No recuerdo exactamente por qué me detuve en él -hace ya mucho de eso-, o tal vez sí, su interesante y en cierto modo tan ingenua como esperanzadora propuesta de un permanente y razonado intercambio argumentativo como medio y solución, casi única, o definitiva, a la cuestión de las relaciones humanas, sobre todo políticas; una incesante “acción comunicativa” a partir y por medio de la cual, sentados unos frente a otros, sentirnos capaces de organizarnos y organizar este mundo en el que vivimos. Esos acuerdos siempre posibles a los que suelo hacer referencia cuando de llegar a resultados se trata. Sentarse a la mesa, pero no como forma de medrar en beneficio propio, sino de aportar la propia opinión, argumentarla y de algún modo estar e influir a la hora de las decisiones finales.
A partir de mi lectura y estudio de sus predecesores en la Escuela de Frankfurt, en la que el fracaso colectivo de la sociedad occidental tras las Guerras Mundiales y en cierto modo el final del proyecto de la Ilustración pesaba como una losa casi definitiva, Habermas significaba, casi en solitario, una puerta a la esperanza; cómo, sin perder los referentes, aún era posible dar una nueva oportunidad a la convivencia y organización de un presente y futuro menos desesperanzadores. Desde entonces siempre estuvo ahí, publicando y sin rehuir el intercambio ni el compromiso, fuera cual fuese la actualidad política o social que requiriera su opinión, prácticamente toda. Porque no podemos obviar lo que tenemos delante y que de un modo u otro nos pasa al lado, o por encima, principalmente porque se trata de nuestro tiempo, también nosotros, del que no podemos evadirnos porque estamos aquí, vivos.
El desgraciadamente ya no, eran muchos años, ley de vida, dicen, pero viendo y sufriendo a tanto degenerado violento haciendo del mundo el felpudo de su guarida, sin mediar palabra ni razón, el duelo es aún mayor. Quedamos un poco más solos, aunque ya sabemos cómo vivir sin que nos tengan que llevar de la mano, siempre con la palabra como única herramienta.