Vuelven

Vuelven las elecciones y vuelven las rutinas de las que nos decimos cansados porque nunca hemos llegado a entenderlas -tampoco las queremos porque requieren esfuerzo e implicación-; vuelven los cuentos y la promesas y vuelven esos sueños que casi siempre acaban rotos; vuelven las sonrisas, sinceras o forzadas, y vuelven la misma incredulidad, envidia y desconfianza de siempre, aunque más cansadas; vuelven las reuniones, fiestas y celebraciones y vuelve el posterior desánimo de la democrática y siempre difícil convivencia; vuelven algunos que se fueron y vuelven en algunos casos sin saber dónde vuelven, probablemente a su infancia o juventud, que no es donde realmente vuelven, aunque no lo sepan; vuelven los fantasmas nunca redimidos y vuelve el humo del sacrificio más doloroso; vuelven las palabras, frases y arengas y vuelven las pausas y los silencios reflexivos que en muchos casos únicamente son ausencia de palabras; vuelven antiguos recuerdos -buenos y malos- y vuelve ese futuro próximo que luego se convertirá en otro recuerdo marchito; vuelven las miradas de soslayo, sospechosas -todavía sin falsear, faltan datos- y vuelve el reconocimiento, allá en el fondo, de las causas de esa misma mirada; vuelven las advertencias, alertas y amenazas -algo con lo que atemorizar, ese temor como sinónimo de duda- y vuelven los miedos, que en la mayoría de los casos solo son falta de certezas, o no tan ciertas como suponíamos; vuelven algunos sueños para que permanezca lo que hay; vuelven las caras bien vestidas, pintadas, y vuelve el ya te he visto, nos conocemos; vuelve la palmada en el hombro y vuelves a darte la vuelta con la mosca en la oreja alentada por un viento que se lleva todo lo que toca; vuelven los que no lo consiguieron la última vez -sin haberse preguntado por qué no eran necesarios- y vuelve lo que tampoco será porque a nadie interesaba; vuelven los amigos -algunos de quienes no te acordabas- o conocidos y vuelven generalmente mayores -también viejos- y gastados, pero no siempre amilanados -aún creen en sí mismos, ahora lo saben, tienen que creérselo-; vuelven las esperanzas abriendo la puerta a los otros desengaños, que son los mismos, o se parecen, porque nosotros también seguimos en el mismo lugar; vuelven las sentencias que se pretenden definitivas y vuelve la próxima vez -otra vez-; vuelven los rencores -o aquella faena- y vuelve la misma mezquindad que también conocemos porque siempre nos falta ese punto de honradez que se nos hace insuperable, como si entonces ya no fuéramos nosotros mismos -eso nos gusta decir para justificarnos-; vuelve esa falsa sabiduría que nunca acierta y vuelve mañana para demostrarnos que nuestra sabiduría se limita a tan solo eso, a mañana; vuelve seguir como estoy y vuelve que al menos me quede como estoy, bien, gracias.

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