Para empezar, ignoro si la triste reiteración de los hechos ha creado la alarma o se trata de una insistencia con intenciones de alarma que intenta capitalizar lo que todavía son casos aislados. Porque en la actualidad la diferencia entre alarma, cotilleo, evidencia, intereses -o pura y dura ideología- y/o realidad nunca está del todo clara, puesto que cualquier medio, escrito, audiovisual o directamente internet puede situar en el centro un hecho o una situación que hasta entonces quizás haya pasado desapercibida, o fuera directamente inexistente, sin mostrar sus verdaderas intenciones. Y quien dice medio también dice organismo, partido, mafia o maleante con otros propósitos que en el fondo nada tienen que ver con aquello de lo que la supuesta alarma pretende ser ejemplo. Además, basta que aparezca reiteradamente en ciertos lugares para que de inmediato se abalancen sobre ello centenares o miles de cabecitas adocenadas, con poco o directamente sin nada que hacer o en qué pensar, profiriendo todo tipo de comentarios, exclamaciones y sonidos muestra de su indescriptible y deprimente ignorancia, convirtiendo nada en nada elevado al infinito.
Una de estas últimas alarmas, noticias o realidad es, al parecer, la profusa, confusa y agresiva vida sexual de los más jóvenes y la influencia que la pornografía tiene sobre ella. Que el sexo sea noticia no deja de ser noticia, primera página para una actividad humana para muchos más peligrosa que placentera. Se trata de una recurrencia que tiene que ver con épocas, modos, amenazas e ideologías habituadas al poder, porque pensar siempre ha estado en las antípodas de un sexo concebido como una actividad tan gratificante y dominadora como proclive a la confusión y/o alteración de jerarquías y poderes. Probable y desgraciadamente por ello todavía hay muchas personas -sobre todo hombres- a las que les cuesta compaginar sexo y razón, o les es completamente imposible.
Que actualmente los más jóvenes estén o parezcan manipulados y redirigidos por cualquier medio o intención hacia un sexo violento e irracional en el que prima el poder tampoco es una novedad, y tiene que ver con el bajo grado de satisfacción que esta sociedad viene promocionando como ejemplo de libertad, manejando infinidad de conciencias -sobre todo las más jóvenes- en las que prima la felicidad de lo inmediato. Una “sexualidad libre” reducida a la liberación de los impulsos más básicos e instintivos terroríficamente amenazados por la frustración o el fracaso. Tampoco debería extrañarnos que esto suceda en una civilización levantada y que sigue funcionando a partir de un sexo que siempre ha sido poder, disipado o más o menos controlado y/o permitido. Los matrimonios y las relaciones de pareja existentes aún siguen siendo en su mayor parte a causa del sexo, “legal” pero igualmente orden, poder o coerción.
Con el añadido de que esta violencia sexual entre los más jóvenes probablemente sea vista con íntima satisfacción por una derecha tradicional -en el fondo siempre violenta contra quienes no piensan como ellos-, que solo concibe el sexo santificado y/o domesticado en función de sus patrimoniales intereses o directamente como algo despreciable. Esta alarma, de ser cierta, permanecer e incluso incrementarse, se trataría para ellos de un aviso a navegantes, de por dónde irán las cosas si ese feminismo reivindicativo al que tanto temen e interesadamente ponen en la cresta de la ola de los peligros sigue extendiéndose, luego y como solución habría que volver a encerrar el sexo en dormitorios y confesionarios.
Sexo que en el fondo no deja de ser otra muestra de la libertad que esa misma derecha intenta vender, libertad para poder tomarse una cerveza donde apetezca, llevar a los niños donde los suyos o, también, para crear empresas y aplicaciones pornográficas de libre acceso; otra cuestión son quienes caen en sus redes, probablemente jóvenes con falta de autoestima, dificultades educacionales o provenientes de familias con pocos recursos. Los vástagos de la derecha andan a buen recaudo en colegios mayores, es cierto que a veces sueltan barbaridades por la ventana, pero eso solo es un asunto menor que el dinero puede arreglar. Esta alarma que cierta izquierda pretende mostrar como un problema social probablemente no sea tal, sino un problema y solución únicamente familiares, por aquello de Dios, familia, patria y libre empresa, el resto pueden imaginárselo.
O es que ahora nos va a pillar por sorpresa que el hombre -la parte masculina de la humanidad y dando igual si para violentar o reprimir- siempre ha tenido el cerebro en la polla.