¡Qué follón!

Las cosas suceden tan deprisa que no llegamos a tiempo de verlas pasar ¡qué torpes! Un influencer algo pasado de kilos, a juzgar por las imágenes que de él pueden verse en internet, se gasta más de 200 euros en comer –“¡jo, tíos! estuve tres horas comiendo”- y lo celebra con sus miles de fieles y seguidores no sé si para darles envidia o porque necesita sentirse legal con ellos -difícil distinción. De inmediato un cocinero famoso o conocido -elijan lo que prefieran- que vive apalancado desde hace años en televisión, que no en sus fogones -por qué será-, da la bienvenida al nuevo integrante del gremio y le anima advirtiéndole que eso es el principio, esa minuta no es nada del otro mundo, las hay mucho más elevadas -imagino que sigue hablando de comer-, sobre todo en los niveles económicos en los que probablemente volverán a verse, o en algún sarao a la moda, ahora que al influencer se lo disputan los medios porque con él vienen miles o millones de tiernos seguidores listos para ser informados, amén de adiestrados, en otro tipos de consumo; ¡guay! Al mismo tiempo aparecen en prensa los Pandora Papers, una supuesta investigación periodística que probablemente quedará en nada, fuegos de artificio para entretener al personal; un par de portadas seguidas de un discreto y necesario olvido que presuntamente sacan a la luz las oscuras inversiones a nivel mundial de tipos de toda calaña y filiación, de esos que suelen comer en garitos de más de 200 euros el menú. Pero antes de que el populacho se ensañe con ellos sin razón éste ha de entender que los presuntos defraudadores solo lo hacen para no pagar impuestos, no es nada personal. Si usted carece de un colegio medianamente digno en el que educar a sus hijos, o le da un turrutaco y no tiene un médico en su pueblo, ni ambulancia ni una carretera decente con acceso a un hospital es otro tema. Estos tipos se construyen con el dinero que defraudan sus propios colegios, y hospitales, y carreteras… ¿o no? guay. Lo que sucede es que la realidad es demasiado complicada para que alguna gente pueda entenderla, cada cual ha de saber estar en su lugar. Es por eso que a los papás de los jóvenes seguidores del influencer de más arriba, tan orgullosos como babeantes por el progreso económico y social de su ídolo, los sicarios económicos de los dueños de los fondos mediante los que ahorran impuestos los de los Papers -disfrazados de políticos-, les vienen recomendando encarecidamente que valoren trabajar hasta los 75 años, porque pueden y porque de ese modo seguirán pagando los impuestos que ellos defraudan, ¡pero! con los que sus hijos podrán disponer de una conexión barata y fiable para seguir a sus ídolos y, si sobra, tal vez ellos puedan tener acceso a una consulta médica privada -¡privada! ¡qué lujo! Y si me apuráis y queda algo, la posibilidad de comer en alguna taberna auténtica, en la que el menú no será de 200 euros pero, tiempo al tiempo. ¡Qué follón!

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