Cosas de adultos

En el cuento del traje nuevo del emperador es un niño el que hace la pregunta correcta poniendo el dedo en la llaga al afirmar lo que es obvio, que el emperador va desnudo, realidad que pone en evidencia la flagrante ignorancia colectiva o el temor a quedar como un estúpido que los adultos inventan admitiendo como verdad lo que no deja de ser una situación absurda o una simple mentira.

Y que sea un niño quien hace la pregunta tiene su importancia porque son precisamente los niños quienes ven el mundo tal y como es, sin subterfugios, falsedades, miedos y cinismos que los adultos levantan como forma de convivencia con la intención de ocultar las preguntas siempre pertinentes que ellos ya no se atreven a responder sin quedar como estúpidos. Como también es curioso que la propia sociedad exija una sobreprotección de la infancia frente a presuntos dogmatismos e influencias consideraras como “no adecuadas”, sin tener en cuenta otras, tal vez muchos peores, que inculcarán y obligarán a admitir a los chavales lo que en muchos casos no tiene admisión posible, sin explicaciones ni razonamientos, porque sí, sin que importe quedar como otro estúpido más.

Entonces, qué afirmaría o preguntaría un niño ante la exposición pública de los presuntos restos del cadáver de Teresa de Ávila, situación extraña y casi inverosímil en los tiempos que corren -un escenario que admitiría muchos más adjetivos. Qué diría o preguntaría un niño ante la procesión de adultos junto a unos restos apergaminados que probablemente le provocarían un extraño pavor. ¿De qué van los adultos? Aunque también es probable que no fuéramos capaces de ponerlo en tal brete porque, afirmaríamos con total seriedad, es demasiado pequeño e incapaz de entenderlo, pero ¿lo entienden los adultos que procesionan ante la supuesta reliquia o simplemente lo admiten sin rechistas por no quedar como estúpidos?

No deja de ser paradójico, o directamente chocante, que quienes tienen La Biblia como libro de referencia actúen de tal modo, exponiendo públicamente los restos de un cuerpo que fue hace ya cientos de años, deudor en cambio de un más que merecido descanso. Con qué intención. ¿La persona de entonces hubiera permitido tal espectáculo con su cadáver? Con el añadido de que hoy seguimos teniendo datos suficientes para saber cómo actuaba y qué pensaba la propietaria del cuerpo, y es más que probable que no le gustara nada de nada lo que se está haciendo con él. Qué tipo o especie de adoración se le dedica a los residuos troceados y separados de un cadáver, qué clase de respeto se pretende mostrar que no tenga que ver con dejarlo descansar en paz, sin necesidad de semejantes celebraciones o exhibiciones cuasi circenses.

Así mismo, desconozco cómo interpretan esas personas cuestiones tan importantes para su fe como el cuerpo y el alma, sobre todo quienes más fieles y religiosos se consideran; si alguna vez han entendido, y al parecer no comprendido por completo, volviendo al libro de referencia, las sustanciales diferencias entre cuerpo y alma, aquel corrupto y despreciable y la otra única realidad concedida por Dios, con la que después de la muerte pretenden ascender a los cielos o acabar en las ardientes calderas de Pedro Botero. En el fondo todo este montaje resulta de mal gusto, o incluso grotesco. Un enorme absurdo sobre el que probablemente sería mejor no hacer preguntas, so pena de recoger, además de un más que expresivo encogimiento de hombros, más silencios que palabras.

Qué piensan esas personas y qué especie de devociones o dudas arrastran, qué desasosiego les mueve para llegar a tales extremos. Han leído, entendido y comprendido a la mujer a la que dicen adorar. Si, por simple respeto, están desapareciendo de los museos momias y restos de cadáveres con siglos de antigüedad, qué sentido tiene mostrar públicamente unos restos que estarían infinitamente mejor descansando en la tumba. ¿Qué se pretende con ello? Entre todo ello intento dar con la pregunta o las palabras que un niño, similar al “emperador va desnudo”, pondría sobre la mesa ante semejante espectáculo.

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