Cosas de niños

Hace días aparecía en alguna prensa niños disfrazados de políticos españoles actuando de políticos. No sé por qué o a quién se le ocurre la idea de disfrazar a varios niños, afortunadamente todavía alejados de la política, los políticos y sus menudencias, y situarlos en un hipotético parlamente jugando a ser mayores. Tal vez el motivo principal sea o haya sido la proximidad de la importada noche de Halloween y su festiva propensión a los sustos con sus correspondientes disfraces. Porque no hay cosa más terrorífica que disfrazar a chavales felices y ajenos a la porquería de ciertos círculos de adultos y hacerles comportarse como monstruos fingiendo dirigir la política de este país. Puede que una de las intenciones ocultas para llevar a cabo tal montaje sea la de advertir y asustar al personal con la amenaza de un futuro similar al actual. Aquí tenéis a los meapilas y chorizos de mañana, váyanse preparando porque les viene más de lo mismo, no van a tener en sus vidas un momento de descanso, les robaremos hasta el alma, hipotecas y futuras pensiones incluidas. Estos que ahora ven tan alegres e ingenuos se las gastarán igual o peor que los actuales, además, con estas prácticas absorben como esponjas y ya saben cómo ojear las noticias para tomar ejemplo de por dónde han de ir los tiros si uno pretende promocionar en política en este país.

Menos mal que los chavales parecen tomárselo con calma e incluso lo encuentran divertido, aunque puede que a alguno le llegue a ilusionar la juerga y decida tomar nota para más adelante, cuando lleguen sus años; no deja de ser una buena opción para un relativamente arriesgado futuro -basta con ser más listo que el resto- en el que ser honrado no parece suficiente. Los niños son niños, no imbéciles, por eso puede que alguno concluya para sí: si ahora estamos como dicen que estamos y a estos los adultos les siguen votando no hay por qué cambiar mañana lo que hoy funciona. El famoso que aparece en las noticias saliendo y entrando de puertas y más puertas pero libre y rico puedo ser yo. La gente olvida pronto.

Aunque puestos a caracterizar a críos de políticos, aparecerían aún más terroríficos si los disfrazáramos de Jordi Pujol, Bárcenas, Ana Mato, Julián Muñoz etc. el filón no se agota; entonces sí que pintarían terribles y amedrentadores, pero probablemente la gracia del invento se iría convirtiendo en una helada mueca de terror. Al fin y al cabo una parte de la política actual, si exceptuamos esos vientos regeneracionistas que tan rápido como vienen se van, desfila por esos barbechos. Se trata de permanecer dónde uno está mientras las cosas se mueven alrededor -las mueven otros-, es decir no moverse para salir en la foto o, si se pone a tiro, adelantarse al fotógrafo y robarle la cámara. Sacar tajada mientras unos y otros andan preguntándose qué rumbo tomará el futuro, así, para cuando llegue y los demás sigan quejándose o preguntando qué pasó, uno ya estará fuera del punto de mira; es decir, si se hace todo bien y no se cometen errores, que no te pillen.

Pero si uno se deja de semejantes tonterías y sale a la calle para preguntar a chavales de tercero o cuarto de la ESO, por ejemplo, qué piensan sobre la política y los políticos obtendrá una visión más ajustada a la realidad que esos juego de periodistas aburridos, una opinión general mucho más certera y contrastada que las dudas, risas e incomprensión de los más pequeños. Estos, un poco mayores, tienen el defecto de identificar a las primeras de cambio política con robar, sin dudas ni concesiones, coinciden en los calificativos, a cual más denostativo, y no admiten componendas, buena voluntad ni justificaciones. Corrupción, política y políticos es exactamente lo mismo. Los más lanzados incluso están deseando llegar a la edad correspondiente para echarse a las urnas y ponerse a blanquear, total, nunca les pasa nada, como está aforados nadie puede tocarles un pelo y, además, con el dinero que ya tienen pueden pagar los mejores abogados y salir libres y orondos

Esto sí que es divertido, para partirse el culo de risa como niños.

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