A ver, en principio contamos con la creencia que cada individuo tiene de sí mismo, un trabajo ya hecho que nos facilita las cosas. La gente adolece de unos temores que la religión ha sabido canalizar de forma adecuada haciendo creer que cada uno es único a ojos de su dios, por lo tanto también son únicos en su existencia aquí en la tierra. Relevo recogido por la izquierda internacional para justificar cualquiera de sus paraísos en este mundo en los que cada hijo de vecino era alguien insustituible con derecho a ser feliz, y si finalmente no lo conseguía no debía deprimirse porque, en última instancia, la sociedad siempre era la culpable de impedírselo. Es por eso que cada paisano se cree especial y sus opiniones tan válidas como las de cualquiera, centro de atención respecto de todo lo que diga o piense -aunque se trate de un completo ignorante. Y en el mundo actual, donde la manipulación, tanto publicitaria como informativa o a través de las redes sociales está a la orden del día, no hay nada más fácil que confundir y hacer dudar a nuestro objetivo de todo lo que existe -cada vez hay menos certezas a las que agarrarse, y la gente lo cree así. La desconfianza es el plato del día y las sospechas tienen vida propia, de hecho todo y todos son sospechosos, lo que significa que cualquiera que tenga algo que decir o sobre lo que opinar, sin que importe su relevancia o una mínima razón, desea ser tomado por principio como uno más a la hora de hacer valer su punto de vista. Como si todo en esta vida se tratara de una cuestión de gustos.
Ya imaginarán que alguien que se siente y cree especial necesita una atención especial, personalizada y exclusiva, adaptada a sus únicas y particulares características. Por otro lado y volviendo a la manipulación, mejor, influenciabilidad, la publicidad del propio sistema ya se ha ocupado de transformar a cada individuo en cliente, hasta el punto de que ya nadie se extraña, se piensa y exige como tal. Además, y como es de esperar, la tecnología está de nuestra parte, pues contamos con una IA maravillosa -y eso que solo estamos al principio- mediante la cual el cliente siempre recibe la atención y trato únicos y exclusivos que se merece. Atención que unida a la insustituible creencia de su relevancia encumbran a un ciudadano/cliente como alguien que no necesita justificar ni argumentar palabras y actos propios ante los demás.
Entenderán entonces que los vástagos de cada uno de estos diosecillos también son únicos y exclusivos, unos auténticos reyes -tal y como afirmaba una conocida marca hace unos años. Porque además de insustituibles y maravillosos son sus hijos, pues todos creen que han traído a este mundo a un portento de espécimen humano, puro, libre, creativo e imaginativo -no solo carne de interminable e insufrible reportaje fotográfico; de nuevo qué trabajo tan bueno ha venido haciendo la publicidad, impagable-, y precisamente por ello estos pequeños tiranos merece crecer y expresarse sin trabas ni impedimentos. Como ustedes también sabrán ninguno de estos papás tiene ni puñetera idea de qué significa mostrarse o vivir sin impedimentos, trabas u oposiciones. No hay nada como el que no sabe que no sabe. Y, como para él mismo, quiere lo mejor para sus descendientes, y eso es lo que pretendemos darle.
Primero haciéndole ver que todo lo común y compartido es sospechoso, si no directamente peligroso, tanto por imprevisible como por las influencias nada recomendables que pueden surgir -tan difíciles de prever y controlar-, las malas prácticas o los programas educativos demasiado generalistas -incluso tendenciosamente concebidos. También por la obligada inclusión en su personal contexto de especímenes originarios de otros lugares intentando hacer valer sus costumbres y malos hábitos; esa desconocida y peligrosa gente deseosa de imponerse y humillar a sus semejantes. Luego una vez convencidos y puestos en alerta respecto de la educación en común, da igual si privada o pública -esta última lo peor de lo peor debido a su endémica falta de medios y sus nada prácticos niveles de enseñanza, además de la masificación provocada por el abusivo número de razas y diferencias sociales-, solo queda ofrecer a estos desamparados padres un método de estudio personalizado y exclusivo, adaptado ciento por ciento a las especiales cualidades, características y necesidades de sus retoños. Porque nosotros, previa, concienzuda y profesional observación del niño, sabremos de primera mano de los talentos y las potencialidades innatas de la criatura, y en función de ellas le ofreceremos un método específico que le facilite un crecimiento feliz, talentoso y útil.
La educación, pues, mejor en el propio hogar -el lugar más seguro del mundo-, en un ambiente confortable y protegido al margen de aleatorias, conflictivas e indeseadas relaciones externas, o callejeras. Y para ello nada como un profesor exclusivo para cada alumno, alguien que gracias a nuestros modernos métodos y experiencia sabrá en todo momento qué y cómo, de qué modo y siempre lo mejor a la hora de incentivar y motivar al alumno; una cara amiga, pero severa y comprensiva, que inspirará tanta confianza, o más, que sus propios padres, conocedor de sus gustos y potencialidades y que incidirá en lo más provechoso para su progreso al tiempo que desecha de un plumazo lo inconveniente y peligroso. Nuestra IA no tendrá ningún problema en confeccionar rápidamente un rostro amigo en el que poner su voluntad, a su disposición las veinticuatro horas del día, preocupándose por la constancia de su avance y adelantándose a sus posibles despistes, caídas o faltas de atención, rápidamente subsanadas con los medios más potentes y adecuados a los problemas específicos que solo a ellos pueden presentárseles. El método, como es debido, se regirá por las particulares características del alumno, siempre especiales, así como su ritmo de trabajo y sus capacidades intelectuales, permitiéndole también sus momentos de ocio y entretenimiento, siempre posibles y necesarios, con juegos y diversiones también adaptadas a sus excepcionales habilidades, tanto físicas como intelectuales.
De tal modo que, año a año y gracias a nuestra meticulosa dedicación, estos felices padres verán cómo sus hijos progresan y superan etapas con suma facilidad -vivo espejo de sus progenitores-; alumnos a los que sonreirá un futuro que ni el mejor centro educativo del mundo habría sido capaz de ofrecerle. El chaval, habituado a moverse en su personal burbuja y con una reticencia enfermiza al exterior y la consiguiente contaminación por otros elementos de dudosa procedencia, no se verá en la necesidad de compartir o comparar lo que él ya ha interiorizado como una educación especializada en él mismo, adecuada a sus increíbles capacidades y conveniente para ganarse la vida una vez se introduzca en el mundo adulto. Pero esa es otra cuestión que ahora no nos afecta.