A propósito del 8 de marzo

Ahora que llega el día 8 y toca fiesta, esto parece que funciona y el país al fin se mueve, quizás merezca la pena detenerse en sujetos y comentarios que llevan siglos pegados a nuestro culo sin que aún hoy nos atrevamos a ponerlos donde merecen. Gente que se cree con derecho a decir lo que se le ocurra, han entendido muy bien eso de que democracia significa libertad para todos y sienten un irrenunciable deseo de soltar la lengua, venga o no a cuento, tenga o no sentido o, según el tamaño de su ombligo, incluso les parezca de interés general. Estos personajes gozan de espacios para ello en los medios de comunicación, aunque ignoro si estos espacios están verdaderamente interesados en lo que digan o son una especie de cajón de sastre donde cualquier desubicado suelta una simpleza tras otra con tal de llamar la atención, probablemente convencidos de que, debido a su presunta relevancia social, el personal escuchará o leerá lo que digan, y hasta tal vez lo tenga en cuenta, o esté de acuerdo con ello, todo puede pasar, con lo que unos y otros se sienten fuertes para seguir soltando y oyendo disparates.
En este caso, el espécimen en cuestión es un matador -individuo que se dedica exclusivamente a matar- que, a juzgar por sus palabras, debió dejar pronto la escuela debido a unos alarmantes signos de incapacidad de comprensión básica por su parte. El tipo venía a decir en una entrevista que… el animalismo y el feminismo son el nuevo comunismo. No sé si un entrevistador, por decencia moral con su trabajo o por simple cordura lingüística, debería hacer ver al entrevistado que tales desatinos no tienen ni pies ni cabeza, o que, al menos, puede haber gente que no lo entienda y, llegado el caso, habría de explicar qué tienen que ver comunismo, feminismo y eso de animalismo -aparte de tener la misma terminación.
Pero la cuestión no es que estos pobres analfabetos digan lo que se les ocurra, que también, hay gente para todo, sino qué tipo de prensa da pábulo a tales personajes, qué publico les escucha y quienes están hoy de acuerdo con tales disparates. Este -no sé cómo decirlo-… anacronismo viviente, en su supina ignorancia, jamás entendió eso del comunismo -cosa que ya no tiene solución-, considera, lo que es realmente grave, el feminismo como un atentado a su hombría -más ignorancia, además de machismo y chulería; y lo de animalismo es simplemente un eructo, una ocurrencia parda de ignota procedencia, creyó que pegaba y lo soltó sin pensar -algo, por otra parte, obvio. Lo que realmente le preocupaba al tipo es que cuatro descerebrados, gente que no piensa en cristiano manipulada por el diablo -comunistas, feministas y esos nuevos animalistas-, le estén intentando joder el negocio, impidiéndole ganar dinero como debiera y, en cierto modo, obligándole a hacer otra cosa que no sea matar, lo único decente y con sentido que concibe su obsoleta y limitada cabecita.
Lo más interesante de todo ello es que este vestigio de otra época ya es un muerto viviente, los toros acabarán desapareciendo, estos tiempos, y los que vienen, así lo han decidido -afortunadamente. Representan los últimos coletazos de una tradición salvaje de un pueblo atrasado al que le cuesta ponerse al día, no sé si por propia incapacidad o porque todavía existen intereses de todo tipo por perpetuar unas costumbres que están más cerca del circo romano que del siglo XXI. Así que, sí, festejemos como debiera, pero sin olvidarnos de estos espantajos, son palos entre las ruedas que impiden un mundo mejor.

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