Violencia (Dos apuntes y una observación)

Quién necesita de la violencia como forma de relacionarse con sus semejantes, por qué no utiliza los medios razonables y dialógicos de los que la especie dispone para resolver cualquier diferencia de pareceres que pueda significar un conflicto, independientemente de las dificultades para su resolución. Una primera respuesta podría ser el miedo, el temor que justificaría una reacción violenta como solución a un sentimiento de inferioridad o a una incapacidad para hacerse entender mediante los medios de relacionarse disponibles, ambos sentidos como una humillación permanente de la que es imposible desembarazarse, amén de condicionar todo comportamiento. En otros casos la violencia obedecería a la codicia o la ambición de poder, ejemplos de egoísmo de los que tampoco habría que descartar como causa un complejo de inferioridad incapaz de ver a los demás como iguales, sujetos de cooperación y ayuda mutua. O el uso de la violencia por simple inadaptación causada por problemas psíquicos o educacionales ocurridos durante las primeras etapas de aprendizaje y maduración personal -cuestión, esta, de más difícil estudio y resolución. Probablemente habrá más, a las que sumar la respuesta violenta -como solución extrema- frente a actuaciones claramente hipócritas, cínicas y despreciativas por parte de unos interlocutores que por lo general y como norma se comportan de forma deshonesta -las causas para tales comportamientos son todas egoístas. Es cierto que también para esta última forma de violencia, como para el resto, siempre existirán elementos “discutibles” o a tener en cuenta, a pesar de mostrarse como la réplica obligada, o el último recurso, frente a un desprecio y permanentes humillación y explotación de sus semejantes que nada tienen que ver con cuestiones de incapacidad o inadaptación en el caso de la víctimas.

Un segundo apunte plantearía qué porcentaje de la violencia humana proviene o tiene alguna relación con ese “instinto animal” que lleva a los machos de numerosas especies a enfrentarse y luchar entre sí a la hora de la elección de hembra, o hembras, con las que procrear -un resto instintivo que en numerosos individuos aún se muestra preponderante sobre las influencias culturales y/o civilizatorias. En este caso podríamos hablar de una cuestión de género, más que de especie, concretamente de los machos. Una consecuencia aparentemente simple sería que debido a ello aún vivamos en una sociedad hecha por machos en la que la violencia sigue presente como medio de relación, una sociedad incapaz de desprenderse de un instinto -o prejuicio- de género que, sin embargo, no tiene perspectivas de desaparición, hasta el punto de haber sido racionalizado y normalizado como comportamiento en función de unos intereses egoístas y de dominio contrarios a todo espíritu humano o civilizador. Una violencia, tan latente como evidente, capaz de aglutinar y dar salida a diferentes sentimientos de odio, temor, codicia o envidia en forma de comportamientos agresivos y explotadores en los que nunca falta la estrecha e intolerante tradición como justificación y sagrada valedora; lo que no deja de ser la sonrojante muestra de unas carencias relacionales reconvertidas en violenta imposición sobre semejantes más civilizados o menos afortunados.

Y una observación, si efectivamente la violencia es una cuestión de género tiene todo el sentido que las guerras no las promuevan y protagonicen mujeres, ni les interesen, más preocupadas por cuestiones de relación, dialógicas, de cooperación o de cohesión, mucho más útiles y beneficiosas para el grupo en general. Tampoco acaba de entenderse cómo, después de siglos de “civilización” y desastrosas consecuencias provocadas por el uso de la violencia, la especie humana ha sido incapaz, no de darse el tiro de gracia a sí misma -de lo que quizás no estemos muy lejos-, sino de desprenderse y no dejarse dominar, incluso racionalmente, por ese instinto violento que solo trae más males y perjuicios que beneficios para la especie. Y más asombroso si cabe resulta que todavía hoy haya machos humanos que se jactan de usar la violencia como medio para relacionarse con sus semejantes, gente tan primitiva que asombra no haya sido expulsada de cualquier comunidad u organización mínimamente civilizada.

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