Sucede a veces que sin saber por qué miras o piensas en esa persona que sueles tener al lado o convive contigo y dudas de que sea la misma persona que siempre has creído conocer, casi como la palma de tu mano, pero ¿y si no fuera así? ¿y si estuvieras equivocado? porque en ese momento no dispones de ninguna prueba fehaciente que te asegure que esa persona es como tú la ves y la piensas, sólo hábitos, rutinas y sobreentendidos ¿qué te oculta? porque evidentemente ella no eres tú y tal vez no siempre te diga lo que hace o piensa… de pronto llegas a alarmarte porque de un manotazo decides que tales disquisiciones son totalmente infundadas. Aunque no, no se trata de un asalto en toda regla contra tus convicciones y certezas más profundas, y así, más turbado que relajado, te atreves y comienzas a imaginar qué sucedería si descubrieras que te has equivocado, que la persona más próxima a ti, o que vive contigo o con la que has decidido empezar a convivir mañana mismo en realidad no es la que siempre has creído que era, ni siquiera es la que te habría gustado porque acabas de darte cuenta, detalle tras detalle, de que está muy alejada de ti, no un poco sino en todo regla, hasta en las cosas más pequeñas, y tienes la incómoda sensación de que planeáis montar o habéis construido en común una convivencia que si te la hubieran augurado antes de producirse habrías respondido sin dudar que era completamente imposible. Pero curiosamente ese inesperado imposible es tu presente a día de la fecha y si intentas ir más allá no encuentras ni tienes nada ni nadie que pueda decirte o afirmar lo contrario, es tu vida, la que tu entorno siempre aceptó a partir de tus propias decisiones de adulto consciente, ellos ahí no tenían nada que hacer ni decir, es más, lo que habéis levantado esa otra persona y tú ahora resulta que cuesta desmontar de la noche a la mañana, no es que vaya mal, incluso todo lo contrario, lo que ocurre es que ahora te gustaría intentar reconducirlo o al menos disponer de pruebas más sólidas que te confirmen que, a pesar o en contra de estas sorprendentes y recién descubiertas revelaciones, elegiste bien, aunque ahora mismo toda tu vida te parezca casi un disparate incomprensible. De pronto todo lo que hasta hoy había funcionado, incluso en contra de ti mismo, o de vosotros mismos, aparece como secundario, porque no era lo que al menos tú querías; esa otra persona no está ahí en ese momento y no puedes preguntarle, sería su palabra, no la tuya, y temes reconocer que tampoco es necesario porque su respuesta no es importante, el problema, si puede decirse tal, lo tienes tú, ella no ayudaría con su opinión. ¡Bah! ¡qué tontería! pero no, no te convence tu nuevamente repentina y airosa salida y caes en la cuenta que desde el principio sucedieron cosas y hubo detalles que sin estar planeados o ser deseados, al menos por ti, fueron cruciales para que vuestros caminos convergieran, primero casualmente y después de forma inconscientemente voluntaria. No, la situación no mejora, al contrario, se complica, por lo que desechas tanta elucubración y vuelves a buscar en el presente común puntos de apoyo -hasta los más pequeños- que te muestren una realidad consistente que se imponga a tanto desvarío; te quedas más tranquilo, ¿seguro? Claro que sí, porque no existe una vuelta atrás ni posibilidad de rectificación, pero sí de mejora, tú también has ido cambiando, de ahí tu extrañeza, luego las valoraciones a posteriori vienen a cuento, aunque cueste aceptarlas y encajarlas en el presente -¡ah! siempre es lo que uno CREE-, por eso has de entender y aceptar que desconoces quién es la persona que te acompaña, no la tienes delante pero estás seguro de que cuando la vuelvas a ver y le mires a los ojos desecharás toda convicción y sentirás que te asomas a un umbral desconocido amueblado con tus recuerdos y creencias personales, una entidad con rostro familiar que inconscientemente has ido creando día tras día a partir de tu propia y exclusiva concepción de la realidad, el mundo y tus deseos, nada nuevo.
Así que ya lo sabes, mañana te tocará levantarte y decidir si rompes con tu vida a partir de lo que has descubierto, porque no es lo que tu querías o en algún momento quisiste, o continuas con ella a sabiendas de que tampoco ahora sabrás cómo reconducirla con acierto, tal vez no merezca la pena, o sí, tanta revelación cansa y uno no cree estar para volver a empezar -pura pereza-; bueno, déjate un margen, a ver qué pasa mañana, sólo queda seguir viviendo. ¿Qué te creías que estabas haciendo?