Parecidos

María Jessica -ignoro la correcta ortografía del nombre- tiraba al suelo sin misericordia una torre de peluches mientras su papá discutía con su mamá por la cantidad de helados que echaban en el carrito cuando, sin previo aviso, lloriqueó un iphone 5 y mamá interrumpió de inmediato la contienda para contestar a gritos a una amiga que le acababa de enviar una fotografía total de otra amiga común en Benidorm. A los que estábamos alrededor sólo nos faltaba el nombre de la amiga al teléfono, pero no hubo que aguardar mucho tiempo para saber que era “la Leti”, con lo cual ya todo encajaba. Viéndola gritar al ingenio celular embutida en aquel chándal de Dior abolillado, con las deportivas desabrochadas y los cordones arrastrando por el suelo “del Carrefour” cobraba sentido un mundo que algunos creen que sólo existe en las películas. El propietario del otro chándal, el marido, aprovechaba la coyuntura para doblar el número de helados que adjuntar a una gran cantidad de botecitos de Actimel, turrones de todos los sabores, polvorones, frutas glaseadas, galletas integrales, unos cincuenta botes de cerveza sin alcohol, doce botellas de cola, seis de zumo de naranja, un recipiente gigantesco de detergente líquido y un paquete de treinta y seis rollos de papel higiénico. Mi mala costumbre de fijarme en los carros de los demás y en función de la compra intentar adivinar el carácter y el tipo de vida del comprador no pudo evitar la sorpresa al ver junto al papel higiénico un volumen de las memorias del antiguo presidente del gobierno, señor Aznar. Sonreí incrédulo para preguntarme a continuación por qué, ¿qué tendrían en común los padres de María Jessica y el señor del libro? y por más que me esforcé no logré dar con la similitud, hasta que, casi vencido, me decanté por la estrecha simplicidad de ambas partes, la de la pareja con la del supuesto autor del libro, o, ahora que caigo, ¿por qué estaba al lado del papel higiénico? ¿era sólo una coincidencia?

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