Nuestra historia

El documental de la cadena pública alemana ZDF sobre la dictadura franquista, La dura verdad de la dictadura de Franco, es un trabajo correcto a pesar de algunos errores de bulto e incorrecciones de importancia, con hipótesis más bien atrevidas y juicios que pueden ser cuestionables y que obedecen a criterios específicos por parte de los autores a la hora de la selección de los acontecimientos, y que no necesariamente han de ser compartidos por los espectadores. Puede achacársele la carencia de un mayor número de testigos y testimonios directos, así como también es criticable su austera realización o la poca variedad, o mayor calidad, de la documentación cinematográfica. El resultado final puede ser comparado con otras obras similares, con lo que en unos casos ganaría y en otros quedaría rezagada, pero, al margen de exactitudes y calidades, debería interesar sobre todo a las generaciones más jóvenes, los menos informados y a quienes desconocen esa parte de la historia de España, o se mueven entre opiniones y juicios de valor poco claros y en muchos casos falsos o claramente tendenciosos. Y es recomendable porque por encima del conjunto sobresalen tres puntos que son completamente ineludibles, nada debatibles y nunca justificables.

Primer punto. El fiel reflejo de la catadura moral del dictador, un tipo mediocre, resentido, taimado, oportunista y cruel habituado a maniobrar en la sombra, a la espera del momento en el que tomar el poder, su máxima ambición, y mantenerse en él a toda costa. Todo un ejemplo del mal en la tierra.

Segundo punto. La cruda realidad de una dictadura miserable, vengativa y en su fuero interno exterminadora que, desde su primer día, actuó en contra de toda reconciliación o convivencia entre la población del país, puesto que su único objetivo fue la completa extinción, tanto psíquica como física -hasta la muerte si era preciso- de quienes no pensaran como los vencedores de la guerra, es decir, no fueran fascistas y católicos por los cuatro costados. La puesta en práctica de un odio visceral y una voluntad de exterminio similar en muchos casos a la de los nazis con respecto a los judíos -el mejor español con un pensamiento diferente al suyo era el español muerto-; y que no tuvo ningún reparo en dejar al país entero en la más absoluta miseria con tal de lograr su objetivo.

Tercer punto. La sórdida inoperancia y la completa incapacidad del régimen para sobrevivir por sí mismo. Una dictadura que inició y ganó una guerra malviviendo después gracias y a expensas de la voluntad y la política interesada de los países occidentales, sobre todo de Estados Unidos. Un rincón del mundo civilizado en el que gobernaban la crueldad, la corrupción, la miseria y la ignorancia, y que solo cuando los intereses políticos de su vecinos consideraron oportuno, o estratégicamente necesario -frente a la amenaza soviética-, fue poco a poco saliendo de su interesado ostracismo internacional. Nada había más falso que la imagen de paz, convivencia y progreso que un régimen tan desesperado como fracasado se encargaba de propagar entre sus silenciosos, obedientes y maltratados ciudadanos. Ninguna persona con un dedo de frente podía tragársela.

El paso del tiempo pone las cosas en su sitio y hoy nadie sensato, justo y, también hay que decirlo, demócrata puede hablar bien del dictador y las crueles violencia y opresión de aquel régimen. Y si alguien lo hace es que no le interesa la democracia -un sistema político que precisamente le permite manifestar públicamente sus opiniones-, tratándose de un individuo sectario e intolerante, además de ignorante, de quien no deberíamos fiarnos y tener cuidado si llega al poder, porque de hacerlo cortaría de raíz toda libertad que no fueran las suyas, encarcelaría o expulsaría a aquellos que pensaran diferente y, probablemente, no le importaría pasar por las armas a cualquiera que intentara mantener y defender opiniones diferentes o contrarias, o simplemente plantarle cara. Otro fascista que ante cualquier pregunta directa o comprometedora se ocultaría en una libertad que en su caso es sinónimo de destierro o muerte para los demás.

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