Invierno

Con más o menos años y según la memoria de cada cual todos hemos pasado por algún que otro invierno que recordamos especialmente por un frío más riguroso de lo que solemos considerar normal o porque lo sufrimos con especial intensidad. Como también todos hemos hecho la consabida comparación con el invierno anterior, si fue más o menos frío, si comenzó a helar en Octubre o Noviembre o solo heló un día durante todo el invierno; o aquella semana especialmente, la única en la que sentimos que estábamos en invierno -siempre y cuando tengamos en cuenta la zona donde uno reside-, etc.

Otra cosa son las temibles y amenazadoras campañas con las que nos atemorizan los medios de comunicación desde mucho antes de que llegue el invierno de turno, que más bien parecen malévolas confabulaciones de cualquier organización terrorista nacional o internacional con la intención de amedrentarnos sin tregua y dejarnos en casa durante unos días mientras ellos hacen y deshacen a sus anchas. Y si hablamos de las famosas edades o situaciones de riesgo solo queda maldecir al creador por, si es el caso, habernos puesto en tal tesitura; porque parece que no vayamos a tener salud, fuerza, vigor o valor para soportar la que se nos viene encima. Casi hay que ponerse a pensar en encargar el féretro porque de esta no salimos.

Al margen de indigentes, situaciones y hechos puntuales -que siempre aparecerán en primera página como ejemplo de lo que puede sucedernos, incluso aunque no tengan nada que ver con nuestras circunstancias geográficas particulares- los inviernos suelen ser como los que hemos venido sufriendo un año tras otro, circunstancia que cualquier persona normal afronta como acostumbra, mejor y peor; el año que crees estar preparado te constipas y el que te sientes más débil lo pasas sin problemas. Cosas de la vida. Pero eso no significa que, sin olvidar accidentes, situaciones extremas y faltas de previsión a las que algunos parecen habituados, hallamos olvidado que estamos en invierno, en invierno hace frío y vivimos donde vivimos.

Por eso me parece excesivo que se intimide, porque de eso se trata, a la población de ese modo; y si no fuera de mal gusto todo lo que rodea durante los días previos a hombres y mujeres del tiempo dedicados sistemáticamente a alarmarnos, porque les da la gana o porque se lo ordenan, diría que existen otras intenciones, y no buenas, en el origen de tales escenarios o campañas. En cualquier caso, solo nos debería preocupar la temperatura que marcarán los termómetros en nuestro lugar de residencia o en aquel otro, u otros, a los que tenemos pensado viajar, por lo que nos proveeremos de la ropa adecuada para ello. Nada más.

El resto tiene pinta de una maniobra malintencionada e inútil que nada aporta y mucho menos informa; o quizás sea una forma de justificar la poca o ninguna inversión que se dedica a disponer de los medios para que la población pueda moverse con comodidad y pasar los inviernos de la forma más confortable posible. Ya se lo advertimos, haría tanto frío que ni siquiera con los medios disponibles podríamos hacer algo; con esto quedamos justificados para lo que resta, porque cuando haya oportunidad de proveernos y facilitarlos ya no nos acordaremos o no nos interesará, total, la gente tiene una memoria muy corta y para el año que viene les cantaremos la misma canción si con ello volvemos a evitar sus justificadas protestas por la inoperancia de turno.

Si el tiempo suele ser un socorrido tema de conversación con extraños y conocidos cuando no hay mucho que decir, también el tiempo sirve para cuando no hay noticias, no interesa airearlas o es necesario desviar el centro de atención de la población hacia temas más prosaicos.

 

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