Cosas raras

En las páginas de política nacional de El País, entre sobornos, corruptelas, auditorías para amiguetes, prevaricaciones y querellas varias, se insertaba el pasado 25 de enero un anuncio que más o menos venía a decir así:

Disfrutarás volando con estas OFERTAS

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Vuelos desde         turista       business

Delhi                        548 €          2088 €

Bangkok                  623 €          2363 €

Tokio                       628 €           2268 €

Maldivas                 832 €           2658 €

Bali                          763 €           2758 €

La primera pregunta que me hice cuando vi la publicidad no fue a causa de la diferencia de precios entre clases -creo que hay tipos que los consideran normales-, aunque, como son tan normales, cuando tenga un rato mire usted en su cartera y elija destino, en solitario o, si lo prefiere, en compañía de su marido o esposa -o amante-, o llévese a los niños, también ellos tienen derecho, seguramente dispondrá de un poco más de espacio que en las latas de Ryanair.

Tampoco vino la pregunta por la idoneidad de las páginas donde el anuncio aparecía situado, política nacional, ese lugar en el que es frecuente leer noticias acerca de señores que amillonan euros en Suiza sin preguntas, engordan cuentas bancarias sin saber cómo o por qué -ellos, tan elegantes, limpios y puros-, tipos habituados a congeniar con mafias varias, a las que favorecen económicamente sin darse importancia, amén de algunos ingresos de seis cifras y otras menudencias económicas, honrados señores que alquilan aeropuertos sin aviones a 3ooo euros -ignoro el tiempo- para carreras de coches etc. Que, bien visto, me parece un lugar más que apropiado para esa clase de ofertas.

Tampoco me pregunté por qué ese tipo de publicidad aparecía en un diario como El País -a fin de cuentas estamos en una sociedad de libre mercado-, antaño adalid y medio de expresión e información de la gente honrada, demócrata y progresista de este país en su enfrentamiento contra la caspa, las sobras y modos fascistas de los descendientes de la dictadura. Un periódico que en la actualidad desgraciadamente ha perdido la mayoría de su antiguo prestigio y se ha convertido en un anacronismo esquizoide del cual el mejor ejemplo es un dibujante que firma como El Roto, ese autor de dibujo feo, plano y sin imaginación que diariamente se dedica a cachondearse del personal menos pudiente con sus viñetas de ricos malvados de colmillo retorcido, recordándoles un día tras otro a los más golpeados por la crisis su inutilidad y la tremenda verdad de su único aprovechamiento social, convertirse en escoria trabajadora sin presente ni futuro; viñetas por las que cobrará sus buenos dineros, que probablemente le permitan volar a destinos como los más arriba indicados. Al dibujante, en su personal y pura moral del tipo que cada cual se apañe como pueda, no le interesa saber que el propietario de El País es un “fondo buitre” internacional inventado por la misma oligarquía financiera a la que tanto le gusta retratar en sus viñetas exprimiendo a los humillados por la crisis,  la misma gente que, para ahorrarse gastos, ha echado a la calle a la mayoría de los profesionales de más prestigio del diario, o formalizado un ERE salvaje para aclarar la redacción al son del famoso “hacer más con menos”, cuando todos sabemos que con menos se hace sencillamente menos; además de imponer una dirección que ha tirado a la basura en un tiempo record la fiabilidad y la reputación que aún le quedaban al diario, aunque todavía sigue engañando a bastantes incautos que lo compran confiados en las pocas plumas de prestigio que todavía resisten en sus páginas.

Pues no, ninguna de las anteriores fue la pregunta que primero me hice al ver el anuncio, la pregunta en cuestión fue, que si en un avión de espacio limitado donde la diferencia entre turista y business es más plástico, sushi congelado y sillones que no dejan de ser sillones, montones de diarios internacionales que dicen exactamente lo mismo, revistas del ombligo, más mantas que en una fábrica, televisión enana con mil canales e idéntica y detestable programación y demás lindezas para sibaritas de fitness y gintonic deconstruido sin alcohol exigiendo vociferantes medios y condiciones durante el vuelo para seguir buitreando como si estuvieran en sus oficinas -delicias todas ellas que, la verdad, no dejan de ser vulgares soluciones para salir del paso; porque, creo, no se trata de poner a disposición de cada cliente un avión para el solito-… decía que la pregunta fue ¿cuáles serán los auténticos placeres que marcan las diferencias en los precios?… ¿se los imaginan?

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