Sobrevivientes

Tocó el timbre y aguardó, pero no hubo confirmación de su presencia al otro lado, ningún ruido, ni siquiera un voy tranquilizador. El rato se prolongó hasta unos pocos segundos antes de volver a pulsar el interruptor, justo cuando pudo distinguir un arrastrarse de pies aproximándose, quizás demasiado lento, de alguien con dificultades para desplazarse, sin ninguna voz de advertencia. Dejó de oírlo, como si estuvieran comprobando la evidencia o fiabilidad de la visita por alguna mirilla situada a propósito; pero no, la puerta no mostraba ningún orificio por el que mirar la calidad o cualidades del intruso, es más, nunca lo había tenido, luego la tardanza se debía a otra cosa, tal vez un atusarse rápido antes de abrir de cualquier modo.

Transcurrieron unos segundos más hasta que la puerta definitivamente se entreabrió sin que en un primer vistazo reconociera a quien, desde el otro lado, le miraba con rostro entre desconcertado e inquisidor, sin decir palabra, aguardando a que el visitante abriera la boca. Dudó porque llegó a pensar que se había confundido al no reconocer a quien tenía delante, una escueta y desaliñada figura que en el fondo de su memoria guardaba algún parecido con su amigo, que ni siquiera era antiguo o perdido en el tiempo, habían dejado de verse nada más comenzar la pandemia, hasta ahora. Fiándose de su intuición o ya certeza se atrevió a dar un paso adelante que obligó al otro a facilitarle el acceso. ─ Que tal, Luis… ¿cómo andamos? Y permaneció quieto, aguardando una respuesta o un movimiento de quien volvía a dudar que fuera quien sabía que era.

Más silencio, como si el otro estuviera buscando en su memoria dónde situar o a quien atribuir la figura que tenía delante, ahora apenas visible por haber cerrado impidiendo que la luz del rellano iluminara el pasillo, que quedó en una semipenumbra que más bien parecía oscuridad. Oscuridad que olía a cerrado y a algo más que no era ni sucio ni podrido, hasta el punto de dejar en el visitante una agobiante sensación de tiempo detenido que llegaba a restringir el oxígeno impidiendo que la cabeza funcionara con normalidad. Hasta que Luis levantó el brazo indicándole hacia donde él sabía, todo entre la misma negrura de la que no supo o pudo quejarse, tal vez porque si lo hubiera hecho él mismo lo habría considerado una intrusión.

Aquella no parecía la casa en la que tantas veces había estado, comido y dormido, o emborrachado, no era el olor a cerrado, ni la opresión de una oscuridad que iba semiaclarándose a medida que llegaban a un salón que comparativamente se abría iluminado pero sin luz, a tono con el resto, distinguiéndose un aire que casi podía cortarse aprisionando un mobiliario opaco y deslustrado pero no sucio, apagado, casi muerto, visto más como accidentes del terreno que como elemento utilitario o simplemente decorativo; pesado y macizo, tal que rocas de un paisaje que entraba dentro de lo desconocido. Miraba a su alrededor intentando confirmar alguna familiaridad cuando tropezaba con su amigo indicándole el sillón de siempre, él ya se había sentado donde habitualmente lo hacía. Sin ser todavía consciente del lugar en el que se hallaba no se le ocurrió otra cosa que volver a preguntar ─ ¿Y Elisa? ¿estás solo?

─ No está…

─ ¡Ah¡ vale… No dijo más por temor, porque era temor lo que empezaba a sentir, una sensación que los ojos de Luis no aliviaba, fijos en ninguna parte, más ausentes que perdidos, como si la poca luz que les iluminaba le resultase molesta; sin ganas ni predisposición a nada que no fuera permanecer sentado con la mirada desconectada.

─ Elisa se fue; decía que se estaba volviendo loca aquí encerrada… Se largó y no le pregunté… imagino que estará por ahí, pero no sé dónde…

─ ¿Pasó algo… ¿discutisteis…

─ No, pero ya sabes cómo es… ni piensa mal ni tiene cuidado, sigue diciendo que todo el mundo es bueno y… con los tiempos que corren no quiere ver lo que está sucediendo…

─ Y qué está sucediendo, aparte de esta maldita pandemia que nos trae de cabeza…

Su amigo le miraba ahora con cara de no entender… ─ Pues eso… la pandemia… y todavía falta lo peor… la gente se confía o directamente no le importa, sale, va a un sitio y a otro sin precauciones, como si todo fuera normal, sin dar importancia a las noticias, como si no estuviéramos en peligro de muerte con cada paso que damos fuera de nuestras casas… son unos inconscientes que han decidido ignorar el significado de esto…

─ Y qué significa…

 ─ ¿Tú también? Acaso no lo ves… no te das cuenta de que no hay solución para lo que está ocurriendo… que las vacunas tampoco sirven porque las mutaciones serán cada vez serán más dañinas, que son un camelo…. Hay que permanecer encerrados, y ni siquiera con eso podremos estar seguros… comer lo preciso… no tener ningún contacto con el exterior, tampoco contigo, a ti sí te lo puedo decir… Intentar enterarte de lo que pasa fuera pero desconfiando de todo, porque todos mienten, en una situación como esta nadie es de fiar, hay ocasiones en las que ver las noticias solo me causa desprecio por tanta inconsciencia y únicamente me queda creer que la gente ha decidido inmolarse sin que le importe el futuro. En el fondo son todos negacionistas, lo necesitan para sentirse algo, o alguien, pero la mayoría no se atreve a reconocerlo, se trata de justificar de algún modo sus de pronto miserables existencias, si no ¿qué? ¿ya está? ¿esto era todo? Llega una mierda de virus y jode de un plumazo tanta vida maravillosa, el santo proyecto de la humanidad… Nadie actúa con normalidad porque nadie sabe qué hacer, tampoco los que dicen saberlo, ni siquiera los más jóvenes, decir que a ellos no les afectaba como al resto fue lo peor que hicieron, si ya no tenían nada no están obligados a nada, a disfrutar todo lo que puedan hasta que les llegue la hora… ¿No te das cuenta? O también te haces ilusiones de que podremos superarlo…  ¿eres uno de ellos? Todos los días se lo decía a Elisa y ella no quería entender… cualquiera puede presentarse en tu casa y asesinarte… esto es el fin… solo espero y deseo que esté bien, allá donde pare…

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