Intereses

La vuelta del tema de la mano de un grupo ultracatólico que se interesa por la vida mientras deja que las guerras, el hambre y la pobreza eliminen a los, según ellos, elegidos por Dios para sacrificarse por el resto aceptando sin rechistar Su voluntad, no deja de ser otro intento de imposición de sus propios intereses, en su caso sinónimo de ideología, esa palabra de la que gustan echar pestes cuando se trata de quienes piensan diferente. Porque para esta gente nada hay más natural que sus propios intereses, su ideología, y juzgarlos o criticarlos sería como juzgar y criticar el “orden natural” de las cosas.

Vuelve el aborto a las primeras páginas sin que ninguno de estos bocazas machistas, religiosos o no, siga sin querer entender y aceptar que una mujer siempre es dueña de sí misma a la hora de tomar sus decisiones -una aclaración, una mujer también es una “persona humana”, como nos descubrió hace poco el espanto del señor Feijóo sin que él mismo supiera lo que decía, cuando solo tenía que acudir al diccionario de la RAE a la hora del significado de persona, dejando, en cambio, con ello al aire unas carencias que ni siquiera llegan a intelectuales, vamos a dejarlas en una normalidad bajo mínimos.

Parece ser que estos tipos saben tanto de lo que les sucede a las mujeres después de abortar que han inventado una enfermedad. En cambio, les importa un pimiento la difícil y traumática decisión de llegar a ese extremo -tal vez porque ellos se consideran mejores “personas humanas”-, y no hacen nada a la hora de disponer los medios y la asesoría médica y psicológica antes de tan desagradable paso, prefiriendo que se haga casi de forma clandestina en este país. Aunque puede que su conocimiento del tema tenga que ver con que en sus rijosos deslices conyugales o extraconyugales suelen acudir al aborto para evitar problemas de paternidad extramatrimonial, patrimonios o herencias, sus auténticos intereses -su ideología-, importándoles un pimiento lo que les suceda a las mujeres después, excepto en los casos en los que ellas decidan tocarles las narices. Pero tal vez la enfermedad la sufran ellos y se trate de su obtusa cerrazón a aceptar que la voluntad de una mujer, al igual que la suya, es lo único aceptable. Y si lo ven tan mal podían colaborar poniéndose en contacto con ella y, por ejemplo, ofrecerle cincuenta millones de euros limpios de polvo y paja, de su dinero, claro -es por Dios. Luego, una vez “salvado el neonato”, ella podría hacer lo que mejor considerara, tanto con el recién nacido como con su apreciado dinero, estuvieran ellos de acuerdo o no. Pero me temo que tampoco, para esa gente el dinero son sus intereses -su ideología-, y eso no se toca.

Como también es difícil de entender que los señores obispos sepan tanto de esa misteriosa enfermedad como consecuencia de abortar. Quizás es que, incapaces de sujetarse los bajos como Dios manda, han de obligar a sus subyugadas feligresas a abortar para guardar las formas y también proteger sus intereses -su ideología.

En fin, que los mismos hombrecetes de siempre tengan que volver a soltar la lengua para escupir ninguneando la voluntad de las mujeres, a las que nunca han aceptado ni aceptan como iguales, tiene bemoles. Y que sus reaccionarios y católicos intereses -ideología- sea lo que haya de prevalecer es excesivo. En lugar de fanfarronear y tratar de imponer harían mejor proporcionando medios, ayuda e información a cada mujer que se vea en semejante compromiso, amén de respetar su voluntad -único punto, ni cuestionable ni rebatible, del asunto.

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