(USA) 2. Globalización

En esta parte de Europa y del mundo nos hemos habituado a vivir con el cuento de la globalización, me explico, la mayoría de los electrodomésticos y productos que consumimos diariamente son de origen foráneo o dependen, directa o indirectamente, de una gran multinacional europea, norteamericana o asiática, da igual si hablamos del frigorífico o de la mantequilla, del aparato de televisión o del limpiasuelos, se trata de marcas que podemos encontrar en cualquier punto del país y también en cualquier país europeo; la única diferencia entre una zona y otra son las distintas franquicias locales indispensables para engatusar la confianza del consumidor, porque, cómo no, en última instancia todas dependen de la misma corporación internacional.

A partir de esto no sería aventurado pensar que en el país más poderoso de la tierra la famosa globalización fuera mucho más que un hecho, pues no, nada más lejos de la realidad. Si Brooklyn puede considerarse Nueva York y, por lo tanto, Estados Unidos, allí las cosas se mueven de otro modo, o sea, que la moderna y universal globalización no existe. Quizás si exceptuamos las cuestiones hortofrutícolas, donde las multinacionales o, mejor dicho, la gran multinacional norteamericana, monopoliza, gestiona y distribuye a su antojo el gran huerto centroamericano, en el resto del mercado estadounidense, desde los coches hasta cualquier objeto, utensilio, limpiador o alimento de los que pueblan una casa corriente, las marcas internacionales, o lo que por aquí creemos puntales de la inevitable globalización, apenas se ven, o sencillamente no están. El mercado interior norteamericano es un mercado casi completamente cerrado al exterior, da igual si hablamos de aire acondicionado, enseres o provisiones para el hogar.

Es curioso que quien más predica y vende la globalización del comercio internacional sea quien menos la practica en su suelo, protegiendo sus fronteras como si el resto del mundo fuera el enemigo, probablemente haya mucho de eso, un provincianismo autista o despectivo hacia el exterior que explicaría semejante precariedad. En el mercado de la automoción, uno de los que más se deja ver, la penetración de las empresas asiáticas o europeas es menos que mínima, los electrodomésticos visten antiguos o francamente desfasados, con marcas locales de dudosa renovación y una duración que se antoja en constante reparación o simplemente eterna; dependiendo de la zona de la ciudad donde uno haga la compra se encontrará con marcas distintas, la mayoría locales o de la propia comarca, a lo que añadir multitud de puestos callejeros y propietarios particulares con sus propias marcas, siendo así que si cambias el lugar habitual a la hora de llenar la despensa es más que probable que no encuentres la misma mantequilla que tanto te gusta.

Más que estar a favor o en contra de este tipo de actitud, mercado o timo de la globalización, cuestión que merecería un título aparte, llama la atención la propia situación interna estadounidense y lo que ello significa en cuanto a beneficios para la industria, el comercio y el trabajo local, después de lo cual uno se pone inevitablemente a pensar por qué aquí no sucede lo mismo, por qué por estos lares las marcas locales no pueden subsistir y mueren asfixiadas por los grandes monopolios internacionales, totalmente desprotegidas por las propias legislaciones nacionales o locales. ¿De nuevo tropezamos con la política? ¿Hay que volver a hablar, y no bien, de nuestros políticos?

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