Lo que hay

Hablaban en esa forma tan local en la que las conversaciones privadas acaban siendo públicas, sin mascarillas, bueno, adornados con sus correspondientes mascarillas pero en posición sostén de papadas, como es moda -una moda nada digna, por cierto-; hacía frío, pero menos que ayer, según los protocolos de todo bar que se precie, en el que las charlas entre parroquianos no parecen charlas sino que cada cual se dirige al ambiente y siempre hay alguien que recoge el guante y apuntilla con algo que, probablemente, quizás nada tenga que ver con lo que dijo el anterior. Llovería… lo dijo la tele… ¿cómo quedó el fútbol?… no lo sé… ─Buenas… -o no saludó al entrar, habituado al bar como al comedor de su casa, y tal vez menos transitado por su parte que aquellas paredes barnizadas de tiempos perdidos y pláticas intrascendentes que para la feligresía habitual vienen a ser como el aire que respiran, sus únicas referencias comunes o la vital evidencia de seguir todavía en este mundo y en pie. ─Ayer el coche se me paró… y tuvieron que ir a darme teta…

Observando a través de las cristaleras la oscuridad de la madrugada, en un mundo todavía sin gente, podía imaginarse a vehículo y conductor abandonados en un oscuro páramo por el que serpenteaba una carretera comarcal o local por la que no pasaban ni los aviones, yendo o viniendo de un trabajo miserable y mal pagado que, sin embargo, le permitía aquellos indispensables momentos de solaz de cada madrugada, entre otros como él, sangre de su sangre, almas gemelas tan expertas como resignadas a unas vidas que forman la argamasa que sustenta y da consistencia al edificio de este mundo, miles de vidas que rellenan las ranuras e intersticios que en última instancia conceden una absurda solidez a esa otra realidad que puebla las noticias, la televisión o, menos, todavía, las redes sociales. El apoyo es mutuo pero la representatividad no, como injusta sería la supuesta reciprocidad del intercambio, nada más lejos, los de abajo sostienen el escenario, las luces y el papel cuché mientras que las huecas vidas, vicisitudes y estrellas de este teatro, desde su altura impostada, ocupan las mentes y los sueños de aquellos proporcionando estímulos y significados a tan simples y golpeadas existencias.

No hubo un interés especial por averiguar la solución a la avería del día anterior, para quienes sobreviven entre dificultades, carencias y contrariedades permanentes otra significa más de lo mismo, la resignada desgracia de estar vivos. ─Esta tarde tengo que ir a la comisaría… -eso parecía nuevo, no todos los días va uno a la comisaría, a renovar el DNI o… detenido. Ahora las miradas sí tenían un objeto, expectantes, por eso nadie abrió la boca, aguardaban la continuación o una explicación desde el pico de la barra. ─Me han quitado el dinero de la cartilla… había 700 euros y ya no queda nada… Seguía faltando algo, no acababan de entender; la ausencia de preguntas y la prolongación del silencio apuntaban a la obligación de continuar. ─Lo han ido sacando poco a poco, por las noches… y ayer me dijo mi mujer que ya no quedaba nada… el día de antes había 280 euros y los sacaron de una vez… Dicen que ha sido un jáquer de esos, debieron copiar la tarjeta del banco y… No se trataba de una conversación pero había que contarlo, aunque tampoco alcanzó para alarma, algo más que añadir a la obligada resignación ante las siempre desafortunadas bazas del destino, o lo que toca, un qué le vamos a hacer pura derrota que no daba ni para enfadarse. En vidas tan persistentemente golpeadas no hay trascendencia por la que alarmarse, los imprevistos suelen ser sinónimo de desgracias; porque los imprevistos normales solo afecta a las personas normales, las que compaginan tanto lo bueno como lo malo en sus vidas, algo parecido a la buena o mala suerte. En este caso tampoco había necesidad de hablar de robo porque no era tal, eso solo sucede en las vidas normales, le habían quitado el dinero, sin más dramas, daba igual quién, otro golpe que, sin embargo, no impediría el café de cada mañana y el cuento para la escasa pero fiel parroquia.

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