Ciencia

Leyendo una revista científica llego a esta frase: “…emplea un pulso de unas decenas o cientos de femtosegundos (hay tantos femtosegundos en un segundo como segundos en 32 millones de años)…”

E inmediatamente después pienso que la primera impresión en cualquiera que lo lea, incluidos quienes gusten o se dediquen a la ciencia a niveles tan especializados, es quedarse como si tal cosa, por no decir incapaces de ir más allá de las palabras, como si hace tiempo se hubiera desistido del esfuerzo por comprender o imaginar; no digamos visto o sentido aquello que se describe, cuestión que junto a muchas otras sí puede afirmarse con toda seguridad que es imposible que alguien haya podido presenciar o asistir -por decirlo de algún modo-, dadas nuestras limitadas capacidades. Pura teoría para ejercicio de expertos en búsquedas que intentan el cielo, y creo que para muchos Dios es más fácil de aceptar y entender -dentro de lo que cabe- que este tipo de conceptos y medidas. La diferencia es que estas, digamos, invenciones o creaciones obedecen a estímulos e inquietudes exclusivamente humanas, lo que me lleva a darles un margen de confianza que puede no significar nada porque mi comprensión es mucho más limitada.

Tal vez a otros muchos estas cuestiones les parezcan irrelevantes o simplemente absurdas, y piensen que la ciencia y sus problemas son malabares de especialistas que sirven para bien poco en la vida que solemos denominar real; mal asunto, pero la próxima vez que suban en un avión piensen en por qué no se cae y cómo llegará a su destino sin ningún problema, y multiplique ese vuelo por los miles que cada día surcan el cielo del planeta y en los que no sucede nada digno de mención. O que a la hora de manipular su querido y esmeradamente elegido teléfono móvil intente imaginar las matemáticas y la física que hacen funcionar aquello para su deleite y la ingenua y placentera sensación de sentirse dueño del mundo, cómo ese minúsculo dispositivo que tiene pegado a su oreja convertirá su imagen o su parloteo en ceros y unos y los enviará codificados a la velocidad de la luz hasta otro dispositivo, da igual en qué parte del mundo se encuentre, que volverá a descodificarlos para convertirlos en el sonido de una voz que un oído amigo reconocerá como querida.

Más, que cada cual intente recordar quién le hizo odiar las matemáticas y la ciencia en general, porque eso de ser de letras es una falsedad como otra cualquiera, nadie nace con un odio o aversión genética a nada, todo lo contrario, sino que hubo un triste momento en su infancia que un ajeno o ajena incompetente para las tareas docentes le hizo ponerse en contra de lo que ahora cree odiar desde siempre, casi desde cuando nació, cuando se trata de una de tantas inaptitudes impuestas tomadas inconscientemente como partes indisolubles de uno mismo.

No intento que cada hijo de vecino muestre de pronto un inusitado interés por la ciencia o directamente se convierta en un apasionado aficionado abducido por ese mundo tan extraño e incomprensible para los humanos corrientes, aunque más nos valdría; siempre será más inteligente admitir, no sin cierta admiración, que nuestras vidas dependen hoy al ciento por ciento de ella, además de no olvidar que, al abrigo de nuestra indiferencia y en nuestra contra, existen desalmados que la utilizan para manipularnos desde el momento de nuestro nacimiento hasta nuestra muerte. Como cierto es que sin ella nos sentiríamos como deshechos, como ceros a la izquierda de la coma, si no lo somos ya, a la hora de valernos y explicarnos por nosotros mismos.

Así que, la próxima vez que por casualidad caiga en sus manos un texto parecido no lo deje pasar ni lo aparte con obviedades de catetos, tampoco se dé por vencido por no llegar a comprenderlo, cuestión probablemente imposible dadas las limitaciones intelectuales de la mayoría, todo lo contrario, siéntase curioso y hasta admire que semejantes nuestros hayan sido y sigan siendo capaces de utilizar y exprimir hasta ese punto el mismo instrumento con el que el resto de los humanos, con solvencia de simples, despachamos emoticones y trivialidades.

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