No sólo fútbol

Hay cosas que con la perspectiva que proporciona el tiempo lucen mejor, desde luego el pasado sigue siendo pasado, pero sin la tensión, la ofuscación o la torpeza de entonces, o sea, puede hablarse y discutirse sobre él con más calma porque no ya no existen presiones o cuestiones espinosas, en primera persona o de rabiosa actualidad, y los más exaltados de entonces, atenuada u olvidada la euforia o la pasión, andan en otros menesteres que ocupan ahora su tiempo y ya no responden con sorna, odio o violencia; lo que no quita que para muchos sus dioses sigan siendo tales y su omnipotencia y real gana los mantenga a salvo por los siglos de los siglos de la crítica del resto de los mortales, envidiosos redomados sufriendo desde su inferioridad e incapaces de congeniar, saborear o admirar el parnaso de los elegidos. Aunque suele darse que una vez pasado el tiempo resulta que el dios o dioses no eran tales sino engañabobos que en el fondo no hicieron nada relevante por los demás, sólo aprovecharse de las circunstancias, cualidades y calidades de unos y otros, pues sin ello y sin la suerte de estar allí en el momento oportuno no habría ocurrido nada de nada de lo que hoy recordamos con admiración u orgullo. Esto viene a cuento porque hay una cosa que me interesa de los logros colectivos, ¿son el resultado de empeños exclusivamente individuales -dependen de la voluntad de uno, el líder, el más astuto o el más hábil-, o se afirman y materializan, luego también finalmente son, gracias y en exclusiva al concurso de muchos, es decir, no era necesario ningún líder, sino que fue la propia multitud la que, en una apuesta y esfuerzo común, lo consiguió, sin ella no hubiera habido nada? ¿son los logros colectivos la casual materialización de unas aspiraciones o ilusiones comunes sin fecha o simplemente eternas, en permanente espera del cerrajero que dé con la llave correcta -el sí o no-, y por lo tanto obedecen únicamente a la obsesión particular de una voluntad, digamos, perseverante o excepcional, que obliga al resto a un duro trabajo, aún en contra de sus propios y personales deseos, con el resultado final de un éxito y celebración de la voluntad general como resultado añadido?

Hablando de fútbol, pasado el tiempo en el que el Club de Fútbol Barcelona encandiló al mundo con su juego, el presente se parece más a un mar de dudas de donde emerge cierta confusión y la falta de un objetivo claro; cada vez más lejanos aquellos laureles, alabanzas y gritos de admiración, queda una resaca en la que ninguno de los presentes sabe nadar o moverse con soltura, demasiados recuerdos y nostalgia procuran erróneas rememoraciones y vanos intentos que crean tiranteces y desorientación, porque sencillamente estos tiempos no son aquellos y también toca vivirlos, y eso es más complicado cuando hay demasiadas voces intentando hablar a la vez. Evidentemente la cuestión que toca es si el éxito pasado se debió a la obsesión de un único tipo que, con voluntad de hierro y unas ideas muy claras e innegociables, utilizó y tiró del resto para alcanzar sus propios y personales objetivos -una apuesta arriesgada que al primer tropiezo o racha negativa importante podría haberse ido al garete, quizás debido al empecinamiento o nerviosismo de otros más impacientes o con propuestas distintas-, logrando finalmente que el juego colectivo de tantos buenos jugadores y otros menos sumaran para colaborar en la consecución de una única idea que en algunos o muchos casos dejaba a un lado egos y aspiraciones particulares en función de una única labor común que, afortunadamente, salió bien; pero pudo muy bien haber fracasado tal y como le sucede al tipo que muere de sed en el desierto cuando, desfallecido y agotado, se abandona a tan solo unos metros de la última duna que con tan solo remontar le hubiera mostrado la salvación en la forma de un fresco y hermoso oasis. Hay dos cosas en todo ello, la voluntad y el trabajo de una sola cabeza y, segundo -¿más o menos importante?-, la voluntaria disponibilidad del resto a aceptar, obedecer y seguir al guía cumpliendo a rajatabla todas sus exigencias -incuestionalidad de Messi incluida- , llevando a cabo sin rechistar las consignas que, como si estuvieran grabadas a fuego, dirigieron sus mentes durante el tiempo que duró aquello.

En sus mejores momentos, en la cima del éxito, Guardiola solía decir, aparentemente entre sincero y sorprendido, que no había cosa que le hiciera sentirse mejor que hacer feliz a tanta gente. Era la afirmación de un tipo que se asomaba desde la terraza de su torre de marfil, o incluso bajaba a la calle, y se sorprendía de que su obsesión y trabajo repercutiera de manera tan grata en tantas voluntades al parecer faltas de una determinación similar para encauzar y llenar sus propias vidas. Luego, ¿sin líderes no existen progresos o victorias? ¿es imposible que tantos o muchos se pongan de acuerdo por propia voluntad si no existe alguno que, ni siquiera primus inter pares, tenga claro que los demás son o han de hacer de secundarios indispensables para su causa, asumiendo éstos por iluminación divina o propia convicción un papel secundario en un proyecto que no es el suyo, aunque satisfaga algunos o muchos deseos y objetivos comunes, y que el éxito final, de lograrse, siempre se deberá a la férrea mano, brillantez, voluntad y dirección de uno sólo?

PD. El mundo es hoy un poco peor, ha muerto Nelson Mandela. ¿Qué mejor ejemplo para tales preguntas?

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