Izquierda

Estas letras deberían empezar con una pregunta, por ejemplo, si aún existe o si todavía sabemos lo que es, pero no voy a hacerlo porque da la casualidad que muchos de los que hablan de izquierda -como imaginaran, políticamente- no saben dónde tienen la mano correspondiente a ese lado del cuerpo puesto que siguen pensando que las cosas siempre hay que hacerlas a derechas; toda una declaración de principios.

Por eso todavía quedan izquierdistas de toda la vida que no han avanzado siglo, siguen llegando tarde, a la victoria final de los trabajadores, a la revolución total y a la derrota del capitalismo contenida en su propia constitución. Ya no habrá triunfo definitivo con un único partido presidiendo una nueva era de la humanidad, tampoco interesan quién o quiénes serían los elegidos para estar en la cúspide dirigiendo esa sociedad ideal; este mundo capitalista, que de buen o mal grado aceptamos, parece no tener fin.

También dicen saber los que aseguran que hoy ya no existen ni derechas ni izquierdas, sino el sentido común y las cosas bien hechas, todo muy natural, muy como Dios manda; porque en la sociedad que tenemos los extremos y radicalismos sólo conducen a la pérdida de referencias válidas (?) y a la violencia. Se trata de gobernar en armonía, porque todos queremos más o menos lo mismo y no hay mejor consejera que la paciencia, y que cada cual colabore a la estabilidad general dentro de sus posibilidades; todos somos necesarios y a todos nos llegará nuestra correspondiente ración de felicidad -lo que no aclaran es en qué vida. Dejen que los que entienden se pongan manos a la obra, el día menos pensado usted también podrá viajar a París para saludar al pato Donald.

Muy necesarios en cuanto al fomento de esta ignorancia general son los radicales, como denuncia el conservadurismo más rancio y apostólico, todos esos hijos malcriados sin interés por algo constructivo y sin que les preocupe saber qué es lo que quieren o de qué lado están; se les llena la boca de libertad -esa blanca, infinita, cegadora y particular pradera en la que no existe cerca ni lejos, ni arriba ni abajo-, amantes del disfrute puro y duro, la acción directa y la destrucción como elemento disuasorio, una tribu acomodada a la negación subvencionada. Peleles de quita y pon bastante útiles a la hora de engordar esos cuentos de viejas que aún funcionan para atemorizar a la gente corriente, esa buena gente a la que tan poco le preocupa las diferencias entre derecha e izquierda, total, todos son iguales.

Y está el grueso de la población, que identifica a la izquierda con la mano en el bolsillo agarrada a un puñado de billetes, lo demás es historia y ganas de marear la perdiz.

Izquierda ya no puede ser un nombre para tan dilatada lista de fracasos y decepciones, para tantas siglas malgastadas, un pasado echado a perder y decenas de futuros a los que siempre llegaron tarde, más preocupados por registrar la pureza de su ombligo que de limpiarlo de errores de parvulario. Una izquierda definitivamente asesinada por una globalización que también les pilla por sorpresa y para la que nunca ha estado preparada. Se aceptan propuestas.

Esta entrada fue publicada en Sociedad. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario