Entre chinos

En esta ocasión voy a hacer de mero intermediario. De un lado un tal Fernando Zhou, que resulta ser el presidente de una Asociación de Empresarios Chinos en Valencia, se explayaba con perlas como las siguientes el pasado 7 de diciembre en las páginas de El País:

 “Los medios han hecho mucho daño al hablar de mafia china. Tras la detención de Gao Ping, la policía ha entrado en naves para llevarse ropa. Se trata de mercancías que no declaran y se reparten entre ellos. Se aprovechan. A veces también pasa con el dinero.

P. ¿Está a favor del despido gratuito?

R. Sí. Así el empleado trabajaría más.

P. ¿Con el despido gratuito los empleados trabajarían más?

R. Seguro. La mentalidad cambiaria en España. Los países con muchos gastos no son competitivos.

R. Los chinos apoyan al empresario. Si el negocio no va bien, se bajan el sueldo. Y los españoles quieren que se cumplan sus derechos. España va mal. Las huelgas no valen para nada. Hay que aprender de los chinos.

Y del otro lado un reportaje de Mar Abad en el nº 35, correspondiente al mes de Diciembre, de la nada revolucionaria ni sospechosa revista Yorokobu en el que la autora habla del fotógrafo Albert Bonsfills y sus conclusiones a partir de su estancia en China el pasado año:

(Beijing) “Estuve viviendo con algunos de estos trabajadores una semana. Viven en unas condiciones horribles. No tienen ni un día de vacaciones, sus contratos son mensuales y duermen en habitaciones con seis o siete personas más”.

(Henan) “Esas localidades rurales están siendo despobladas. Las personas en edad de trabajar se van a la ciudad. No hay jóvenes. Solo hay niños y abuelos. Los padres se van a la capital y vuelven una vez al año para ver a su familia. A veces tienen que esperar hasta una semana en la estación para asegurarse de que encontrarán sitio en el tren que los lleve a casa”.

“Están muy mal pagados y no tienen seguridad social ni pensiones. Las personas de mediana edad tienen que mantener a sus hijos y a sus padres”.

(Guangzhou) “Es una de las ciudades más industrializadas del mundo. Está llena de fábricas textiles ilegales en los subterráneos de la ciudad y entre los empleados hay niños. Hay muchos talleres sin luz, desordenados y en malas condiciones”.

“…la jornada laboral es de diez horas y descansan un día a la semana. Otros, como los trabajadores de la construcción en Beijing, no tienen descanso».

“En China hay muchas ciudades fantasmas. Construyen urbes fantasmas solo por dar trabajo. Hay 64 millones de pisos vacíos. Pasear por ahí es como estar en una película… En China se fabrican 10 ciudades nuevas al año… Si, se fabrican. Esa es la palabra… Son viviendas que se construyen entre dos semanas y un mes. Hay un rascacielos de 40 pisos que fue levantado en una noche por más de 500 trabajadores”.

Probablemente el maravilloso sueño del señor Zhou sea la reencarnación de este paisaje típicamente asiático en España. Y no hablo de salarios. Ni de que en China es imposible comprar lo que se vende aquí a precios de allí, sin embargo aquí sí se puede vender, con precios de aquí, lo que allí se hace, por supuesto con salarios de allí. En fin, juzguen ustedes mismos.

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