Tarde de otoño

Difícil afirmar si estaban allí juntos para hablar o para beber, también fumaban, sin poder distinguirlos al completo puesto que a la mayoría los ocultaba la marquesina del aparcamiento bajo la que confraternizaban, un par de ellos de espaldas a la luz gestualizando o con el vaso en la mano. En el capó de un coche oscuro más vasos y una botella en el suelo, a las nueve de la noche de un templado día de otoño en el que probablemente hay muchas otras cosas que hacer que beber en medio de ningún sitio, aunque tal vez lo que cuenta es estar un rato con los colegas, de ese modo olvidas las preocupaciones y ocupaciones a las que deberías atender pero con las que no tienes ganas de lidiar, a un paso del todo esto es una mierda y no tener otra cosa que llevarte a la boca.

Vestían de oscuro, de cualquier modo, prendas cómodas y económicas que cumplen a la perfección el hecho de tener que cubrirse, además de por el frio porque no vas a ir en pelotas por la calle, sin que ninguno de ellos destacase, tampoco ella, o ellas, difícil de advertir en un fondo de sombras, tan solo las voces. Sin levantar el tono, sin malos rollos, enfados ni sentencias, advertencias o amenazas. Perfectamente adaptados al lugar que la sociedad previamente les ha asignado, no porque ellos lo hayan elegido, sino porque desde que vinieron a este mundo sus aspiraciones aguardaban escritas en un sobre sellado sobre el que no tendrían potestad; quedaba asumir el papel y tirar para adelante.

Hablaban de no llegar a final de mes, de los hijos, concebidos sin pasión, solo sexo, un convencimiento tardío o mayormente porque ella sí quería tenerlos e insistió; a ellos en cierto modo les daba igual, no lo tenían muy claro -no tenían nada claro. Ocurre que si no tienes para ti tampoco tendrás para los críos -aunque si quieres tenerlos, ¿por qué no?-; estaban los padres, que siempre tienen algo con qué ayudar, o al menos cuidarlos y alimentarlos cuando ellos no estén o no puedan, que suele ser la generalidad.

No acababan de entender cómo fulanita colgaba constantemente en las redes todo lo que hacían, los regalos de sus hija, las comidas, los viajes de fin de semana, el coche… Porque con 950 al mes tampoco se está para tirar cohetes, yo no llego para los tres; y ella no gana más, serán sus padres, pero jode, parece que te estuviera echando en cara que eres un inútil. Yo sin mis padres no podría, me quedaría a medias. No sé cómo lo hace. Entre el coche, la luz y el agua y las cuatro cosas para comer a mí no me da para mucho más. Ya. Si mis padres no se llevaran al crío después del colegio no podría pagar las facturas, es imposible…

Hablaban y bebían, indistintamente, como si estar vivos fuera precisamente eso, charlar con los colegas de cómo te va -ni mal ni bien. El trabajo funciona lo que funciona; aunque ahora estoy cobrando la ayuda familiar. La afirmación causaba menos revuelo que comprensión, tampoco ira o indignación, ni expectativas, más resignación si cabe, ni fuerzas ni ganas de despotricar contra quien quiera que tuviera la culpa; o es que directamente no había nombres ni culpables, los mismos de siempre, o sea, nadie, como de costumbre, igual que estaban allí. Se volvía a rellenar el vaso o se tiraba directamente de botella, según. Rondarían la treintena, poco más, o menos.

Transcurría la noche bajo aquella marquesina de un centro de enseñanza cerrado a cal y canto, un buen lugar para departir cuando no hay otra cosa mejor que hacer, tampoco volver a casa, donde toca enfrentarse a lo que hay que enfrentarse, y para eso como que no hay muchas ganas. Hasta que llegue la hora o cuando la conversación se agote, o alguien afirme tener prisa porque en el fondo no debería estar allí, hablando de lo que no se puede cambiar, de lo que hay, de no disponer, o disponer de poco, casi nada; también sin fuerzas o ganas para quejarse, el destino -pero eso tan complicado del destino les pillaba lejos, no les hacía falta. Es cierto que la situación sonaba a irremediable sin que diera para futuro, o uno tan oscuro como una noche sin luna; ya irían viendo. Al menos no andaban de médicos, lo que faltaba, entonces sí que estás muerto en vida.

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