verdad, la única, la suya. Aunque esto último ya lo sufrimos hoy.

Se podrá elegir qué, cuándo, cuánto y cómo, en primer lugar, por supuesto, las clases más próximas o financiadoras del negocio y a continuación y como es normal según precio de mercado. Esto no deja de ser un inconveniente, puesto que irremediablemente aflorarán cuestiones de racismo y poder en cuanto a la selección, sus particularidades, o exclusividad, y disposición según para quién o quiénes; incluidas las inevitables patentes y derechos en manos de abogados de postín tan racistas y codiciosos como sus clientes. La carta puede ser ilimitada, con infinitas opciones en función del peticionario, la clase y el metálico disponible. Para quienes no puedan o encuentren dificultades para acceder, o no tengan derecho, que también, probablemente estará disponible un menú low cost básico en el que puede que también vayan incluidas -obviamente sin su consentimiento- algunas cualidades indispensables de corte eugenésico que eviten futuras molestias en cuanto a pensar o intentar subvertir de algún modo el orden establecido. Es indudable que alguien ha de ocupar los estratos inferiores, esos que viven de servir; pero al menos estos últimos se conformarán con que el descendiente sea normal, salga sano y sin defectos, pueda trabajar y luego sea lo que Dios quiera, como toda la vida.

Y pensando a largo plazo, además de enfermedades también desaparecerán muchos rasgos físicos que no es que sean mejores o peores sino que siempre han estado ahí, tanto para orgullo y pavoneo como para vergüenza, martirio y sufrimiento de sus propietarios -imaginen, infinitos. Eliminado el azar y la incertidumbre del no saber prevalecerán los requerimientos de unos preocupados progenitores ante un exigente y minucioso proceso de selección y exclusión a la carta; clientes y al tiempo propietarios, y esto no es cuestión baladí. Aunque también es cierto, y no menos importante, que la opinión del futuro poseedor de tan esmerado y potencial beneficio y su obligada aceptación no tiene por qué coincidir con las preferencias de sus interesados ascendientes. Otra fuente de problemas.

Puede que, preocupados porque el producto sea lo más normal posible y ajustado a preferencias, se pierdan o desaparezcan para siempre talentos extraordinarios, aventureros y aventuras, individuos que arrostran sin dudarlo incertidumbres y peligros porque no se gustaban a sí mismos, por temeridad o por pura por e íntima osadía; por olvidarse de problemas o, en su derecho de seres vivos, intentar cambiar, renovar, eliminar o subvertir un orden que, anterior a ellos, sin embargo no les acaba de gustar.

Como contrapartida la realidad más obvia nos llevará a parecernos aún más, cada vez más iguales, al principio en función del dinero y con el paso del tiempo la gran mayoría -si es que todavía andamos pululando por la corteza del planeta, éste permanece más o menos como hasta ahora y aún no se ha hartado mandándonos directamente a la extinción. Pero eso son otras cuestiones que ahora no vienen al caso. Las posibilidades, pues, son infinitas; menudo negocio, y esto no lo digo yo, puede que hoy en algún lugar alguien ande maquinando, haciéndosele la boca agua.

Sin embargo, tales previsiones, profecías, disparates, distopías o este mundo mañana tienen un gran inconveniente -siempre hay un pero-, es imposible sin mujeres ¡ah! ¿luego? Es lo que tienen los visionarios, generalmente hombres muy implicados con el futuro -su futuro-, tan altruistas que solo piensan en la humanidad, pero no en las mujeres, tantas o más que hombres, muchas, que todavía han de cargar con un “castigo ancestral” a la hora de un siempre imprevisible y engorroso embarazo, como del doloroso y más que comprometido parto. Por este lado las cosas siempre van a ir más despacio, o simplemente no van.

Sigue pendiente retroceder a la casilla de salida y reiniciar ese bonito invento de la humanidad en igualdad de condiciones.

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