Educación

Lo peor no es que la presidenta de la comunidad madrileña muestre una catadura moral que más bien es caradura, ni que se agarre al sillón como si le fuera la vida en ello, no deja de ser el modo de vida de tanto parásito político que aguarda diligentemente turno en el partido que corresponda hasta que le llega el momento de satisfacer su vanidad y, si puede, llenarse el bolsillo a cuenta de su correspondiente parcela de poder; se trata de exprimir el cargo a costa de todo aquello que tenga que ver con la integridad, concepto este que los políticos actuales ni siquiera saben despreciar, simplemente porque lo suelen desconocer. Les llega el turno y han de aprovisionarse de sus correspondientes tazones de mierda antes de que les defenestren, porque siempre habrá otros, más torpes o más estúpidos, que no hayan sabido colocarse como es debido y acabarán siendo sacrificados por una prensa que se mueve entre la basura como forma de noticia y unos intereses económicos que maman directamente de cualquier tipo de publicidad, por aquello del mercado libre.

Lo peor de todo ello, como decía más arriba, es que a la mayor parte de la ciudadanía le dé exactamente igual, si es que no está ya cansada de culebrones tan burdos convertidos en noticia; bueno, no a toda, a los pobres pringados que nos dejamos el dinero en unos estudios inventados para exprimirnos el poco o mucho del que disponemos no nos parece del todo bien. Más cuando sabemos que esos cursos de pago son los últimos cursos de los antiguos estudios públicos y gratuitos, ahora masterizados para exigir el paso previo por caja, invento con el que el insaciable capital privado a la busca de beneficios acabará arrinconando por completo a la educación pública a costa de sobornar a políticos y enseñantes más preocupados por sus sinecuras que por ser honestos, si no consigo mismos, al menos con los demás. Total, la honradez no cotiza.

Hoy ya ni siquiera es estimulante la profesionalidad docente -tampoco se les supone-, o el respeto a sí mismo y a lo que supuestamente tanto trabajo costó -si es que no se utilizó para llegar donde ahora los medios de la señora aquella. No hay nada más deplorable que ver a la dirección de una universidad, al parecer formada por una mayoría de apesebrados, desdecirse de un día para otro sin sonrojarse; lo siento por sus alumnos, eso sí es tener caradura. Pero, en fin, supongo que también habrá alumnos que piensen que esta es su oportunidad y se dediquen a lamer culos para conseguir títulos sin estudios, que es lo que en este país parece que se vende.

Me contaba un estudiante de ingeniería de una universidad de provincias -otra guarida de mediocres perezosos anclados a su sillón- la chulería, por llamarla de algún modo, de un profesor que en una de las primeras clases del curso baboseó a los alumnos soltándoles que quien no tuviera un coche como el suyo -una marca cara, creo- sería un mierda toda su vida. Sobran los comentarios.

 

Se me ocurre una idea, deberían ser obligatorias las encuestas de calidad, me explico, que al final de cada curso los alumnos votaran al profesorado y a la dirección del centro, y según las calificaciones obtenidas los que pasaran con nota vieran mejorados sus emolumentos, los que rondaran el aprobado obligados a reciclarse y mejorar su labor docente y los suspensos enviados directamente a la puñetera calle, con la obligación de volver a oposicionar si quisieran regresar al redil. Esta opción, me temo, debería incluir la venenosa desconfianza del que justifica y no se fía de nadie porque en el fondo piensa que todos son tan sinvergüenzas como él. No deja ser política de hoy.

 

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