Ignoró por qué cuando leí la información me acordé de las mangas, o brazos, de motorista, esa “segunda piel” primorosa y completamente tatuada con la que los aficionados a las motos se cubren los brazos en verano para evitar que el sol los queme. Un práctico invento con el que protegerse y fardar al mismo tiempo. Siempre se descubre algo nuevo.
Ocurrió curioseando en un pequeño reportaje sobre el auge en la venta de fajas femeninas de todo tipo, tamaños y modelos, parciales o de cuerpo casi entero, en diferentes telas, hechuras y texturas y con más o menos realces, rellenos o suplementos para la parte del cuerpo deseada -las mejores venían con la etiqueta Made in Colombia. Y yo que creía que eso de las fajas era un tema muy antiguo, de cuando mis padres. Pero no, parece ser que cada vez están más de moda. También aparecía en el reportaje que una de las precursoras de tales complementos de belleza -probablemente, o no tardando, también se fabriquen para varones- fue una de las hermanas de un clan muy famoso en las redes sociales -con programa de televisión incluido- y creo que casada con un rapero más famoso si cabe, poseedora de un generoso trasero del que, por lo visto, gusta presumir; claro, porque no piensa en el terror que debe paralizar a cualquier inodoro cuando se le viene encima semejante masa de carne expulsando y profiriendo sólidos y sonidos sin medida. En fin, nada del otro mundo, nos pasa a todos.
Sin embargo y a pesar de mi sorpresa creo que puedo hacerme una idea de que tales complementos de belleza -las fajas- colmaran las aspiraciones de un cuerpo más o menos potable, y/o atractivo o deseable, para muchas mujeres que, de lo contrario, se verían obligadas a castigarse diariamente en el gimnasio, y sin apenas comer; o directamente verse conminadas a malvivir con la deplorable realidad física que el espejo les devolvería cada mañana. Con este invento cualquier señora podrá lucir parte o cuerpo entero de película, enfundarse una segunda piel casi perfecta que incorporaría las presiones y añadidos necesarios para que debajo de cualquier prenda, también un vestido ceñido, se dibujaran unas curvas y volúmenes atractivos, sugerentes y hasta enloquecedores, tanto para la propietaria, que los disfrutaría y mostraría orgullosa, como para cualquier admirador o admiradora en busca de belleza, amor o simplemente sexo.
Como tampoco es difícil imaginar que a medida que la tecnología avance esas en principio fajas podrían convertirse en una auténtica segunda piel -de cuello a tobillos, por ejemplo- sin la que nadie saldría a la calle. Atrás quedarían esos antiguos y pálidos cuerpos desnudos colonizados por imperfecciones de todo tipo, los desagradables inconvenientes de las pieles de carne y hueso, pelos, lunares, cicatrices, michelines, flacideces, desfallecimientos etc., bien ocultos bajo una tersa y excitante película, casi perfecta, con la que maravillar a conocidos y desconocidos. Luciríamos como jóvenes en plenitud física, cuerpos diez poseedores de unas curvas, suavidades y texturas admirables, deliciosos de tocar y acariciar, algo así como los personajes de esos cómic porno de alta calidad que muestran unos cuerpos tan brillantes como perfectos. En el caso de los humanos esos cuerpos diez estarían rematados por unas cabezas, unos pensamientos y un vigor y deseos no tan espectaculares, más bien los mismos de siempre.
Quizás lo bueno del invento es que no se trata de nada virtual, sino físico, completamente táctil, una belleza y una placer que pueden palparse y disfrutarse en carne y hueso, bueno, lo de carne es una forma de hablar; pero con ello nos olvidaríamos definitivamente de los espejos y los gimnasios, y podríamos comer lo que nos apeteciera porque cada mañana nos enfundaríamos nuestra segunda piel para satisfacción propia y disfrute de nuestros admiradores, que seremos todos. Solo hay que dejar volar la imaginación, porque en situaciones así todo vale y es posible.