Yeyé

Mis neuras:

Escucho yeyé y no sé qué decir, intento regresar a aquel momento de mi vida en el que lo yeyé supuestamente era y es peor aún, solo veo dictadura y subdesarrollo, jóvenes sin posibilidades en un país de medio pelo, en una región completamente pelada, habituados a apañarse con cualquier cosa y aleccionados por las radios y la televisión del régimen, modernos de entonces por sus pocos años, eso sí, con el vigilante y devoto beneplácito de la iglesia…

Oigo fiesta yeyé y me pierdo… cincuentones, sesentones y setentones hablando y bailando… además, quién quiere recordar una época de su vida en la que el régimen apenas dejaba respirar y el único tesoro que poseíamos era nuestra ignorancia… qué se añora de aquello… que fuimos jóvenes… como el resto de las personas… qué patética nostalgia pretende revivir aquella época… una música más bien cutre… ¿o los cutres éramos nosotros?… por qué alguien querría volver allí… ¿en busca de algún amor?… a presumir de qué… por qué no felicitarse por lo que somos ahora y porque aquella época permanezca definitivamente encerrada en los baúles de la historia…

Me cambio al mundo de la música y solo recuerdo flamenco y canción española, mucha canción española que imprimía carácter y renovaba tradiciones, del régimen… y las primeras versiones y traducciones al acerbo nacional de los ritmos anglosajones originales, todo bastante casposo y atropellado, como de cartón piedra…

Intento comparar, por ejemplo, Madrid con los pueblos de por aquí y las diferencias son abismales… me queda imaginar que en la capital sí habría mayor movimiento, gente que viajaría al extranjero y traería de vuelta en la maleta, con las consiguientes precauciones, algo de lo que movía a la gente de la misma edad más allá de los Pirineos… entre ello la música…

El resto eran ganas por ser jóvenes y más de lo mismo… trabajar y trabajar.

Busco libertad y futuro y no los encuentro…

Si preguntáramos a la chavalería actual qué entienden por yeyé probablemente no tendrían ni idea de qué les estábamos hablando… los más aventajados tal vez sacaran del teléfono a Conchita Velasco recatadamente vestida con minifalda permitida y un cardado de altura cantando bajo la católica supervisión del censor de turno…

En fin, una cosa son las fiestas y las ganas de pasárselo bien y otra muy distinta la memoria o su fidelidad… además ¿a quién le interesa la verdad o la vida de entonces cuando de lo que se trata es de divertirse a toda costa hoy?… otro agorero reprimido…

 

La solución:

Tras el tiempo perdido y tanto pensamiento inútil compruebo con mis propios ojos que una fiesta yeyé es un negocio público para jóvenes apesebrados vestidos de jipis -¡qué tendrá que ver la contracultura de la costa oeste norteamericana con la dócil, beata e ignorante juventud de una dictadura fascista!-; gente consumiendo garrafón y música discotequera de cualquier jaez hasta el amanecer.

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