A la hora de escribir habitualmente me gusta hacer balance sobre lo escrito intentando no cargar las tintas o parecer exagerado en cuestiones que en el fondo nada tienen que ver con la propia escritura, aunque al fin y al cabo un lector inteligente reconoce a primera vista dónde apoyarse y de qué prescindir, porque es el lector quien hace la lectura. También es cierto que en otras ocasiones simplemente se trata de lo que hay, o despistes; por estar tan metido en el tema que uno no ve más allá de lo que está escribiendo o porque no he dejado el tiempo suficiente para releer y corregir lo que luego son errores garrafales que en nada ayudan. Cada cual ha de apechugar con sus limitaciones tratando de que no enturbien lo que pudiera estar bien hecho, o decentemente hecho.
Pero hoy la noticia, si es que puede considerarse tal, me lo ha puesto a huevo, como suele decirse; decía así: La nueva Ruta Quetzal baja el listón para los chicos para evitar que el 87% de participantes sean chicas. Además, en algunas autonomías como Galicia, Cataluña y Valencia, una vez hecha la selección de expedientes escolares, los chicos simplemente no existían.
Me parece toda una declaración de principios respecto a la sociedad que tenemos, a los valores que priman entre quienes tienen en sus manos su futuro, ¿qué más hace falta? Qué mejor muestra de una sociedad que el nivel educativo de sus jóvenes.
Claro, hay quien dirá que eso no es extrapolable, sobre todo hombres, esos que copan los puestos dominantes y de dirección sin que nadie les haya preguntado antes si estaban capacitados, o al menos si tenían alguna idea de lo que se traen entre manos -al margen de enriquecerse por todos los medios posibles, da igual si civiles o criminales. Pregunta más que inconveniente para quienes están habituados a esa discriminación basada en los atributos de toda la vida -sexo, poder y dinero-, y no precisamente intelectuales.
Entre las muchas preguntas que sugiere la noticia está la de ¿en qué piensan los chicos? En follar, jugar al fútbol, en la violencia como único medio de hacerse valer, en imponer una falsa superioridad que solo se da entre los brutos y que el resto ha de aceptar porque sí. Sirviéndose de tradiciones y valores religiosos -como sinónimo de machismo- que afirman que el hombre es el rey de la creación y como tal hay que reverenciarlo.
Me gustaría que todos aquellos que denuncian las recomendaciones positivas favorables a quienes no son hombres, blancos y tarugos hicieran algún comentario, aunque mejor no, dadas sus flagrantes limitaciones asegurarían que la noticia no es ejemplo de nada; se trata de estadísticas tendenciosas o directamente manipuladas, o hechas por cuatro pirados intentando hacer negocio a costa de nuestros jóvenes; en el fondo una amenaza a eliminar porque puede sentar precedentes. Aunque no debería de extrañarnos, en EEUU un expresidente acusado de casi todos los delitos financieros posibles -de los otros prefieren no hablar- no deja de aglutinar seguidores tremendamente limitados que consideran que la mejor forma de estar en este mundo es con una Biblia -que probablemente jamás han leído- en una mano y un arma en la otra. Y en Italia acaban de enterrar con honores de héroe nacional a un tipo acusado y sentenciado por todos los delitos imaginables que no ha aportado absolutamente nada a la sociedad, bueno sí, más machismo e ignorancia; la corrupción viene a ser la misma, pero ahora sin necesidad de ocultarla al público, lo hago porque quiero y puedo.
Por otra parte, llama la atención la falta de valor de los organizadores de la Ruta Quetzal a la hora de llevar a cabo la realidad de los expedientes académicos, y si no hay hombres pues no pasa nada, mejor dejarlos fanfarronear entre colegas soñando con sexo, violencia, músculos, LeBron o Mbappé, quizás aprendan algo útil, aunque me temo que no, solo divertirse y consumir; en última instancia ya encontraran a alguna desgraciada despistada dispuesta a darles de comer, lavarles la cara y limpiarles la mierda que van dejando. No hay mucho más.