No solo odio

Sobre este tema creo que se ha escrito de todo. Mandarines, y menos, de la prensa y la cultura han ponderado sobre y a partir sin que, que yo sepa, ninguno haya puesto el dedo en la llaga, las dos criaturas cruelmente asesinadas con la malvada intención de herir a una mujer allí donde más duele y más cuesta olvidar. Para siempre. Se ha hablado del autor, intenciones, creación, libertad, censura, derechos, democracia, qué es o no puede ser según la ley, etc. 

Y al hilo de todo ello se me ocurre una pregunta: si una mujer hubiera sido capaz siquiera de concebir un proyecto, por llamarlo de algún modo, semejante, dejar hablar libremente a un asesino confeso juzgado y apartado de la sociedad por la propia justicia. Porque no hablamos de un guion cinematográfico en el que un escritor con pocas ideas se dedica a concebir psicópatas y crímenes capaces de llenar salas en un absurdo pulso por retorcer y mostrar el mal de la forma más racional y vendible posible. Poner delante de un perturbado machista -por educación y convicción- juzgado y condenado un micrófono con la excusa de que se trata de una investigación sobre el odio no tiene nada de interés y sí mucho de retorcimiento torticero y algo misógino, y hasta malévolo; también puede ser que el propio autor anduviera corto de ideas.

Para un asunto tal el autor debería haberse preguntado si en algún momento ha entendido lo que significa la violencia de género -o como él mismo prefiera llamarla-, qué hay detrás y de qué modo el problema y su violencia implícita permanece arraigado en el subconsciente, tanto individual como colectivo, de esta sociedad. Molestándose en informarse o directamente leer todo lo que hay publicado sobre ello y, ya puestos, intentar ponerse en el lugar de una mujer para tratar de ver mejor, a sabiendas de que pensar y sentir como una mujer es imposible, pero al menos esforzarse en averiguar qué hay detrás y persiguen teorías, hipótesis, escritos, manifestaciones, discursos y quejas por parte de mujeres intentando explicar a los hombres hasta dónde llega la raíz de la violencia contra ellas.

Sin tal interés, conocimiento, preocupación o mera información el asunto solo queda en otro proyecto parido con mal fario, producto, otro más, de una solitaria arrogancia masculina, algo autista, que se ve y siente al margen del resto, por no decir otra variante más de un machismo que no ha de ser necesariamente violento para darse por simple defecto.

Porque exactamente se persigue ir más allá de qué, qué supuesto descubrimiento científico o psicológico de interés, qué especie de revelación definitiva, si no simple escasez de ideas o puro aburrimiento. O se trata de mero provecho económico. Ninguna persona en sus cabales desentierra al asesino para que vuelva a acuchillar a la víctima, esta vez a la vista de todos. Dónde quedan cuestiones morales como humanidad, prudencia o mero respeto, o solo prevalece el propio ombligo hurgando en las miserias humanas para obtener un relato que nadie demanda o interesa.

Quizás, en lugar de silencio, hubiera sido más conveniente saltar a la palestra para pedir disculpas, primero a la víctima que queda en pie y luego a la sociedad, y retirar el libro. Un error lo puede tener cualquiera, y siempre honra reconocer los propios errores.

Estas letras no pretenden llegar a ningún sitio porque, de partida, yo no soy quien, sino más bien denunciar un grave defecto de fondo a tener en cuenta antes de dar un paso semejante, puesto que la importancia y gravedad del asunto lo ponen por encima de circunstancias que de ningún modo deben considerarse normales y de las que, como especie, no debemos estar orgullosos, mucho menos magrear de mala manera en provecho propio con la excusa de una idea original. Que al final haya sido la editorial la que ha decidido retirar temporalmente el libro no acaba de arreglar las cosas. El desconocimiento del significado en profundidad de tales sucesos permanece intacto.

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